Visita guiada al Museo Banksy


Actualizado el 18 de mayo de 2026.

Martes 26 mayo: Visita al Museo Banksy – De las “pintadas” vandálicas al “arte urbano”

Queridos troteanos:

Os convocamos nuevamente a una visita guiada que tuvimos que suspender hace unas semanas por razones de salud de nuestra guía, Ángela Reina. Estará dedicada al Museo Banksy y encierra en realidad dos paradojas. La primera: ¿cómo existe un museo dedicado a un artista a quien, si se le sorprendiera en acción, habría que imponerle una multa por estar prohibida “la realización de grafitis o pintadas en la vía pública (…), así como en las fachadas de los edificios y construcciones”? La segunda: ¿qué es lo que hace sus obras distintas de tantas otras “pintadas” callejeras?

Para responder a estas cuestiones hay que partir primero del concepto amplio de “arte público”, de antiguo origen, y que aclarar después las diferencias existentes entre manifestaciones de ese arte como el grafiti, el posgrafiti y el arte urbano (y los equivalentes de este último: street art y “arte callejero”). Un aparente galimatías cuya solución encontraréis en la ficha técnica que se adjunta como archivo separado.

La visita será, pues, el martes 26 de mayo por la tarde, a las 17.15 horas. Tendrá una duración aproximada de hora y cuarto y está abierta a socios de Trotea y a familiares o conocidos que les acompañen. Los interesados debéis comunicar vuestra asistencia, no después del viernes 22 de mayo, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono 666 353 221; correo jdl2008@hotmail.es).

Nos conducirá en la visita Ángela Reina, nuestra guía habitual. Dado que la entrada al museo, sin la intervención de la guía, cuesta ya 12 euros, los socios de Trotea pagaremos en total 15 euros y los no socios 18 euros, que haremos efectivos en el punto de encuentro.

Nos reuniremos, pues, el martes 26 de mayo, a las 17.15 horas, en la puerta del Museo, paseo de la Esperanza 1, que estájunto a la boca de metro de Acacias (línea 5).

Para información más detenida sobre la visita, podéis leer la ficha técnica ya mencionada, que acompaña a este correo como archivo adjunto.

¡Buena visita!

José Luis Díaz de Liaño

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Para aclarar las cuestiones de fondo planteadas al comienzo, partamos de un concepto general: el de arte público, el que se manifiesta en obras creadas específicamente para espacios abiertos y accesibles al público. Su historia se remonta a la aparición de la ciudad como superación de lo rural. Desde la antigüedad se han erigido en las ciudades obras de este tipo, sobre todo escultóricas (una fuente, una estatua, etc.), dedicadas a personajes notorios o eminentes: una figura mitológica, un monarca, un militar victorioso. Desde finales del siglo XIX, sin embargo, el objeto de estas manifestaciones artísticas ya no es primordialmente rendir homenaje a alguien, sino favorecer la regeneración urbana y fomentar la identidad social (en otros términos, “hacer ciudad”). Se ha ampliado además el número de técnicas utilizadas, ya que a la escultura se han añadido el mural, la intervención efímera, etc.

Arte público” para la regeneración urbana

La historia del arte público tiene hitos relevantes, de los que, a los efectos que ahora nos interesan, cabe destacar al menos tres. El primero fue el muralismo de principios del siglo XX, nacido en la órbita de la revolución mexicana y que favoreció la pintura monumental de tema nacionalista y social (con obras sobre todo de los “tres grandes”: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros). El segundo, el espíritu de renovación urbana que impregnó todo ese siglo y que, sirviéndose de la planificación para adaptar las áreas urbanas a las nuevas exigencias de vivienda y trabajo, puso fin a muchas de las restricciones existentes, creó los “ensanches” de las grandes ciudades y dignificó el patrimonio artístico y los espacios públicos. El tercero, el desarrollo desde finales de ese siglo del activismo urbano, entendido como una forma de participación ciudadana que busca mejorar la calidad de vida en áreas metropolitanas a través de la organización comunitaria, el uso del espacio público y la incidencia en políticas urbanas.

