Publicado el 11 de marzo de 2026.

Queridos troteanos:
Os convocamos a nuestra próxima visita guiada. Veremos un convento; en realidad, algo más, porque el recinto es la sede del Real Consejo de las Órdenes, organismo que, con Felipe VI como Gran Maestre, es el encargado del funcionamiento de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Montesa y Alcántara.
Ya hicimos una visita a este convento e iglesia en 2019, pero ahora, una vez terminada después de varios años la reforma integral del recinto, ha recuperado el esplendor que tuvo como “sitio reservado” para gran parte de la nobleza en el que desplegar el complejo ceremonial que implicaban actos como la toma de hábito por parte de los Caballeros.
La visita será el jueves 19 de marzo por la tarde, a las 16.15 horas. Tendrá una duración aproximada de hora y cuarto y está abierta a socios de Trotea y a familiares o conocidos que les acompañen. Los interesados debéis comunicar vuestra asistencia, no después del lunes 16 de marzo, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono 666 353 221; correo: jdl2008@hotmail.es).
Nos conducirá en la visita Ángela Reina, nuestra guía habitual. Los socios de Trotea pagaremos 15 euros y los no socios 18 euros, que haremos efectivos en el punto de encuentro.
Nos reuniremos, pues, el jueves 19 de marzo, a las 16.15 horas, en la plaza de las Comendadoras 10, que se encuentra junto a la calle de Amaniel. La estación de Metro más cercana, a unos 6 minutos andando, es la de Noviciado, en la línea 2.
Para información más detenida sobre la visita, podéis leer la ficha técnica que se incluye como archivo adjunto.
¡Buena visita!
José Luis Díaz de Liaño
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Marzo 2026 – Comendadoras de Santiago: Rito y ceremonial de las Órdenes Militares

