Viajando a otras joyas de Italia. II) Parma, Módena y Rávena


Publicado el 24 de marzo de 2026.

Este artículo se publicó primeramente en la revista Administración Digital.

RECORRIENDO PARMA

Fue Parma, capital de la Provincia homónima, la siguiente parada en este tour, ciudad situada en la llanura padana entre los Apeninos y el río Po, a la que cruza el río Parma, afluente de aquél, y que es un pujante centro industrial con grandes empresas alimentarias en una zona agrícola muy fértil y con una potente ganadería porcina, lo que ha llevado a generar allí una sólida cultura culinaria que se traduce, por ejemplo, en la elaboración de dos muy exitosos productos: el queso parmesano y el jamón de Parma. Es una Ciudad que permite vislumbrar un alto nivel de vida y prosperidad, con tiendas elegantes, siendo un enclave comercial de relieve, así como lugar de una tradición cultural de largo recorrido, reflejada en su arquitectura medieval, con una Universidad singularmente activa, con un Teatro, que es uno de los templos de la Ópera y de la música clásica de Italia, y que ha tenido históricamente un notorio protagonismo político. Es, pues, una urbe que destaca por su centro histórico, predominantemente medieval, por la música, por el teatro, por su tranquilidad y porque reinan las bicicletas.

Parma -dicho en un imprescindible apunte histórico- pasó en el Medievo a ser Señoría de las familias de Este y Visconti, que controlarían, además, respectivamente, Ferrara y el Milanesado, hasta que en 1545 se convirtió en Ducado gobernado por la familia Farnese, o Farnesio, lo que deparó que esta familia controlase Parma hasta muy entrado el siglo XVIII con ocho Duques que se sucedieron en el Poder. Y cuando se extinguió la dinastía Farnese, por no haber descendencia, el Ducado de Parma pasó, en 1732, gracias a los excelentes oficios de Isabel de Farnesio, casada con el borbón Felipe V de España, a su hijo Carlos.

Una parmesana, Isabel de Farnesio, que durante siglos no ha disfrutado, precisamente, de “buena prensa” y que ha sido vista, en términos generales, en nuestro país como extranjera y con epítetos (1) tales como autoritaria, intrigante, ambiciosa, obstinada, dominante, manipuladora y obsesionada con el destino de sus hijos, si bien tuvo algunos partidarios, como Federico II, Rey de Prusia que-ahí va eso -dijo (2) que “el carácter de esta mujer singular ejemplar estaba formado por la soberbia de un espartano, la tozudez de un inglés, la sutileza italiana y la vivacidad francesa. Andaba audazmente hacia la realización de sus propósitos; nada la sorprendía, nada podía detenerla…”. Pero sucede que más recientes estudios proporcionan una visión distinta de una Isabel de Farnesio, más desprovista de prejuicios y de caricaturas, con cierta visión de Estado, ejerciendo el Poder con determinación, pretendiendo consolidar la dinastía borbónica y ejerciendo de arquitecta de una estrategia cultural-lo que le venía en gran parte de su familia, los Farnese y de su Mecenazgo-más allá de su condición de coleccionista, como constructora de un poder cultural, enriqueciendo y transformando decisivamente la Colección Real española, lo que ha permitido un legado artístico del que se han beneficiado el Museo del Prado y, en definitiva, el Estado mismo.

