Trotea publica los textos ganadores del cuarto certamen de microteatro


Publicado el 25 de enero de 2022.

La asociación cultural Trotea, entidad sin ánimo de lucro dedicada a la promoción de la actividad cultural desde 2003, ofrece los tres textos que han resultado ganadores de su cuarto Certamen de microteatro.

Los autores galardonados, cuyos premios se entregarán durante la Asamblea General de la asociación en el primer trimestre de 2022, son Rafael Ruiz Pleguezuelos, primer premio, por su obra La hora azul; Anabel Ares, segundo premio, por Eran azules, y José Jiménez Aguilar, tercer premio, por La espera.

A continuación ofrecemos los textos íntegros de las obras premiadas.


Primer premio: La hora azul

Autor: Rafael Ruiz Pleguezuelos

Nacido en Granada, Rafael Ruiz Pleguezuelos es licenciado en Filología Hispánica y Teoría de la Literatura, y doctor en Filología Inglesa. Columnista habitual de publicaciones como Jot Down, Anika, Entre Libros Qué Leer, Pleguezuelos ha publicado numerosas obras dramáticas, novelas y relatos, que han merecido galardones como el premio Francisco Nieva de textos teatrales breves, o el primer premio en el certamen de textos dramáticos Sanchis Sinisterra, entre otras distinciones, incluidas algunas en el apartado de guion cinematográfico.

La hora azul

Drama fronterizo

PERSONAJES:

Modou

La Luna

(Izquierda y derecha, las del espectador)

En nuestro tiempo, la misión de toda

la literatura debería ser eliminar las fronteras.

Henrik Ibsen

Un paisaje vacío, indefinido. Podría ser el desierto, pero no tenemos una indicación escenográfica clara que lo confirme, porque lo que se pretende es transmitir que ese lugar es un no-lugar, el espacio más vacío imaginable. Una iluminación de un azul cálido, que puede recordar el agua.

MODOU viste harapos de colores que alguna vez fueron vivos. Camina por el escenario con unos documentos en la mano. Se encuentra en un momento de indecisión, que le hace moverse por el escenario de manera dubitativa, desordenada.

MODOU: Si algún día volviese a ver a mi hijo, al que he dejado en casa siendo solamente un bebé, lo primero que le enseñaría es qué es la hora azul. Le hablaría de ese tiempo que comienza en la puesta de sol y acaba en la noche, esos escasos minutos en los que el cielo tiene un color único. Una transición breve en la que no es día, pero tampoco noche. Mi abuelo, que fue fotógrafo en Dakar y por eso sabía tanto de luz, me enseñó eso de la hora azul, anunciándome que es el momento en el que debemos tomar las decisiones importantes.

(LA LUNA entra en escena, representada por una mujer con ropa blanca, sencilla. Hablará siempre superponiendo sus palabras a las de MODOU, como una voz que corrige y contradice su discurso.)

LA LUNA: Su abuelo era fotógrafo. Pero también un borracho.

MODOU: Mi abuelo me advirtió, sin saber que algún día me haría tanta falta, que cuando mi cabeza tuviese que resolver un problema que se pueda llamar grande, esperara siempre a la hora azul porque es el único momento del día en el que la persona no puede equivocarse.

LA LUNA: Eso no es cierto. Las personas se equivocan, siempre.

MODOU: Y aquí estoy. Después de haber cruzado media África buscando el norte, el otro lado. Esperando mi turno para subir al barco. Esperando que el sol se ponga para vivir la hora azul en la que decido si destruyo estos papeles que dicen a la gente quién soy.

LA LUNA: En el mundo, los papeles dicen todo de las personas.

MODOU: (Breve pausa.)Alguna vez pregunté a mi abuelo por qué ese momento era tan mágico, si al fin y al cabo es algo que ocurre todos los días, y me dijo que la razón es sencilla: es el único período de la jornada que tiene principio y fin, apenas unos minutos, así que uno no tiene más remedio que decidir rápido. Mi abuelo, que se llamaba Modou como yo…

LA LUNA: Su abuelo era un borracho.

MODOU: …decía siempre que no puedes dejar que tu duda llegue a la noche. (Queda un momento pensativo, mirando sus documentos.)Por eso tengo que decidir si rompo estos documentos para siempre y quedo sin país, sin nombre.

LA LUNA: Si rompes tus papeles, no eres nadie. Si mantienes tus papeles, no eres nadie.

MODOU: Confieso que tengo miedo de que a mí esto de la hora azul no me funcione, porque yo no decía nada a mi abuelo, pero no me lo acababa de creer. Pensaba que cualquier hora es buena para acertar y para equivocarse. No esperé a la hora azul para marcharme de casa. Me fui sin más, dejando a mi mujer y mi hijo. No esperé a la hora azul para recorrer tanta tierra.