Fragmento del mural “Economía del trueque en el México prehispánico”, de Pedro de Rivera, Palacio Nacional de Ciudad de México

Nace el moderno “grafiti”

Sobre el telón de fondo de esos procesos, en la convulsa década de 1960, marcada en los Estados Unidos por la lucha por los derechos civiles, la contracultura hippie y la guerra de Vietnam, resurgió una variante del activismo que, por lo demás, contaba con una larga historia. Nos referimos al grafiti (del italiano graffiti), una modalidad de pintura ilegal realizada en espacios urbanos con una larga historia. Su origen se remonta a las inscripciones murales de la antigua Roma, de las que se han conservado muchas muestras, por ejemplo, en las antiguas ciudades de Pompeya y Herculano. Se distinguen en ellas dos grandes tipos: las pintadas, realizadas con pinceles y pintura y asociadas a fines publicitarios (anuncios de juegos de gladiadores, ofertas de alquiler) o incluso temas amorosos, y los grafitos propiamente dichos, realizados con un punzón sobre la pared, menos formalistas y de amplísima temática, destinados en ocasiones simplemente a dejar constancia de la presencia de alguien en un lugar.

Una de las “pintadas” de Pompeya

Repitiendo esta temática, en la década de 1960 se desarrolló en Estados Unidos un llamativo movimiento. Parece ser que un joven de Filadelfia, Darryl McCray, comenzó a dejar pintadas en lugares públicos con el nombre ficticio Cornbread, a modo de firma (tag), para llamar la atención de una chica que le gustaba. La reiteración de estas pintadas mereció la atención de parte de la prensa y significó el origen del grafiti moderno. En otros grafiteros, la firma se fue complicando con la adición de palabras adicionales, de varios colores e incluso de trazos característicos.

El grafiti se consolidó en Nueva York en la década de 1970. Practicado, individualmente o en grupo, en lugares cada vez más visibles y atrevidos, como los vagones del metro, quedó configurado como un movimiento cerrado y codificado, no dirigido al viandante, sino a los demás grafiteros, ya que cada autor repetía una misma obra (a menudo, solo su firma) para ser identificado fácilmente y conseguir el respeto de aquellos, medido por el número de veces que aparecía esa firmay por lo arriesgado del lugar.

Grafiti en un vagón del metro neoyorquino

Del posgrafiti al “arte urbano”

A principios de la década de 1980 el grafiti experimentó una evolución profunda, al entrar en contacto con otras formas de cultura popular. Sus manifestaciones empezaron a catalogarse bajo el epígrafe de posgrafiti, concepto que ya no abarcaba solamente obras consistentes en repeticiones de un motivo gráfico idéntico o con leves variaciones, sino también obras con contenidos variados, con finalidad social o estética. Autores como el francés Blek le Rat (de nombre real, Xavier Prou) comenzaron a utilizar no ya el habitual aerosol, sino plantillas preparadas en el domicilio y que permitían acelerar el tiempo de exposición a la vigilancia de las autoridades, con lo que aumentó indirectamente su repercusión mediática. Siguieron la misma senda los estadounidenses Jean-Michel Basquiat, Keith Haring y Frank Shepard Fairey, entre otros muchos.

Es difícil concretar cualesquiera rasgos, si es que los hay, que identifiquen a este grupo de personas, pero sí cabe citar algunos aspectos: formación en diseño gráfico, en ilustración o en bellas artes, edad entre 20 y 40 años, cierto afán de protagonismo, marcado compromiso social o estético, asunción de riesgos, inclinación hacia lo prohibido, etc.

Fue en el año 2000, sin embargo, cuando apreció con fuerza la obra del británico Banksy, con quien se consumó la superación del grafiti y la aparición de un nuevo movimiento: el arte urbano, también conocido como street art o arte callejero. Este nuevo concepto abarca aquellas manifestaciones artísticas realizadas de forma independiente en espacios urbanos que, siendo de naturaleza sorpresiva, resultan inteligibles para un público generalista y tienen un objetivo concienciador o estético: no tratan ya de dejar simplemente constancia de la presencia del grafitero, sino que pretenden abiertamente “gustar” o, con más frecuencia, remover conciencias y expresar denuncia social y ciudadana, con lo cual combinan las características de un movimiento artístico con las de un movimiento social.

Muestra de “arte urbano” en el barrio Little Italy, de Nueva York

Las viejas pintadas vandálicas se convierten en manifestaciones artísticas

Es posible que esta connotación haya contribuido a algo muy relevante desde otro punto de vista. El grafiti ha supuesto desde un principio un problema para las administraciones públicas, debido a la “vandalización” de los espacios de la ciudad. En Madrid, por ejemplo, existe en la Policía Municipal desde 2024 una Sección de Protección del Patrimonio Urbano (SEPROPUR), cuyos miembros hacen turnos de mañana, tarde y noche en colaboración con las patrullas “antigrafitis” ya existentes para detectar pintadas incívicas, identificar a los autores y poner los hechos en conocimiento de los servicios de limpieza. En un año, en concreto, ha tramitado cerca de 300 expedientes y ha remitido más de 100 atestados a los juzgados por daños a edificios protegidos o de interés cultural.