El Carlos de Borbón, antes citado, pasó, dos años después de la obtención del Ducado Parmesano, y por conquista a ser Rey de Nápoles y después de Sicilia (ocupando, pues, el denominado Reino de las Dos Sicilias), llegando a ser finalmente, Rey de España como Carlos III. Por cierto, cuando Carlos se fue de Parma para recalar en Nápoles se llevó consigo la espléndida Colección Farnese, que en gran parte se exhibe en la actualidad en el napolitano Museo Capodimonte, con lo que no sorprende en demasía, que de su paso por Parma no haya dejado precisamente una excelente opinión entre los parmesanos, que tuvieron que restaurar el deteriorado patrimonio años después y, mira por dónde, es asunto que empezaron a poner en práctica durante el mandato de Felipe, hermano de Carlos, al que sucedió en el Ducado de Parma. Y continuando con la historia de Parma en 1738 el Ducado pasó a la Casa de Austria regresando a los Borbones en 1748 en la persona de Felipe, hasta 1796, año en el que Napoleón Bonaparte se apoderó del Ducado ( y abolió el feudalismo) siendo anexado en 1808 al Imperio francés hasta 1815, cuando, tras el Congreso de Viena, Parma fue adjudicada, después de la derrota de Napoleón Bonaparte, a la austríaca María Luisa, esposa de Napoleón, y, tras su muerte en 1847, retornó el Ducado a los Borbones, mandato al que se puso fin en 1859 cuando por un plebiscito Parma se incorporó al Reino de Italia. En fin, todas estas mareantes idas y venidas de dinastías que se instalaban en el Ducado hacen ver la veleidad operante en los escenarios políticos europeos y cómo Parma fue pieza codiciada y moneda de cambio en los tratos entre las grandes potencias.


Imagen: Sailko

El visitante comenzará, pues, su periplo por Parma- donde se irá encontrando por calles u plazas con estatuas o monumentos dedicados a Garibaldi, Verdi, Correggio, Parmigianino, Paganini…- por el Palazzo della Pilotta, que recibe esta denominación porque allí se jugaba a la pelota, y que es un edificio de tamaño colosal. El Palacio fue una fortaleza y la sede de la dinastía de los Farnese, habiendo sido ultimada la construcción del edificio por Ranuccio I con la idea de que albergase los servicios del Ducado y de que acogiese también el cuartel, los establos, los almacenes, el arsenal, el Archivo del Ducado y la Casa de la Moneda. El Palacio alberga hoy el Museo Arqueológico Nacional, la Galería Nacional, con pinturas de dos grandes artistas parmesanos, Correggio y Parmigianino; de pintores venecianos, como Tiépolo, Tintoretto y Canaletto; de maestros toscanos, por ejemplo, de Fra Angelico, Bronzino y L. da Vinci, y de pintores extranjeros, como El Greco, Murillo, Holbein, los Brueghel, Van Dyck… También contiene el Palacio la Biblioteca Palatina, y lo último no es lo menos importante, el Teatro Farnese, siglo XVII. Éste fue, se dice, el primer Teatro moderno a la italiana, concepción arquitectónica tan seguida en otros muchos lugares, con la novedad del escenario móvil, y en el que se utilizó madera en su construcción, que no ladrillo, escayola en lugar de mármol para las estatuas y cartones pintados en vez de estucos decorativos. Es un Teatro renacentista, elegante, austero pero que, en sus detalles, deja ver el ya ascendente, en su momento, estilo barroco, siendo, en suma, majestuoso.

Saliendo del Palacio della Pilotta se divisa enseguida el Altar a Giuseppe Verdi, el gran compositor nacido en una localidad cercana a Parma, y que es una pieza de bronce, bien labrada, que muestra al maestro rodeado de figuras alegóricas que representan a las Artes. Continuando la andadura se llegará a la piazza Garibaldi, presidida por una estatua del mismo, y ahí se halla el Palacio del Governatore, que tiene su actual aspecto desde 1760, y que exhibe en la fachada relojes de sol y dispone de atractiva torre, y en la misma plaza se halla la iglesia de San Pietro, con fachada neoclásica y bellas columnas corintias decorada en estuco amarillo, color predominante en el entorno. Muy cerca está la Basílica de Santa Maria della Steccata, del siglo XVI, renacentista, espléndido templo, cuyo interior adopta la forma de cruz griega, con cuatro capillas, una cúpula luminosa gracias a múltiples ventanas, y abundante mármol policromado, siendo de categoría muchas las obras allí existentes, tales como los lienzos y decoraciones pictóricas de Parmigianino y trabajos de artistas de las escuelas del mismo Parmigianino y de Correggio, con influencias de Miguel Ángel.