LA LUNA: Si rompes tus papeles, no eres nadie. Si mantienes tus papeles, no eres nadie.

MODOU: Alguien que ha entrado y salido alguna vez del norte me cuenta que en el otro lado piensan que no hemos hecho nada antes de cruzar el mar. Creen que no ha habido nada antes, ni una familia, nada. Para ellos somos el vacío absoluto, que además suele pintarse de negro. Dicen que para ellos… es como si hubiéramos nacido solamente para cruzar un mar.

LA LUNA: Morirás en el estrecho.

MODOU: Me dicen que cuando les hablas de tu mujer, o de tu hijo, la mayoría no dice nada. Otros sonríen pero no piensan en nada. Les hablas de tus hijos en Senegal y es como si les hablaras de una estrella. Algo lejano y sin forma, una luz en alguna parte. (Queda un momento en silencio, pensativo.) La razón de quemar tus papeles es que no pueden devolverte a tu país, porque nadie sabe de dónde eres.

LA LUNA: Si rompes tus papeles, no eres nadie. Si mantienes tus papeles, no eres nadie.

MODOU: No sé si quiero hacerlo. No sé si quiero montarme a ese barco sin ser Modou, sin ser yo.

LA LUNA: Morirás en el estrecho.

MODOU: Si estuviera aquí mi abuelo, diría que tú eres tú, no lo que diga un papel que eres. Pero él era fotógrafo. Retrataba a gente, precisamente para que se hicieran estos papeles, así que qué podía saber de estas cosas.

LA LUNA: Tu abuelo era un borracho.

MODOU: Él sí me daba buenos consejos. Y un hombre valiente. Habría sabido qué hacer sin esperar a la hora azul.

(MODOU mira al cielo, comprobando en qué momento del día está.)

MODOU: Parece raro que sea verdad eso de que todo es más fácil en el norte si no eres nadie. Eso de llegar como un vacío, sin que se sepa dónde devolverte. Si me decido y rompo estos documentos, mañana estoy embarcado.

LA LUNA: Morirás en el estrecho.

MODOU: Podré dejar de pensar en mi suerte y ver definitivamente si la tengo o no. He pensado muchas tonterías, entre tanto. Ideas que te asaltan en la noche, como gatos que juegan con tu pensamiento. He tenido la idea absurda de meter mis documentos en una botella y, una vez en la patera, lanzarlos al mar. Sería un mensaje de quién soy. Una historia de niños contada al revés. Un cuento extraño, el de unos documentos que navegan en una botella. Alguien podría saber quién soy un buen día, en la orilla. Yo viajaría por una parte y quién soy yo en otra. Mi cuerpo tendría un destino y mi documentación otro. Y solamente el futuro decidirá quién de los dos llega sano y salvo a la orilla.

LA LUNA: Morirás en el estrecho.

MODOU: Todos estos pensamientos estúpidos son los que te trae el miedo. La valentía es la que te lleva a acertar, pero yo no creo tenerla. Si tienes miedo, al final decides mal. (Breve pausa, en la que reflexiona.) Tenía dos buenos amigos en Dakar, que se quedaron. Los dos me dieron un regalo antes de marcharme.

LA LUNA: Tenías buenos amigos. ¿Por qué te fuiste?

MODOU: Uno me regaló un cerebro de buitre. Son regalos que mucha gente no entiende, que hacen incluso que las personas se rían. Regalos de ignorancia, se podría decir. Pero la razón de que haya que andar con un cerebro de buitre es que dicen que si uno lo quema ve el futuro más claro, porque el buitre lo ve todo desde muy lejos, desde muy alto. Mi otro amigo me dio un regalo bien distinto; me regaló un móvil. En mi bolsillo viajan las dos Áfricas, la antigua y la moderna. Una tumba de siglos en la diferencia entre los regalos de mis amigos.

(LA LUNA se dirige por primera vez a MODOU directamente.)

LA LUNA: Voy a aparecer pronto. Tienes que decidirte.

(MODOU escucha ypiensa.)

MODOU: Cruzaré solamente como quien soy. Con los regalos de mis amigos. El despojo del buitre y el móvil. El antes y el después de mi historia. Mi cuerpo como todo lo que soy.

(MODOU se decide finalmente y rompe sus documentos de una forma ceremoniosa. Esparce los trozos, pero después duda cuando los ve desparramados por el suelo y se entretiene en enterrar cada trozo como si hubiese un rito en ello.)

MODOU: Hecho. Cruzaré mañana. No seré Modou, no seré nadie. Seré otro cuerpo sobre una barca. Unos ojos en el mar, una piel en la playa. Cruzaré mañana. Sin papeles.

(MODOU mira al horizonte. La oscuridad se apodera de él. LA LUNA se asoma al proscenio.)