En este contexto, las muestras de arte urbano ya comentadas exigen, sin embargo, una actitud nueva, más sensible a lo que tienen de movimiento social y a la necesidad de arbitrar espacios para que puedan manifestarse. De hecho, aunque en la mayoría de los casos se realicen sin permiso alguno y expongan a los autores a ser sancionados con multas, en ocasiones se practican con la conformidad de las autoridades o de los propietarios de los espacios correspondientes. Con ello desaparece la sensación de actos de vandalismo y se propicia su consideración como expresiones artísticas. Quizá sea esto lo más destacable: lo que antes se tachaba siempre como “contaminación visual”, por romper con el orden y estética de la ciudad, empieza a apreciarse como expresión de una “subcultura” y, más abiertamente, como “arte”, con la consiguiente apertura a estas obras por parte de museos y galerías antes reservados al arte oficial.

El primer paso lo dio el propio Banksy cuando consiguió introducirse en museos como el MOMA de Nueva York o la Tate Gallery de Londres para colgar clandestinamente obras suyas, pero con posterioridad se ha ido extendiendo el interés de las propias exposiciones y museos por presentar sus trabajos.

Tarjeta navideña, creada por Banksy en 2005

Ya en 2018 se celebró en Madrid la primera exposición española (“no autorizada”) de su obra y desde entonces se han multiplicado las iniciativas: hay Museos Banksy con reproducciones de sus trabajos en varias ciudades (Nueva York, París, Bruselas, Madrid, Barcelona, etc,), la Fundación María Cristina Masaveu ha creado un ”Espacio Street Art” en el que se presenta una obra del artista, etc.

Con el arte urbano se ha ampliado, por otra parte, la gama de técnicas utilizadas por los practicantes. Mientras que en el grafiti se empleaba casi exclusivamente el aerosol (spray), en uno o más colores, en el arte urbano se ha generalizado el estarcido (stencil), consistente en la aplicación de pintura mediante spray o una brocha especial a través de una plantilla recortada (habitualmente de cartón o acetato). Otra técnica es la del papel empastado (paste up), la misma que se usa para la fijación de carteles publicitarios y que consiste en el encolado de un poster mediante un engrudo. Cabe mencionar en tercer lugar la pegatina (sticker), en la que se utiliza un papel que lleva el diseño por un lado y es adhesivo por el otro.

Escenografía madrileña

Aunque ni el grafiti ni el arte urbano han tenido su origen en España, sus ecos han llegado y siguen llegando a nosotros, como puede apreciar quien eche un vistazo a numerosos rincones de nuestras ciudades. Para ceñirnos a Madrid, cabe mencionar como el primero de los grafiteros a Muelle (de nombre, Juan Carlos Argüello), que en los años de la “movida madrileña” inundó la ciudad de su firma, compuesta por la palabra Muelle, el dibujo de un muelle acabado en una flecha y una letra R enmarcada en un círculo. Una plaza en el barrio de Campamento está dedicada a su recuerdo.

Más visibles en la capital son las muestras actuales de arte urbano, centradas en temas como el medio ambiente, la migración, la violencia de género o la multiculturalidad. Muchas de ellas han estado amparadas por festivales, iniciativas o acuerdos de carácter público o privado, como “Cool Tour Spain” (especializada en rutas y talleres de arte urbano), el festival de arte urbano “CALLE Lavapiés”, el proyecto “Paisaje Tetuán”, el programa “Compartiendo muros”, el proyecto “Marconi”, etc.

Son muchos los ejemplos notables, algunos ya antiguos, como los dos de la plaza de Puerta Cerrada, realizados en 1963 por el diseñador y pintor Alberto Corazón por iniciativa del alcalde Tierno Galván. Se reparten por toda la ciudad, con una mayor concentración en loa distritos Centro (sobre todo en el barrio de Embajadores, barriada de Lavapiés), Tetuán, Carabanchel, etc. Sigue una breve lista de algunas muestras recientes, aunque el carácter alegal o ilegal de su realización, en algunos casos, puede determinar su fugacidad en el tiempo.

Del artista plástico, ilustrador y muralista Murfin, nacido en Linares en 1993 y ganador reciente del premio al Mejor Mural del Mundo (Street Art Cities, octubre de 2025), es “Niños perdidos I”, en la calle Tesillo 1, en Fuenlabrada.