Esta será la segunda visita que tenemos programada para 2026. La haremos el jueves, 19 de marzo, a las 16.15 horas, y tendrá como objeto las dependencias de las Comendadoras de Santiago. Ya hicimos una visita a este lugar en 2019, pero ahora, terminadas las prolijas obras de restauración realizadas en dos fases durante más de veinte años, tenemos ocasión de conocerlo en todo su esplendor, por su vinculación al mundo señorial y reservado de las Órdenes Militares.
La visita está abierta a socios de Trotea y a familiares o conocidos que les acompañen. Esnecesario que confirméis vuestra asistencia, no después del lunes 16 de marzo, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono 666 353 221; correo electrónico jdl2008@hotmail.es). El precio, incluida la entrada al recinto, es de 15 euros para los socios y 18 para los no socios, que abonaremos en efectivo, en ambos casos, en el momento de la visita.
Nos reuniremos frente al recinto, en la plaza de las Comendadoras 10, junto a la calle de Amaniel. La estación de metro más próxima es la de Noviciado, en la línea 2.
La visita será conducida por nuestra guía habitual, Ángela Reina, a quien ya conocéis.
Para conocer la significación de este recinto y de las Órdenes Militares en nuestra historia, podéis seguir leyendo.
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Buceo en la historia: las Órdenes Militares
A muchos madrileños les resulta familiar la iglesia de las Comendadoras de Santiago, en la recoleta plaza del mismo nombre. Menos conocida es la anexa Sacristía de los Caballeros, y todavía menos la capilla de los Hábitos, o la de las Niñas, en el mismo recinto. ¡Qué extraños nombres! ¿Qué relación hay entre una sacristía y unos “caballeros”? ¿Por qué se dedica una capilla a unas “niñas”? Esto es la que vamos a conocer en nuestra visita, aprovechando la finalización de unas obras de restauración que han devuelto su esplendor a un recinto religioso de los siglos XVII y XVIII que fue “sitio reservado” de un importante sector de la nobleza. Para ello, antes tenemos que echar un vistazo a lo que fueron en nuestro país las órdenes religioso-militares.
Las órdenes militares, instituciones de impronta religiosa surgidas en el marco la Reconquista a partir del siglo XII, desempeñaron un importante papel en la lucha contra el Islam y en la repoblación de los territorios situados al sur del Ebro y el Tajo. Vinculadas a las grandes familias nobiliarias, se convirtieron en una poderosa fuerza política y económica que fue origen, por eso mismo, de enfrentamientos constantes con los monarcas. Al frente de cada una de ellas había un Gran Maestre, cuya preeminencia quedó diluida en el siglo XV cuando el Papa, a petición de Fernando el Católico, aceptó la propuesta de vincular esa función a la persona del propio monarca y de sus herederos. Las órdenes pasaron así a la dependencia directa del llamado Consejo de Órdenes, que tenía a su cargo la administración y justicia en los territorios en que estaban implantadas y entendía de los juicios penales contra los caballeros que las integraban.
Su riqueza y su poder quedaron seriamente afectados en el siglo XIX con la legislación desamortizadora, hasta su supresión temporal en la segunda República. Con el franquismo, su función fue más bien testimonial, como lo es ahora. De hecho, subsisten las cuatro grandes órdenes históricamente relevantes (por orden de antigüedad, las de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa), de cuya administración se ocupa actualmente el Real Consejo de las Órdenes Militares, que tiene la sede en la institución que vamos a visitar y cuenta como Gran Maestre con el rey Felipe VI.
Un siglo para construir la iglesia
Históricamente, la implantación social de las Órdenes Militares entre las familias nobles fue muy significativa y se extendió incluso a través de algunas órdenes femeninas vinculadas. Entre estas se encuentra la de las Comendadoras de Santiago, cuyo origen se encuentra en el testamento otorgado en 1584 por el comendador mayor de la Orden de Santiago y presidente del Consejo de Órdenes, Iñigo de Zapata, junto con su mujer, Isabel de Avellaneda, disponiendo la fundación de un convento de monjas que debía regirse por las reglas de la Orden. Su objetivo era dotar a las muchachas pobres que quisieran profesar y que ingresaran en ese cenobio femenino.
En cumplimiento de esa disposición se adquirió un extenso terreno en el borde septentrional de la cerca construida por Felipe IV, frente a la actual plaza de las Comendadoras. La construcción, no obstante, se demoró, porque hasta 1650 no aceptó el rey la fundación y aun así, por falta de recursos, hasta 1667, ya bajo Carlos II, no se convocó el concurso para la edificación de la iglesia.
La adjudicación se hizo a favor del proyecto presentado por José del Olmo, maestro mayor de las obras reales, representante del “casticismo decorativo” de esta etapa final del siglo XVII, que intervendría después en la construcción de otro edificio emblemático, el Casón del Buen Retiro antes de su remodelación en el siglo XIX. Aquí, en las Comendadoras, firmó las trazas en colaboración con su hermano Manuel, también arquitecto insigne y autor del monasterio de las Góngoras y de su espectacular ornamentación en yeso blanco.

En esta iglesia de las Comendadoras son notables la fachada y la planta. La fachada, que sigue el modelo carmelitano de la Encarnación, con triple pórtico de acceso, presenta como elemento extraño las torrecillas laterales, típicas de la arquitectura civil, que dan al conjunto un aspecto macizo y un tanto adusto. La planta, por su parte, también se aleja del modelo general de cruz latina, ya que es de cruz griega, con cuatro brazos de idéntica longitud, en este caso muy cortos. Se obtiene así una espaciosa “planta central”, análoga a la de la iglesia coetánea de las Calatravas, como convenía a unas instituciones pertenecientes a órdenes militares, destinadas no tanto al culto público como a acoger vistosas ceremonias, como la toma de hábito de los caballeros, que reclamaban luminosidad y una buena visibilidad desde todos los puntos. A esta impresión de centralidad se agrega otro elemento novedoso: la decoración a base de motivos vegetales elegantemente diseñados, en yeso blanco, dispuestos en puntos a modo de ramilletes en puntos específicos del paramento, como los modillones, las pechinas y el anillo de la cúpula.

