Juan Díaz Turleque, en el corazón


Publicado el de mayo de 2022.

Refería Pablo Neruda aludiendo a un amor-pasión por una mujer que le había dejado honda huella durante años, que ese sentimiento se prolongó durante muchos años hasta que “el tiempo, que todo lo borra, me la quitó del pensamiento”.

Pues bien: precisamente para salir al paso de las demoledoras consecuencias que puede provocar el paso del tiempo hasta el punto de hacer desvanecer los más intensos recuerdos- sean éstos, o no, placenteros- que puedan albergarse en nuestras mentes y no habiendo tenido ocasión, hasta ahora, y por mi parte, de expresar públicamente unas reflexiones en torno al fallecimiento de Juan Díaz Turleque ( en adelante, Juan), me tomo la licencia, aquí y ahora, de expresar unas consideraciones a modo de evocación de su figura. Y, de esta forma, procedo a cumplir con algo que me resultaba moralmente obligado, convencido de que estas palabras, u otras similares, van a ser compartidas por otras gentes que hayan conocido y tratado a Juan.

Previamente he de manifestar que para mí la persona de Juan- que se nos ha ido tan de repente dejándonos literalmente sin aliento- está fundamentalmente vinculada a TROTEA, esa Asociación Cultural que echó a andar por las calendas de 2003 siendo Juan uno de sus socios fundadores al igual que el que esto suscribe. Y es que, aunque nos habíamos tratado con bastante anterioridad a esa fecha, fue la convivencia, fruto de la coincidencia en no pocas de las múltiples y variadas actividades desplegadas en TROTEA y materializadas en hechos culturales, la que, decisivamente, consolidó la amistad entre nosotros. Y la cosa tiene su importancia, no siendo de ninguna manera baladí, pues ya nadie menos que Aristóteles consideró que “la amistad es lo más importante para la vida”.

En ese contexto asociativo- y costaba ello lo suyo por la modestia del personaje y por lo pudoroso que se mostraba acerca de la demostración de sus quehaceres y habilidades- numerosas conversaciones me permitieron ir descubriendo que nada de lo sustancial a lo humano era ajeno a su curiosidad de tal manera que, de haber vivido en el Medievo, se habría movido con soltura en el “Trivium” y en el “Quadrivium”, que constituían los pilares del conocimiento, conformando el conjunto de saberes de esa época.

En ese sentido procedamos a aludir a las múltiples actividades e inquietudes que jalonan la vida de Juan. Así Juan fue Arquitecto de profesión, destacando como acreditado y respetuoso rehabilitador de edificios antiguos; extraordinario dibujante; lector especialmente interesado en la Antigüedad clásica y no solo de su historia sino también de su infrahistoria, en suma de la vida cotidiana en esos tiempos; entendido en la Historia del Arte; apasionado por el Teatro, admirador, por citar a algunos de ellos, de dramaturgos clásicos helenos (Grecia, recordemos, alumbró el hecho teatral), de los autores del Teatro Clásico Español, de Shakespeare, de Chejov, de Molière, de Valle Inclán…; director escénico de obras de microteatro, exhibiendo su conocimiento de la “carpintería teatral”; magnífico, seguro actor, dominador de la escena, y ahí están sus roles, entre muchos otros, en “Cyrano de Bergerac”, en “Aceituneros” y el desgarrador “Andaluces de Jaén”, en “Edipo Rey”, en el espectáculo de TROTEA “A, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, so, sobre, tras España”.

Por otra parte, Juan permaneció atento al Séptimo Arte, siguiendo, especialmente, a Directores cinematográficos tales como A. Hitchcock, B. Fosse, B. Wilder, L.G. Berlanga, J. Ford, G. Stevens, E. Lubitsh…y degustando películas como “Cabaret”, “Plácido”, “Raíces Profundas”, “Con faldas y a lo loco”, “Vertigo”, “To be or not to be”…; fue sobrado intérprete, además, en no pocos de los cortos cinematográficos surgidos en torno al calor de TROTEA y prestó específica atención al Cine Teatro, género que aspira a cohonestar, a sintetizar, mejor dicho, dos lenguajes expresivos ciertamente diferenciados como son los del Cine y los del Teatro. Pero ahí no queda la cosa, ya que, exhibiendo maneras de gran artista, fabricó construcciones en miniatura que venían a rememorar, con toda suerte de detalles, por ejemplo, la Guerra de Troya, detectándose en ese cometido su paciente, meticulosa y concienzuda manera de trabajar que garantizaba, en todo caso, la obra bien hecha, operando a contra corriente de los tiempos actuales, que son los de las prisas por las prisas; fue fan, por otra parte, del mundo de los juguetes- acérrimo conservacionista de los mismos- y asiduo visitador de Museos del Juguete, así como coleccionista de cómics y estuvo dotado, como escritor, de pluma fácil, como tuvo ocasión de demostrar en sus colaboraciones con TROTEA…

Son así tantas, y tan excelentes, las actividades desarrolladas por Juan que deviene harto difícil realizar distingos entre ellas inclinándose por alguna de las mismas. Pero, puesto a la tarea de mostrar una predilección, me voy a referir a algo que se sigue escuchando en mis oídos: se trata de su inconfundible voz sonando en el proscenio, que era honda, colmada de matices, con potentes subidas de tono y súbitos descensos hasta arribar al susurro, manejando perfectamente los silencios y con espléndida vocalización… ¡Qué gran actor ha perdido nuestra escena y, a cambio de ello, de qué gran actor hemos podido disfrutar, privilegiadamente, las gentes de TROTEA!.

Mas todo lo expuesto quedaría incompleto si no se hiciese una referencia a lo que constituía la personalidad de Juan, personalidad ciertamente acabada. Se advertía en él un comportamiento radicalmente ético, una cabal coherencia entre su modo de pensar y de actuar con un rechazo tajante al consumismo por el consumismo, tan deificado en nuestros tiempos, acompañado todo ello de un fino sentido del humor y, de alguna manera, de una vital actitud irónica- con todo lo que ello conlleva de aceptación de los propios límites de uno- que operaba, sin duda, cual antivirus a cualquier conato de soberbia.

Encontraba uno, en fin, una persona un Juan sin dobleces, una bonhomía machadiana, un gran conversador y un solidario ser sinceramente preocupado por la suerte de sus semejantes que acudía discretamente en ayuda de aquellos siempre que era requerido para ello y cuando así lo estimaba oportuno y necesario.

Juan: has hecho mutis por el foro y nos has dejado más huérfanos no pudiendo seguir gozando de tu magisterio, pero nos has regalado con tu amistad y eso, créeme, no tiene precio, compañero.

Blanca, el que aquí suscribe y muchos más te llevaremos siempre en el corazón.

Fernando Díaz de Liaño y Argüelles.



 

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