Niños perdidos I”, de Murfin, en Fuenlabrada

En Lavapiés hay muestras de arte urbano en la calle Argumosa 28 (“Travesías”), en la plaza de Xosé Tarrío, en la calle Esgrima esq. con Jesús y María, en calle Embajadores esq. con Travesía de los Cabestreros, etc. En Embajadores 53 está el edificio de la antigua Fábrica de Tabacos, propiedad del Ministerio de Cultura, que durante años acogió el Centro Social Autogestionada La Tabacalera, auténtico centro de grafitis y arte urbano, actualmente cerrado por obras de rehabilitación integral.

En el distrito de Centro cabe señalar las obras de la calle Sombrerete 16 (”Reloj de sol”), de Augusto Figueroa 16 (“Offset”), del Pasaje de la Caja de Ahorros o de la plaza de Santo Domingo (“Salvador Dalí”).

Son numerosas las muestras en el distrito de Tetuán, entre ellas las situadas en la calle Marqués de Viana 52, en la calle Almortas (en el barrio de Valdeacederas), en la plaza del Poeta Leopoldo de Luis (“Presencias”), etc.

En Carabanchel merecen mencionarse las obras tituladas “13, rue del Percebe”, en la calle General Ricardos 46, o “La musa de Vistalegre”, en el Palacio de Vistalegre.

Son varios los mercados municipales que se han beneficiado de una iniciativa pública en favor de estas manifestaciones artísticas, como el de Moratalaz o el de Villaverde Alto, y no faltan ejemplos en estaciones de metro, como de Paco de Lucía (en el distrito de Fuencarral-El Pardo) o la de Santo Domingo (en el distrito Centro, en esta ocasión con iconografía vinculada a la Republica Dominicana).

Podemos poner remate a esta lista con una mención del Museo La Neomudéjar, Centro de Artes de Vanguardia, en la calle Antonio Nebrija s/n, cuya modesta entrada casi oculta el acceso a un espacio industrial que ocupa antiguas dependencias de la estación de tren de Atocha y acoge muestras de disciplinas como el arte urbano, el videoarte, la performance o el arte sonoro.

El Museo Banksy

En este rico contexto hemos de considerar nuestra visita al Museo Banksy. Dos consideraciones previas para situarla en la perspectiva adecuada.

Por una parte, no es un museo “autorizado” por el autor, ya que las obras que en él se exponen no son originales, dada la imposibilidad de trasladar físicamente los muros o espacios en que se realizaron, sino reproducciones de las mismas, practicadas, eso sí, con fidelidad en lo que concierne a las dimensiones, las técnicas utilizadas, etc.

Niña con globo”, de Banksy, mural realizado en 2002 en un barrio de Londres

Por otra parte, Banksy ha actuado siempre desde el anonimato más absoluto, sobre la base de que la revelación de su identidad seria contradictoria con su proyecto artístico (de denuncia y provocación) y lesiva para su seguridad personal, ya que sufriría su libertad de creación y se vería expuesto a persecuciones administrativas, penales e incluso físicas. Este anonimato, sin embargo, ha quedado roto recientemente. Ya en 2008 el periódico británico The Mail On Sunday apuntaba en un artículo que podría tratarse de Robin Gunningham, nacido en 1973 cerca de Bristol, y en 2026 un reciente informe de la agencia Reuters, publicado después de una compleja investigación, así lo ratifica. El entorno del autor ni confirma ni desmiente tal información, lo que apunta a la veracidad de la noticia, ya que en ocasiones anteriores había sido rechazada. Queda por saber hasta qué punto afectará todo ello a la valoración de su obra.

Banksy es el mejor y más mediático exponente actual del arte urbano y el artista anónimo más famoso del mundo. En 2010 fue incluido por la revista TIME entre las cien personas más influyentes del mundo. Sus obras están repartidas por numerosos países y constituyen una severa crítica de la sociedad actual en los ámbitos de la política, la moral, la libertad o los aspectos étnicos. Hay en sus trabajos figuran recurrentes, como las ratas, los simios o los niños, pero no llegan a tener carácter emblemático.

El mundo Banksy que vamos a visitar, con 170 creaciones, alberga la mayor colección de obras del artista en Europa. Entre ellas destacan, por ejemplo, El lanzador de flores (pintado en Jerusalén en 2003), Niña con un paraguas (Nueva Orleans 2008), Guardia de la Reina orinando, Los amantes del móvil, Policías besándose, Niña y soldado, etc.

Un excelente motivo para reflexionar sobre nuestra sociedad.

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