En ese mismo entorno se encuentran, asimismo, el Palazzo del Comune (Palacio Municipal), del siglo XVII, con bello pórtico y en el que, adosado a los pilares, hay un busto de G. Mancini y un grupo escultórico en bronce, que representa la lucha entre Hércules y Anteo, colocado sobre una fuente y en el que destaca una gran escalera que conduce a la Sala del Consejo. Adjunto al Palacio Municipal está el Palazzo del Podestá, del siglo XVIII, con un gran arco y ventanas de tres arcos en la fachada, almenada ésta en su parte superior. Y en las proximidades se halla uno de los emblemas de Parma que es el Teatro Regio, del siglo XIX, Teatro de Ópera con el que se pretendía equiparar Parma a los Teatros de Ópera de Milán ( la Scala), Venecia (la Fenice) y Nápoles (San Carlo), cuya fachada es neoclásica, con un pórtico soportado por diez columnas jónicas, columnas jónicas que aparecen también en el vestíbulo y, en su interior, con una platea en forma de herradura con cuatro pisos de palcos y lo que se llamaba el gallinero. La importancia de la música clásica y de la Ópera en Parma es harto evidente: además de Verdi fueron parmesanos de pro Paganini, el afamado violinista, y Toscanini, el genial director de orquesta.


Imagen: Geobia

Paseando por las stradas Cavour ( en donde uno se topa con una grácil torre con reloj) y Duomo, se llega a la Piazza del Duomo, en donde está precisamente ubicada la Catedral, del siglo XIII, consagrada a Santa María de la Asunción, que es uno de los ejemplos más significados del estilo románico de la Llanura Padana que cuenta con un adosado espectacular Campanario, gótico, en ladrillo, del siglo XIII, de base cuadrada, de 63 metros de altura y que presenta, en la parte superior, ventanas con tres arcos en cada lado. La fachada de la Catedral atiende a tres órdenes de galerías con arcos de medio punto y a tres portadas, hallándose en la central un pórtico sostenido por dos columnas que se apoyan en esculturas de león. En cuanto al interior del Duomo éste es de cruz latina y tres naves divididas por grandes columnas que sostienen las bóvedas en la nave central, decorada por discípulos de Correggio, y con numerosas ricas capillas. Muestra, en fin, en la cúpula central una excepcional pintura de A. da Correggio, gran artista del Renacimiento, “La Asunción de la Virgen al Cielo”, que en esa obra transmite una sensación de movimiento ascendente de la pintura, lo que se refuerza con un etéreo, vaporoso cielo.

Al sur del Duomo está el Baptisterio, del siglo XII, románico, pero con la influencia de un incipiente gótico, siendo en gran parte B. Antelami, genial arquitecto, responsable del mismo, y que es uno de los monumentos medievales italianos más importantes. Es de planta octogonal irregular y las ocho fachadas disponen de cuatro órdenes de galerías de mármol rojo de Verona, inspiradas acaso en la Catedral de Pisa, y de un techo con elegante balaustrada, así como de 75 paneles con bajorrelieves en estilo jónico que contienen figuras de animales mitológicos y fantásticos. Consta de tres puertas: la “de la Virgen”, la “del Juicio Final” y la “de la Vida”, con esbeltas columnas, bien ornamentadas. El interior, elegante y con brillante colorido es predominantemente gótico en su conjunto, subdividiéndose en dieciséis lados con nervaduras de mármol rosa y nervios pintados estilo bambú, habiendo un nicho en cada lado soportando todos dos galerías. Extraordinaria resulta la cúpula decorada con pinturas bizantinas, del siglo XIII, descollando los relieves sobre los meses del año de B. Antelami.