LA LUNA: Los despojos del buitre le dieron el futuro correcto, pero él no supo leerlo. Ya nadie sabe leer la naturaleza, y por eso nos equivocamos siempre. Modou correrá su suerte. Morirá en el estrecho. Y yo, cada noche, después de la hora azul, lloraré su muerte.

(TELÓN)


Segundo premio: Eran azules

Nacida en Buenos Aires (Argentina), Anabel Ares es autora, actriz y directora teatral, y profesora de Filosofía. Ha recibido diversas menciones en Argentina y España, entre ellas el premio de microficción para radio de la Sociedad General de Autores de la Argentina (Argentores); fue finalista en el concurso internacional Cabezas Parlantes de Barcelona y ha obtenido un accésit en el certamen internacional de teatro mínimo Animat.Sur de Madrid.

Autora: Anabel Ares

Eran azules

PERSONAJES:

Estela

Alfonso

Patio interior de la casa de Estela y Alfonso por la tarde. Hay una mesa pequeña de jardín con dos sillas y algunas plantas que Estela va regando mientras tararea distraídamente una canción. Ingresa Alfonso y le cubre los ojos.

ALFONSO: ¿Quién soy?

ESTELA (tras la sorpresa, apoyando sus manos sobre las de Alfonso): No sé quién más podría ser a esta altura…

ALFONSO: ¿Entonces?

ESTELA: Vos.

ALFONSO: ¿Quién es vos?

ESTELA (apartando las manos): Dale, ya estamos grandes para esto. Viniste más temprano hoy…

ALFONSO: ¿Por qué?

ESTELA: No sé, ¿cómo voy a saberlo?

ALFONSO: Hoy estás con pocas pulgas parece…

ESTELA: No, pero me asustaste y ahora te hacés el misterioso…

ALFONSO: ¡Bien, lo que quería, generé misterio!

(Silencio.)

ESTELA: ¿Te pasa algo?

ALFONSO (la toma de la mano y la lleva hacia los sillones, le hace el gesto de que tome asiento):¿Qué día es hoy?

ESTELA: ¿Jueves? … No, viernes.

ALFONSO: ¿Pero qué fecha?

ESTELA: No sé, ¿cuatro?

ALFONSO: Sí, pero cuatro de qué…

ESTELA: De octubre, ¡tan perdida no estoy!

ALFONSO (del bolsillo de su saco extrae un sobre pequeño con un moño y se lo extiende):¡Feliz aniversario!

ESTELA (sin tomar el sobre): No es hoy.

ALFONSO (aún con el brazo extendido): ¿Cómo que no?

ESTELA: Ya pasó, fue el cuatro de septiembre.

ALFONSO: No puede ser…

ESTELA: ¿Querés que saque la escalera y me suba al ropero del cuarto de Felipe para buscar nuestro álbum de bodas?

ALFONSO: ¿Por qué está en el cuarto de Felipe?

ESTELA: Porque ahora es el depósito de lo que no usamos…

ALFONSO (baja el brazo con el sobre): Nuestro álbum de bodas abandonado con la bicicleta fija que ya debe estar oxidada, los libros empolvados, junto a todo lo olvidable…

ESTELA: No todo está olvidado.

(Silencio tenso.)

ALFONSO: Perdón.

ESTELA: Al menos yo me acuerdo todavía de nuestro aniversario.

ALFONSO: Sí, pero no me saludaste…

ESTELA: Hace años que no lo hacemos… Por mí está bien, no gastamos en cosas innecesarias que a esta altura ya ni necesitamos… (Mira el sobre que quedó sobre la mesa.) Perdón.

ALFONSO: Está bien, el tonto soy yo, por querer hacer algo distinto…

ESTELA (toma el sobre y lo va abriendo): No digas eso, ya te tomaste el trabajo, gracias… Yo no te compré nada para hoy…

ALFONSO: Ni hace un mes…

ESTELA (antes de sacar el obsequio, buscando confirmación en sus ojos): ¿Puedo?

ALFONSO: Claro, los elegí especialmente, ya te vas a dar cuenta por qué…

ESTELA (volcando unos pendientes azules en la palma de su mano): ¡Ah!

ALFONSO: No te gustaron…

ESTELA: No, son muy lindos, lo que pasa es que hace años que no uso… Creo que ni voy a poder ponérmelos… Igual me gustan, a lo mejor los pueda llevar a la joyería y que me los conviertan en unos anillos, o usar las piedras para una pulsera…

ALFONSO: Puede ser…

ESTELA (lo toma de la mano): Me gustan mucho, gracias.

ALFONSO: Los elegí por el color de tus ojos…

ESTELA: Mis ojos no son azules.

ALFONSO (se acerca, la inspecciona, un poco como viéndola por primera vez): Es cierto, no me había dado cuenta, entonces por qué…. ¿De qué color son?

ESTELA: No sé, un poco grises, depende el día…

ALFONSO: Lodo.