La espectacularidad del conjunto se acentúa por el majestuoso lienzo de Luca Giordano, Santiago a caballo en la batalla de Clavijo, del altar central. Poco nos importa que esa famosa batalla tuviera más “famosa” que de auténtica “batalla” (parece tratarse de un suceso legendario), porque lo interesante es la imagen pictórica, agitada e inquieta, que el lienzo nos transmite con los forzados escorzos de los protagonistas y los remolinos de nubes sobre sus cabezas. Y poco importa igualmente la poca verosimilitud de la postura del caballo, que ya fue criticada por los coetáneos, según nos informa un colaborador del propio Luca Giordano, el pintor y tratadista Antonio Palomino, en el tercer volumen (El Parnaso español) de su imponente estudio biográfico de la pintura del Barroco: “Bien semejante a lo que sucedió al pintor en la expresión del caballo que ejecutó en el cuadro de las señoras Comendadoras de Santiago en esta corte, que […] llegó a ser tanta la variedad de encontrados pareceres en la simetría y disposición del caballo, que, no hallando forma de ajustarlo al dictamen de tantos como se juzgaban prácticos en esta pericia, hubo que mandar el rey (por dictamen de sujeto de la profesión) que lo dejase como estaba, porque de otro modo nunca se acabaría.”
Un suntuoso recinto para un completo ceremonial
Con todo, el proyecto de los hermanos del Olmo quedó a “a medias” porque no incluía las estancias anexas a la iglesia, necesarias para atender las necesidades de la liturgia propia de la Orden de Santiago, incluidos los deambulatorios que exigía el ceremonial. Este, en efecto, era extraordinariamente complejo, hasta el extremo de que los caballeros estaban obligados, una vez tomado el hábito, a residir un cierto tiempo en un convento de la Orden para aprenderlo.
Requería además espacios adecuados, como podemos leer en unas Reglas para caballeros de las Órdenes militares editadas en 1893. Así, para la ceremonia de la toma de hábito de un nuevo caballero, “el Maestro de ceremonias o el que ejerza sus funciones formará el Capítulo de menor a mayor, en la sacristía o sala Capitular del Monasterio o Iglesia en que tuviese lugar la reunión, concluyendo por el Presidente, y a su izquierda el Sacerdote revestido con sobrepelliz, estola y capa de coro, y si fuere de la Orden, con su manto coral y estola, pues él ha de bendecir y dar el hábito. Formado el Capítulo , saldrá a la Iglesia en el orden siguiente: turiferarios, ceroferarios, clérigos de San Pedro que con sobrepelliz o roquete asistan a la función, colocados por el orden de dignidad eclesiástica de que estuviesen revestidos, advirtiendo que en este orden, de menor a mayor, preceden las Ordenes monásticas a los presbíteros, y estos a los canónigos; sigue el pendón o estandarte de la Orden (excepto en los días que no debe sacarse y que en su lugar se dirá), a este los Frailes de las Ordenes militares, después los Caballeros de las mismas colocados por su jerarquía dentro de cada una, de menor a mayor, concluyendo con el Preste y ministros revestidos, acompañados de su Maestro de Ceremonias.”

El problema de la disponibilidad de espacio quedó resuelto a partir de 1745, cuando el Consejo de Órdenes aprobó el proyecto presentado por Francisco de Moradillo para la construcción de la llamada Sacristía de los Caballeros y sus dependencias anexas y deambulatorios ceremoniales. Moradillo, formado con Pedro de Ribera pero sensible después a la influencia de los italianos (trabajó en la fase inicial de la construcción del Palacio Real), puso en juego todos sus recursos para diseñar un recinto de un “barroco clasicista” cuya función va más allá de la que corresponde a una sacristía stricto sensu. Años después daría una nueva prueba de su talento al hacerse cargo de la terminación de la iglesia de las Salesas Reales. Aquí, en las Comendadoras, el conjunto monumental se completó finalmente en 1777 con la construcción del convento, proyectado por Sabatini.

En nuestra visita contemplaremos:
- la Iglesia, ya comentada
- el Coro Bajo
- las dependencias anexas a la Sacristía de los Caballeros (capilla de la Fuente, del Tránsito, del Locutorio, de las Flores, de los Hábitos, de las Niñas, esta última así llamada porque era en ella donde las alumnas internas asistían a misa), a las que se ha devuelto su policromía original
- la Sacristía de los Caballeros, que no era propiamente una sacristía, sino el lugar donde los que iban a ser investidos caballeros velaban las armas, y en la que se han rescatado las pinturas decorativas
- la Sala Capitular, con hermosa decoración mural procedente de la fábrica de papel pintado que hubo en la vecina calle de Amaniel y enriquecida con sofás de época y objetos suntuarios