Imagen: spaceodissey

Y abandonando la plaza del Duomo, sin duda una de las más bellas de Italia por la combinación de la Catedral y del Baptisterio, el visitante se acercó a la iglesia de San Giovanni Evangelista, de los siglos XV, XVI y XVII, renacentista, y barrocos Campanario y fachada. Adornan la fachada siete estatuas, dos de ellas en los extremos, sostenidas por pilastras decoradas, y tres puertas, estando las laterales coronadas por grandes rosetones circulares de vidrio, portando arriba un gran rosetón en bronce. La iglesia es de cruz latina con tres naves y bóvedas de crucería, resaltando frescos de Parmigianino y, sobre todo, en la cúpula el fresco “Visión de San Juan en Patmos”, de Correggio donde consigue, a través de la técnica del movimiento ascensional, que aparece también en su obra en la Catedral, dar la impresión al espectador de estar ante un cielo abierto y que recuerda, por su majestuosidad, al Miguel Ángel de la Capilla Sixtina. Y en la Camera di San Paolo, otro monumento de Parma, del siglo XVI, luce su bóveda, dividida en triángulos esféricos, pintada al fresco por Correggio con extraordinarias representaciones de vegetales y de angelotes.

Un poco más alejado, en el Parque Ducal, se levanta el Palacio Ducal, diseñado por el arquitecto Vignola en el siglo XVI y ampliado en el siglo XVIII, que fue concebido como Palacio de verano de los gobernantes y, sin embargo, fue, sin embargo, poco utilizado por los Borbones y por María Luisa, la Duquesa de origen austríaco. Ah, y de la Certosa di Parma (la Cartuja de Parma), sin noticias, ya que la susodicha, célebre gracias a la novela de Stendhal, no está en el casco urbano sino a unos kilómetros de Parma.

VISITANDO MÓDENA

Pero, sintiéndolo cantidad, había que dejar atrás a Parma, tan distinta a Bolonia y Ferrara, y proseguir el camino, que conducía a Modena (Módena), Se trata de una Ciudad situada entre Parma y Bolonia, instalada en la fértil llanura padana, circundada por dos afluentes del Po, el Secchia y el Panaro, y que se halla situada a escasos kilómetros de la cordillera de los Apeninos, constituyendo un importante enclave económico, industrial, comercial, político y cultural desde tiempos atrás. En lo que a la Economía respecta tiene Módena una vigorosa industria, sobresaliendo la automovilística, que le da fama y contribuye a su prosperidad, con empresas como Lamborghini, Ferrari, Maserati, Pagani…ubicadas en una suerte de anillo industrial de Módena que opera en un radio inferior a 20 kilómetros de la misma, y también despunta la industria para la producción del zampone, embutido cocido. La Ciudad es renombrada, asimismo, por el vinagre balsámico tradicional, por el vino espumoso lambrusco, por ser, junto con Bolonia, la “patria chica” de los tortellini, hallándose en el Olimpo de la gastronomía, y, lo último es muy importante, por su legado actividad y legado en el ámbito de la Ópera. Así en Módena la velocidad de los coches deportivos se combina con la potente realidad de su cultura artística y gastronómica.

Módena, situada geográficamente entre Bolonia y Parma, es como un secreto guardado, como un oasis a ojos del visitante en el que no abundan ni las interminables colas ni los palos selfie, que suelen ser acompañantes habituales de lugares con turismo. Módena, tan discreta, no es tan conocida como capital del Arte Románico en Italia, pero hay que recordar que, en 1997, la Catedral y la Torre Ghirlandina, románicas, y la Piazza Grande, en la que aquellas se encuentran ubicadas, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Es Módena, en otro orden de cosas, una populosa urbe, lo que no es óbice para presentar un estilo de vida tranquilo con bicicletas circulando por doquier.

La Ciudad ha tenido una historia agitada, ya que después de su dependencia de Mantua, en 1452 el Señor de Ferrara, de la Casa de Este, recibió el título de Duque de Módena y años más tarde pasó a ser dominio papal, siendo devuelta a los Este en 1527, que, en 1598, trasladaron definitivamente su Corte a Módena al perder el control de Ferrara, que había vuelto a formar parte de los Estados Pontificios. Y en Módena dejaron huella los Este, que practicaron, al igual que en Ferrara, el Mecenazgo, reflejándose claramente ello en lo que a lo cultural se refiere. El caso es que en 1796 la ciudad fue ocupada por las tropas francesas, finiquitando el mandato de los Este, que pertenecieron al Imperio francés hasta 1814, momento en el que pasó a depender de la Casa de Habsburgo, y, finalmente, tras su ocupación por tropas piamontesas, se integró en el Reino de Italia al hilo del proceso de Unificación.