ESTELA: ¿Cómo?

ALFONSO: Tienen el color del lodo…

ESTELA (guardando los pendientes en el sobre): Gracias.

ALFONSO: No es algo malo… ¿Pero por qué me acordaba que tu color favorito era el azul?

ESTELA (se levanta y continúa regando las plantas): No es mi color favorito.

ALFONSO: Como tus ojos…

ESTELA: Mis ojos son lodo, los tuyos son azules.

ALFONSO: Ah, es verdad, tu color favorito es como mis ojos…

ESTELA: Solo que no es mi color favorito.

ALFONSO: ¿Estás segura?

ESTELA: Bastante, me gusta el rojo. El azul solo me hace recordar cosas tristes… El uniforme que usaba en primaria, las baldosas que miraba fijo esperando que pasen las horas en la casa de la abuela, la profundidad del mar de noche en el que casi me ahogo de chica…

ALFONSO: Mis ojos…

ESTELA: Tus ojos.

(Silencio.)

ALFONSO: ¿Estás bien?

ESTELA: ¿Por qué?

ALFONSO (acercándose): Estás llorando…

ESTELA: No me había dado cuenta.

ALFONSO: ¿Son lágrimas de felicidad?

ESTELA: ¿Por qué?

ALFONSO: Podrían serlo…

ESTELA: Sí.

ALFONSO: ¿Es felicidad entonces?

ESTELA: No.

ALFONSO: ¿Por qué estás triste?

ESTELA: No sé si estoy triste, estoy tan como siempre que ya no me pregunto si esto es estar bien o mal.

ALFONSO: Hoy cerré más temprano el local por nuestro aniversario…

ESTELA: No es nuestro aniversario.

ALFONSO (como si no la escuchara): Me dije que a veces uno tiene que salirse del carril, dar giros imprevistos, no estar siempre pendiente de si gana unos pesos más o unos pesos menos. Justo estaba poniendo el cartelito en la puerta para avisar que hoy cerraba más temprano por nuestro aniversario…

ESTELA: No es nuestro aniversario.

ALFONSO: … Cuando pasó Carlos, me costó reconocerlo, no sabés lo deteriorado que estaba, tenía los ojos de perro cansado, me hizo acordar a los de Samuel en sus últimos días… Me dijo que hay que celebrar las cosas en su momento, no esperar a que vengan tragedias para valorar la vida, y tiene razón ¿sabés? Te mandó saludos…

ESTELA: No sé quién es…

ALFONSO: ¿Cómo que no sabés?

ESTELA: Nunca lo mencionaste.

ALFONSO: ¡Carlitos! ¿Cómo qué no? Con él voy a jugar a la plaza al ajedrez todos los domingos…

ESTELA: No sabía que jugabas. Yo aprendí de chica, ya ni me acuerdo cómo era, siempre me pareció difícil, solo me gustaba mover los caballos…

ALFONSO: ¿Vos no escuchás cuando te digo que me voy con Carlitos a jugar al ajedrez?

ESTELA: No me habrás dicho, o qué sé yo, no me acuerdo…

ALFONSO: ¿Cómo que no, y a dónde te pensás que me voy los domingos por la tarde?

ESTELA: Nunca me lo pregunté…

ALFONSO: ¿Me estás cargando?

ESTELA: Siempre que te vas sé que vas a volver, ¿importa algo más?

ALFONSO: Un día tendrías que venirte, así lo fijás…

ESTELA: ¿A dónde?

ALFONSO: A la plaza, van las mujeres de alguno de los muchachos, se hacen tribunas…

¡Se arman unas a veces! El otro día el Negro apostó un asado para todo el barrio de tan seguro que estaba con su movida…

ESTELA: ¿Ganó?

ALFONSO (jugando con la rama de un rosal): No se sabe todavía, tuvieron que cortarla porque se hizo eterna y se largó la lluvia, pero no sabés cómo estaban todos, este domingo se define… ¿Por qué nunca viniste?

ESTELA: No sé, no me habrás invitado…

ALFONSO (se cubre el dedo): ¡Ay, cómo pincha esto la puta madre!

ESTELA: Dejáme ver…

ALFONSO (le extiende la mano): ¡Mirá cómo se me fue a clavar!

ESTELA (se la toma y la examina): Sí, te sale sangre. Entremos, que te pongo un poco de alcohol…

ALFONSO: ¡No me vayas a poner alcohol que es peor, me va a arder más!

ESTELA: Pero solo es un segundo, para que no se te infecte…

ALFONSO: ¿Cómo era eso de la sangre azul que le contabas a Felipe?

ESTELA: No sé…

ALFONSO: Sí, eso que le decías antes de ir a dormir… Un día se había cortado con un papel y se asustó mucho porque le salía sangre, ahí le inventaste un cuento que después tuviste que repetir todas las noches… ¿Cómo era?