Imagen: Chris Olszewski

Llegando a Módena, gran rival históricamente de Bolonia y tras un breve recorrido, se alcanza la piazza Grande y, de entrada, se topa el paseante con il Duomo, con la Catedral (y con algún andamio de por medio al hallarse en un proceso de rehabilitación), cuya construcción en honor de san Geminiano, patrón de la ciudad, comenzó en el siglo XI y se terminó en el siglo XII, si bien los escultores continuaron su cometido en ella hasta el siglo XIV. Es la Catedral una obra capital, en el Valle del Po, del arte románico lombardo, en piedra, del arquitecto Lanfranco, si bien se presenta también con ciertos rasgos propios del arte gótico. Tiene una fachada principal con una galería con ventanales nervados y relieves, un gran rosetón gótico y tres Puertas: la Porta Maggiore, precedida de un atrio sobre cuatro leones y bajorrelieves/ medallones, del gran escultor Wiligelmo con escenas de distintas historias del Génesis; la Porta dei Principi, con relieves sobre hechos de la vida de San Geminiano y la Porta Regia, de estilo gótico, obra del acreditado escultor A. Campione y discípulos. En el lado norte cuenta con la Puerta della Pescheria, con relieves sobre los Trabajos de los Doce Meses del Año y sobre Hechos de los Caballeros del Rey Arturo. En cuanto al interior de la Catedral hay que decir que consta de tres naves y de bóveda de crucería y descuellan el púlpito, la cripta, con 60 columnas y estatuas de terracota, el coro de madera, magníficamente decorado, y resplandecientes vidrieras policromadas.

Y junto a los tres bellos ábsides del Duomo se levanta la elegante Torre Cívica, denominada también Ghirlandina-porque tiene unas ghirlande (enrejados de mármol) en el Campanario, y que, por otra parte, parece recordar a la Giralda sevillana. Fue construida al lado de la Catedral, estando ligeramente inclinada, que se va haciendo progresivamente más esbelta en alzada, que tiene una altura de 86 metros, lo que conlleva que pueda ser vista desde cualquier punto de la urbe, y que es todo un símbolo de la Ciudad.

En la piazza Grande se levanta, asimismo, el Palazzo Comunale (Palacio Municipal), comenzado en el siglo XII y terminado en el siglo XVII, con una fachada que contiene un pórtico y una Torre del Reloj, construida entre los siglos XV y XVI, que está rematada con un balcón y una veleta. Acoge el edificio, en su interior, Salas decoradas con pinturas al fresco y la “Secchia rapita”, el cubo de madera raptado de Bolonia en 1325 que provocó una guerra entre Módena y Bolonia y que se convirtió en el símbolo de la rivalidad, ya apuntada, entre las mismas. Es, sin duda, la zona monumental en torno a la piazza Grande uno de los conjuntos mejor conservados de la Emilia-Romaña.


Imagen: Chris Olszewski

Internándose el visitante por Módena -debe señalarse que en las cercanías del centro histórico hay bastantes calles con trazado medieval- llegará a la piazza Ducale, o Reale, bella plaza rodeada de edificios con arcadas en las plantas bajas y con una fuente a ras de suelo, y que es el lugar en el que se halla el Palazzo Ducale, del siglo XVII, edificio renacentista primeramente y después barroco, que fue la residencia de los Este, de enorme tamaño y formando un cuadrilátero, con una majestuosa fachada de dos plantas, a excepción de su bloque central que se presenta con tres, y que está coronado por un reloj. En la actualidad el Palacio es la sede de la Academia Militar. Y muy cerca de la plaza Grande se hallan la iglesia de San Francisco, del siglo XIII, en estilo gótico, posteriormente restaurada, la iglesia de San Pietro, renacentista, de planta importante, con cinco naves y decorada con excelentes pintores de Módena, y la iglesia de San Vicenzo, con fachada barroca.

Prosiguiendo el periplo por Módena el turista llegará al Teatro Comunale Luciano Pavarotti, denominado así en honor del cantante, de fachada neoclásica y con decorado rococó en el interior. Hay una estatua, delante de su fachada, del tenor, uno de los grandes de la Ópera, modenés de nacimiento, no debiéndose olvidar, desde luego, la figura de Mirella Freni, gran soprano, también modenesa. Y un sitio especialmente interesante de Módena es el Palazzo dei Musei, antiguo arsenal y taller, que alberga los mejores museos y galerías de la Ciudad, tal es el caso de la Galleria Estense, que se nutre de la colección privada de los Este, que se trajeron desde Ferrara, y que cuenta con pintores mayoritariamente emilianos y ferrareses (entre ellos G. Reni, los Carracci, Correggio…), pero que también exhibe pinturas de otros maestros como Veronés, Palma el Joven, Bernini, Velázquez, Tintoretto, El Greco…En el mismo Palacio dei Musei están instalados, asimismo, los Museos Cívicos d´Arte y el Archeologico Etnológico y la Biblioteca Estense, que es una de las más ricas de Italia.

Y, cambiando de escenario, en Módena se encuentra la Casa-Museo Enzo Ferrari que presenta una estructura futurista con un gran hangar sin columnas internas en donde se exponen modelos históricos de los Ferraris “rojos” bajo una cubierta amarilla que parece el capó de un coche y con paredes curvadas de espejos y con colores dominantes: el verde y el amarillo. En suma: una apuesta clara por la modernidad en la arquitectura, modernidad que los modeneses han sabido combinar acertadamente con el respeto a arquitecturas del pasado. Y tocaba despedirse de Módena, la discreta y seductora Módena, la de, como se ha dicho, la tradición y la del trabajo duro de sus gentes.

PASEANDO POR RÁVENA

Y el siguiente y último punto a visitar en el tour era Ravenna (Rávena), capital de la Provincia homónima, que es una Ciudad establecida en la llanura noroeste de la Emilia-Romaña y a unos ocho kilómetros del mar Adriático. Ya adquirió Rávena especial protagonismo cuando el Emperador Augusto construyó allí un puerto y siglos después, al retirarse la Ciudad tierra adentro, el Papa Clemente XII, en decisión estratégica, solventó el problema de la pérdida del puerto para Rávena, cuando ordenó construir el Canal, llamado Candiano, de 11 kilómetros y navegable, que une el centro de la Ciudad con el antes citado puerto exterior, en el Adriático, de un gran volumen de tráfico, por cierto.

Rávena fue, hablando de Historia, capital, en 402, del Imperio Romano de Occidente, siendo Emperador Honorio, prominencia que conservó, después del paso por allí de Odoacro y de Teodorico I el Grande- el ostrogodo Rey arriano que derrotó a Odoacro -al mantener la condición de capitalidad en el Reino ostrogodo de Italia, capitalidad que también sostuvo en el Imperio Bizantino, con el Emperador Justiniano, ostentando la sede del gobierno romano oriental en la Península itálica, con un exarca al frente de la misma. El gran esplendor de Rávena se produce con Gala Placidia (425-450), hija de Teodosio I, católica romana; con el Rey ostrogodo Teodorico I el Grande (493-526), arriano, y con el Emperador Justiniano (527-65), católico ortodoxo, sirviendo, en suma, la ciudad de puente entre la era romana, ya tardía, y la era bizantina.

Pero la historia de Rávena no termina en esos tiempos, sino que conoció después el paso por sus tierras de los lombardos, su dependencia de familias nobiliarias, la posterior pertenencia a los Estados Pontificios, luego su control por Venecia, y más tarde volvió a formar `parte, esta vez durante siglos, de los Estados Pontificios hasta que, con la interrupción de la anexión al Estado francés en 1796, se incorporó al Reino de Italia en 1861. Y a consignar que, durante la Segunda Guerra Mundial, Rávena fue bombardeada por los Aliados, en la lucha con los Estados del Eje, lo que produjo, entre otros lamentables efectos, la destrucción de la Basílica de San Juan Evangelista.