ESTELA: No me acuerdo.

ALFONSO: Sí, algo así como que si se cortaba un poquito no pasaba nada, que solo la sangre azul era mala, porque era de los que no tenían corazón…

ESTELA: Los tristes de corazón…

ALFONSO: Pero que él tenía sangre roja, como todo lo que estaba vivo, ¿no?

ESTELA (le suelta la mano):No me acuerdo…

ALFONSO: Pero si recién…

ESTELA: No sé, me pareció que eso pegaba…

ALFONSO (recordando):“Hay que tener el corazón bien grande y rojo y los ojos azules abiertos”, eso le decías…

ESTELA: ¿Eran azules sus ojos?

ALFONSO: Sí, iguales a los tuyos.

(SE MIRAN Y SE ABRAZAN. APAGÓN FINAL.)


Tercer premio: La espera

Autor: José Jiménez Aguilar

Nacido en Córdoba, José Jiménez Aguilar es formador y monitor de teatro terapéutico. Compagina la labor de conferenciante y la de escritor, faceta esta última que le ha proporcionado diversos premios y que le ha llevado a publicar obras como La amante de NerudaCómo vender más y mejorTerapias de la movida y, más recientemente, En la penumbra del silencio.

La espera

PERSONAJES:

Mujer

Hombre

Descripción: Mujer. De unos 28 años. Atractiva. Vestimenta deportiva. Hombre. De unos 40 años, atractivo y con buen porte. Vestimenta: deportiva formal con un sombrero tipo fedora blanco.

[Escenario: Un banco vacío en la sala de espera de una estación de tren.]

(Aparece el Hombre con una bolsa de viaje en la mano y se sienta en un extremo del banco -derecha del espectador-. Deja la bolsa en el banco, junto a su lado derecho. Saca una Tablet y empieza a utilizarla. Pasados unos minutos aparece la Mujer por la izquierda, suelta su mochila junto a la bolsa del Hombre, dejando un espacio entre ambas. Se sienta en el otro extremo-izquierda del espectador-. Abre la bolsa y saca un libro. Comienza a leer. El Hombre la mira de reojo.)

PAUSA

(Suena un tono de móvil (nostalgia) Los dos miran su móvil, lo coge el Hombre.)

HOMBRE: Bien. Esperando, aún queda una hora. Sí, llegaré sobre las ocho. Perfecto. Me encanta ese restaurante. ¿Llamaste a Clara para cambiar la cita? Bien. Entonces las tres el mismo día. Perfecto. Te voy a tener que subir el sueldo. OK. Cuenta con ello. Nos vemos dentro de un rato. Gracias.

PAUSA

(Suena un tono de móvil (nostalgia)Los dos miran su móvil, lo coge la Mujer.)

MUJER: Hola. Sí, aquí esperando. Sí, me he venido directamente desde el Hospital. No. No merecía la pena ir a casa. Tranquila, que no me aburro. Sí, me he traído un libro. Me recoge Luis, perfecto. ¿Con la niña? Vale. Tengo unas ganas de verla. Venga, un beso.

(Cuelga. En ese momento se cruzan las miradas.)

HOMBRE: EL mismo tono.

MUJER: Vaya. Qué casualidad.

HOMBRE: Nostalgia.

MUJER: ¿Cómo?

HOMBRE: El tono. Se llama nostalgia.

MUJER: Sí. Me recuerda al primer teléfono que tuvimos en casa.

HOMBRE: Y también compartimos gustos literarios. (Le señala el libro.)

MUJER: ¿Los templarios?

HOMBRE: Me apasionan. Ese lo leí hace tiempo, está muy bien. No te destripo el final. Ahora estoy leyendo en la Tablet el de Julia Navarro. La hermandad de la sábana santa.

MUJER: Sí, me han dicho que está muy bien.

HOMBRE: Bueno el tuyo también, te indica rutas de templarios por España.

MUJER: Sí. Algunas ya las hice el verano pasado. Nos quedamos en Santa María de Eunate, Usero y Ponferrada. Me encantó. Tienen algo especial.

HOMBRE: Sí, es cierto. Santa María de Eunate tiene algo especial. Igual que Usero, es un pueblo mágico, diría yo. Me atrapó hace tiempo.

MUJER: Sí, muy bonito.

HOMBRE: Bueno, qué casualidad. Misma melodía, mismos gustos literarios…El destino ha querido que nos juntemos.

MUJER: Destino, casualidad, cualquiera sabe. ¿No?

HOMBRE: Sí. ¿Dónde vas?

MUJER: A Sevilla ¿y usted?

HOMBRE: Mujer, no me llames de usted que me entra la depre. No soy tan mayor. Tengo alguna que otra canilla. Pero no estoy tan mal.

MUJER: Perdona, no he querido molestarte. Es costumbre. Trabajo en un hospital y a todo el mundo le llamo de usted. Pero salta a la vista lo joven que eres. Lo siento.

HOMBRE: Mejor así. Pues yo voy a Málaga. Bueno, a Marbella.

MUJER: Como se suele decir, ¿trabajo o placer?

HOMBRE: Pues sobre todo placer. Todos los uno de julio cojo el tren a Málaga, es una costumbre. Necesito diez días para mí. Desconectar y no pensar en nada. Aunque siempre hay trabajo. No se puede dejar. En principio tenía tres clientes en diferentes días, pero tengo una secretaria maravillosa que me los ha juntado todos en el mismo día. Con lo cual un día de trabajo y nueve de placer. Cuando me pongo este sombrero (se coge el sombrero), me cambia el chip. ¿Y tú? ¿Trabajo o placer?

MUJER: Bueno, placer. Tengo quince días de vacaciones. Primero voy a Sevilla a ver a mi hermana y mi sobrina. Tiene dos añitos. Es la única sobrina que tengo y hace tiempo que no la veo. Tengo muchas ganas de abrazarla. Y luego, qué casualidad, voy a Málaga capital con una compañera de universidad. Vive sola, aunque la veré poco porque trabaja. Mientras tanto pasearé por la playa, me tumbaré, tomaré el sol y leeré.

HOMBRE: ¿Te gusta la playa?

MUJER: Me encanta. (Saca un paquete de patatas.)¿Te apetecen unas patatas?

HOMBRE: No debería. Tengo la tensión alta. Pero eres la diosa de la tentación. Precisamente, esas de estilo casero son las que más me gustan.

MUJER: Yo no quiero un problema de salud.

HOMBRE: No, tranquila. Estoy medicado. Por un par de ellas no pasa nada.

(Ella le da el paquete de patatas para que lo abra.)

MUJER: Toma ábrelo, yo soy una patosa.

HOMBRE: ¿Quieres que vaya a por bebidas?

MUJER: Yo tengo agua, si te vale. (Saca dos botellas, le ofrece una.)

HOMBRE: Perfecto. Pues te debo una cena.

MUJER: Bueno, vas muy rápido. Empecemos por un almuerzo.

HOMBRE: No hay problema. Te debo un almuerzo. ¿Ves lo fácil que es convencerme?

MUJER: (Ella sonríe) Sí, es fácil.

(Los dos comienzan a comer patatas y beber agua mientras hablan.)

MUJER: ¿A qué te dedicas?

HOMBRE: Pues yo tengo una empresa con sede aquí en Madrid pero con delegaciones por toda España. Una de ellas está en Marbella. Y nos dedicamos a muchas cosas; desde venta de aceite de oliva gourmet y vino tinto gran reserva que exportamos a un tipo de cliente muy especial. Y por otro lado, asesoramiento, construcción y un poquillo de todo. Estamos creciendo bastante.

MUJER: Por lo que cuentas, un trabajo entretenido.

HOMBRE: Sí. Mucho trabajo, pero no me puedo quejar. ¿Y tú?

MUJER: Mi vida no es tan interesante como la tuya. Yo trabajo de enfermera en la Paz. En cuidados intensivos. Mucha responsabilidad.

HOMBRE: El paciente te da poca conversación. ¿No?

(Ella sonríe.)

MUJER: No mucha. Suelen estar muy calladitos. Hablando en serio, es una satisfacción para todos los del servicio cuando el paciente sale de la UCI y pasa a planta. Pienso que hemos contribuido a que esa persona siga viviendo. Es lo más importante. Vivir. Aunque, por otro lado, es mi trabajo. Me pagan por hacerlo.

HOMBRE: Bueno, salvar la vida a alguien es muy importante. Aunque te paguen por ello.

MUJER: Sí.

HOMBRE: ¿Tienes pareja?

MUJER: No. (Silencio.) No he tenido mucha suerte con los hombres. ¿Y tú?

HOMBRE: Pues yo tampoco he tenido mucha suerte con los hombres. (Ella sonríe.)

HOMBRE: No, en serio. Yo estoy medio divorciado.

MUJER: Medio divorciado. ¿Eso qué significa?

HOMBRE: Pues que tenemos vidas independientes. Hace unos años nos íbamos a divorciar, pero llegó Marta. Y… (Se entristece.) Hay que dejarlo todo muy claro antes de romper una familia. Es un rollo. Compartimos casa y una niña. Un hijo lo cambia todo. El año que viene seguramente…Pero está Marta. (Calla, baja la cabeza.)

MUJER: Lo entiendo. ¿Qué edad tiene Marta?

HOMBRE: Dieciocho meses.

MUJER: ¿Te gustan los niños?