Rávena es una ciudad-museo, una suerte de apoteosis del arte paleocristiano y bizantino, siendo famosa por sus mosaicos- que muestran contrastes entre diseños clásicos y bizantinos y encierran una técnica refinada- y por sus elaborados mármoles. Pero Rávena, además de atesorar relevantes monumentos, es una mezcla de viejas calles, de plazas tranquilas y de elegantes tiendas y preside una comarca agrícola que desarrolla una gran actividad comercial, que cuenta con punteras industrias químicas y petroquímicas, y es un potente centro cultural, con sugerentes propuestas musicales celebradas en sus templos, y que goza de presencia en el espacio deportivo siendo la cuna, por ejemplo, del voleibol en Italia.

Los antiguos monumentos, antes referidos, que se conservan, algo que resulta increíble, casi intactos, se construyeron durante los mandatos del emperador Honorio, de Gala Placidia, de Odoacro, del Rey Teodorico I y del Emperador Justiniano. Hasta ocho monumentos, sitos en la Provincia de Rávena (la gran mayoría ubicados en la Ciudad) fueron declarados por la Unesco, en 1996, Patrimonio de la Humanidad, lo que da idea de la riqueza cultural y artística ravenesa.


Imagen: Gerd Eichmann

Empezó, en fin, la visita a Rávena, por el que esto firma, por el Mausoleo de Gala Placidia, hija de Teodosio I, medio hermana de los Emperadores Honorio y Arcadio, casada con el general Constancio y madre del emperador Valentiniano III, lo que le deparará desempeñar la regencia del Imperio durante la minoría de edad de su hijo. El Mausoleo es un edificio levantado por orden de Gala Placidia, si bien ella está enterrada en Roma, del siglo V, consistente en una pequeña y sencilla construcción de ladrillo, de planta cruciforme, un espacio construido con superficies curvas, bóvedas de cañón y una cúpula central, decorado completamente por brillantes, maravillosos mosaicos presentando distintas figuras sobre un fondo azul oscuro intenso, mosaicos que están compuestos por pequeños cubos de vidrios multicolores que portan una intensidad cromática superior a la de la pintura mural y provocan un ambiente irreal como emanando una fuerza misteriosa a partir de una luminosidad adecuada para la representación del Paraíso. Y esa sensación, tan especial, se percibe más claramente al detener el visitante la vista en la cúpula central, coronada por una cruz dorada circundada por estrellas con mosaicos conteniendo distintas figuras y con un fondo de un refulgente color azul. Los mosaicos presentan, en otros lugares del templo, a los Evangelistas, a los Apóstoles, al Buen Pastor, en la figura del pastor sosteniendo la Cruz y rodeado de sus ovejas, a San Lorenzo, a parejas de Santos, a unos ciervos abrevando en la Fuente de la Vida y a unas palomas bebiendo de jarrones.

Aguardaba más tarde la visita a la Basílica de San Vital, del siglo VI, habiendo sido la misma restaurada, en 1932, en lo que a los mosaicos del altar se refiere, que es un edificio de base octogonal (acompañado de un cilíndrico típico Campanario ravenés), de ladrillo, de exterior sencillo y de estilo bizantino, una obra excepcional, mostrando una arquitectura de transición del estilo paleocristiano al bizantino. En cuanto al interior resulta original tanto por su diseño como por su estructura, con ocho exedras abiertas de dos pisos con columnas que soportan la cúpula central, hallándose las naves cubiertas por penetrantes bóvedas de forma irregular. Hay en el templo, con un altar de alabastro y unos muros revestidos de mosaicos-quizás los más afamados del arte bizantino-y de mármoles, concentrándose en el ábside una gran parte de los mosaicos, en los que aparece Cristo Redentor sentado en el globo del mundo, que es una esfera de color azul, rodeado San Vitale, de Ángeles y del Obispo Ecclesius, en cuyo mandato se comenzó la Basílica. Presentan, en fin, los mosaicos de la Basílica -como obras maestras del retrato- las figuras del Emperador Justiniano, acompañado de magnates, sacerdotes y guerreros y de su cónyuge, la Emperatriz Teodora, cubierta de pedrería, junto a una comitiva de damas, apareciendo, asimismo, unas escenas del Antiguo Testamento.