HOMBRE: Pues si te soy sincero, no. Me parecían un coñazo. Hasta que llegó Marta. Uno tiene otra visión de la vida al ver ese trocito de carne que te sonríe y va creciendo. Ver esa evolución, cómo van descubriendo todo a su alrededor, es algo difícil de explicar. Una experiencia maravillosa… ¿Me gustan los niños? La mía te aseguro que sí.

MUJER: A mí me pasa igual con mi sobrina. Es una pequeña esponjita que lo capta todo a la primera. Es un juego de descubrimientos. Es muy difícil no querer a un niño. Es pura inocencia.

PAUSA

HOMBRE: Sí. Bueno, hablando del almuerzo que tenemos pendiente.

MUJER: Eres insistente.

HOMBRE: Soy un hombre de empresa. Aunque en este caso no es por negocios, sino por placer.

MUJER: ¿Placer? Qué mal suena.

HOMBRE: En el buen sentido, mujer. El comer es un placer.

MUJER: No te lo he dicho. Pero bonito sombrero.

HOMBRE: Es ponérmelo y pensar en el barco, soltar las velas y que la brisa marina te lleve donde quiera. Olvidarte del tiempo. Pescar, beber, leer…. Un placer al alcance de muy pocos.

MUJER: Suena bien.

HOMBRE: ¿Te apetece?

MUJER: ¿El qué?

HOMBRE: Pues pasar unos días en el barco.

MUJER: Bueno, vas muy rápido. Hemos pasado de almuerzo al barco.

HOMBRE: Un almuerzo en el barco. Anclado, te lo prometo.

MUJER: No sé. No me veo.

(El Hombre se quita el sombrero y se lo pone a la Mujer.)

HOMBRE: ¿Y ahora?

MUJER: Bueno la cosa cambia, con este sombrero y con lo que acabas de contar (se coloca bien el sombrero). ¿Tengo pinta de capitán?

HOMBRE: Una capitana guapísima. Y el grumete ¿qué te parece? (señalándose él)

MUJER: El grumete bien, con más experiencia que el capitán, ¿supongo? Pero bien.

HOMBRE: ¿Te apetece pasar unos días por el Mediterráneo?

MUJER: Supongo que sí. A cualquier mujer que se lo ofrecieras te diría que sí. Aunque nunca me he montado en un barco. Bueno, miento. El viaje de fin de curso fue un crucero por el Mediterráneo. Conocimos muchas ciudades. La verdad es que me lo pasé muy bien.

HOMBRE: Lo podemos hacer perfectamente. El barco va donde tú quieras. Podemos atracar en muchos puertos a lo largo de toda la costa mediterránea. Conocer la ciudad, visitar buenos restaurantes. Bucear. Pescar. Es como un crucero, pero más íntimo. Sin horarios. Depende de ti. ¿Qué te gustaría hacer?

MUJER: ¿Qué me gustaría hacer?

PAUSA

MUJER: Vivir.

HOMBRE: ¿Vivir? Mejor sensación que la brisa acariciando tu cara. Bucear entre peces y corales. Es una sensación única. Realmente te das cuenta de que estás vivo.

(El hombre comienza a tocarse las piernas haciendo pequeños gestos de dolor.)

HOMBRE: Bueno ¿qué me dices? Puedo ir a Málaga a recogerte.

MUJER: ¿Harías eso por mí?

HOMBRE: Por supuesto. Y lo que quieras. Tienes algo especial.

MUJER: ¿Algo especial?

HOMBRE: Sí. Tienes algo especial. ¿Nunca te lo han dicho?

MUJER: Pero si me acabas de conocer.

HOMBRE: Tengo ojo para las personas. Tienes una cara bonita y angelical. No tienes pinta de ser una psicópata. Veo Mentes criminales y el CSI. Y me encanta la novela negra.

MUJER: Yo también. Me encanta la serie. ¡Cuántas coincidencias! Demasiado bonito para ser real. Parece un sueño.

HOMBRE: Pues sueña. ¿Qué te impide soñar? Nos pasamos todo el día soñando. La felicidad está en estos pequeños momentos que nos ofrece la vida, y no hay que dejarlos escapar. ¿Casualidad? No lo sé. Posiblemente tan solo se presenten una vez en la vida y hay que aprovecharlos. De pequeño siempre soñé con tener un barco y navegar. Y mi sueño se hizo realidad. Tengo un barco y disfruto de mi sueño. ¿Cuál es tu sueño?

MUJER: ¿Mi sueño?

PAUSA

MUJER: Siempre soñé con ir a Usero. A un hotel llamado “El Puente del Río”

(Al Hombre le cambia la cara y se pone más serio)

HOMBRE: ¿El Puente del Río?

MUJER: Sí.

HOMBRE: ¿Lo conoces?

MUJER: Yo no. Pero Carolina sí.

HOMBRE: ¿Carolina?

MUJER: ¿No te suena ninguna Carolina? En el hotel “El Puente del Río” de Usero.

PAUSA

HOMBRE: ¿Carolina Hernández?

MUJER: Sí.

(El Hombre intenta levantarse, no puede. Comienza a respirar con dificultad.)

MUJER: ¿Te encuentras mal?

HOMBRE: Sí. Tengo calor.

MUJER: Habrán sido las patatas. Te estará subiendo la tensión. Si respiras con tranquilidad se te pasará enseguida. Ya verás. Bebe agua.

(El Hombre se lleva con dificultad la botella a la boca y bebe el poco de agua que le queda, vuelve a bajar la botella, la mantiene cogida con su mano.)

HOMBRE: ¿Qué me pasa?

MUJER: Tranquilo, relájate.

HOMBRE: ¿Quién eres tú?

MUJER: La hermana de Carolina.

HOMBRE: ¿La hermana de Carolina? ¿Y qué quieres?

MUJER: Nada. Estaba deseando conocerte. Es el tercer uno de julio que vengo a la estación y por fin hoy se han dado todas las casualidades. Mi sueño se hizo realidad. He pensado tanto en este momento que había preparado un montón de discursos, pero lo único que me sale es… ¡Eres un hijo de puta y un mal nacido!..¡Y espero que te pudras en el infierno!

PAUSA

HOMBRE: Tu hermana estuvo tres años de prácticas y ya está, se le acabó el contrato. Es el mercado laboral, yo no tengo la culpa. Así es la vida. Tenía una excelente formación, no tenía ningún problema a la hora de encontrar un nuevo trabajo. Le dimos una buena indemnización, que no le correspondía. Tendría que estar agradecida.

MUJER: ¿Agradecida? ¿Una buena indemnización? A pagar un aborto le llamas una buena indemnización. ¡Cabrón de mierda!

(El Hombre intenta levantarse, solo mueve la cabeza.)

HOMBRE: Mira, yo no sé si era mío. Usamos protección. Es posible que sí, no lo sé. Ella sabía dónde se metía. Nunca le prometí nada. Estoy casado.

MUJER: ¿Casado o medio divorciado? ¿En qué quedamos? Y sí le prometiste muchas cosas. Lo recogía todo en un diario. Ella te quería. Para ti, sin embargo, solo fue un juguete. Como otras muchas que pasaron por tu empresa.

PAUSA

HOMBRE: ¿Cómo está tu hermana?

MUJER: Murió. (Silencio.) Se suicidó. No pudo superar aquel aborto. Ni que le tuvieran que extirpar los ovarios y no pudiera tener hijos. Tener hijos (Silencio.) ¿Lo sabías? Ese era su sueño. Su gran sueño era tener un hijo.

HOMBRE: Lo siento, te juro que lo siento. ¿Qué coño me está pasando? No puedo mover el cuerpo. No puedo respirar.

(A partir de este momento el Hombre permanecerá rígido hasta el final.)

MUJER: Tranquilo, respira lentamente… Así. Bien.

HOMBRE: ¿Qué me has dado?

MUJER: Tranquilo, no he sido tan mala. Te he metido en la bebida un pequeño cóctel. En primer lugar notarás un endurecimiento de todos tus músculos, que por lo que veo ya ha ocurrido. Puedes ver, oír y hablar. (Se mira el reloj.) Y aproximadamente dentro de unos veinte minutos perderás la visión a consecuencia de un pequeño derrame cerebral. A continuación tu corazón dejará de latir poco a poco hasta morir. Será un suave y apacible sueño. (Silencio.) ¿Cuál será tu último sueño? (Silencio.) ¿El barco y la brisa marina, acariciando tu rostro? (Silencio.) ¿Tu pequeña Marta pintando un dibujo? (Silencio.)¿O la cara de mi hermana? Cuando le decías “Tienes algo especial”.

HOMBRE: Te pillarán, hay cámaras por todos lados.

MUJER: Ya lo he mirado y tenemos una cámara a la espalda, he tenido suerte. Lo único que verán en las grabaciones es cómo se sienta un hombre, a continuación una mujer; cómo el hombre le pone el sombrero a la mujer y nada más. (Con un pañuelo, cambia las botellas de agua.) Por otro lado encontrarán un paquete de patatas saladas y con tu historial médico el forense lo tendrá muy claro. Un fallo en el corazón. Aquí te dejo. La gente se sentará y pasará a tu lado. Nadie se dará cuenta de que estás muerto. Tan solo verán un señor durmiendo en una sala de espera. Algo muy normal en una estación de tren. Y para terminar, las cámaras también grabarán cómo la chica le devuelve el sombrero al cuarentón y se despide educadamente con la mano al aire.

(La mujer se levanta, le coloca el sombrero tapándole la cara y saluda con la mano al aire.)

MUJER: ¡Buen viaje! (La mujer coge el bolso y desaparece de escena.)

(FUNDIDO GRADUAL Y TONO DE MÓVIL)



 

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