Y la ruta a seguir en Rávena llevaba, a renglón seguido, al Baptisterio de los Ortodoxos, o Neoniano por el obispo Neone, construcción paleocristiana del siglo V, octogonal, con un interior en la planta baja de estuco en relieve entre las ventanas del octógono, y una cúpula sustentada sobre dos niveles de arcos con decoraciones marmóreas y resplandecientes mosaicos, que está dividida en tres zonas: la central ocupada por el bautismo de Cristo en el río Jordán, una segunda, magnífica, presentada en anillo, con la serie de los doce Apóstoles y una tercera, formada por jardines mágicos y altares con libros sagrados. El interior guarda una pila bautismal, en el centro, que data del siglo XVI, y que tiene la particularidad de haberse construido con mármoles más antiguos.


Imagen: Jbribeiro1 

Y resultaba obligado dirigirse, a renglón seguido, a la Basílica de San Apolinar el Nuevo -San Apolinar es el patrón de Rávena- así llamada para distinguirla de la Basílica de San Apolinar in Classe, más antigua. San Apolinar el Nuevo fue mandada construir por Teodorico I, rey godo arriano, a principios del siglo VI y está acompañada de un bello Campanario cilíndrico, tan propio de Rávena, del siglo IX. La planta es de basílica latina, constando de tres naves, estando la central dominada por dos hileras de mosaicos, a cada lado, en original ciclo iconográfico, con “procesiones” de Reyes Magos-curiosamente representados sin corona -y de veintidós vírgenes y de veintiséis mártires en dirección, respectivamente, a la Virgen, con el Niño, y a Cristo, que están sentados en Tronos. El techo de la nave central está cubierto de madera y en espléndido artesanado, y las otras dos naves están abovedadas presentando los capiteles de las columnas una decoración de acantos. Todo ese ciclo iconográfico conduce a palpar una atmósfera en la que el visitante puede sentirse atrapado por unas sensaciones como de encantamiento, sin exageración, que son difícilmente descriptibles.

Finalmente había que girar una visita al Baptisterio de los Arrianos. Los Arrianos, apuntemos, creían que hay una jerarquía en la Santísima Trinidad, y así primero es el Padre, único Dios, y Jesucristo, como Hijo de Dios, había sido criado y no engendrado, y, en tercer término, el Espíritu Santo. Pues bien: el Concilio de Nicea, del año 325, condenó tal creencia considerándola una herejía. Acaso de menor nivel artístico que otros monumentos raveneses, antes descritos, pero muy interesante, en cualquier caso, el Baptisterio fue levantado por orden de Teodorico I. Es un edificio de discreta apariencia exterior, con planta octogonal, y que en el interior presenta, en el centro, en la cúpula, un brillante mosaico compuesto por un gran medallón relativo al Bautismo de Cristo, con un Jesús joven, en las transparentes aguas del Jordán, y un San Juan Bautista poniendo la mano en la cabeza de Jesús. Circundan, rodean a esas figuras las de los doce apóstoles, vestidos todos con túnicas griegas, que se encaminan hacia el trono vacío de Cristo en espera de su venida definitiva, conformando todo ello un impresionante trabajo artístico. Y habiendo prestado atención a los monumentos de la ciudad de Rávena singularmente representativos del arte paleocristiano y bizantino- el tiempo apremiaba- se daba por terminado el periplo por esas coordenadas artísticas de la Ciudad, ya que el Mausoleo de Teodorico y la Basílica de San Apolinar in Classe se encuentran a las afueras de Rávena.


Imagen: Jbribeiro1

Pero en Rávena hay más cosas que ver y transitando por la via Roma uno se encuentra con el Palazzo di Teodorico, mejor dicho, con los restos del Palacio, de los siglos VII y VIII, que, levantado en dos pisos, deja entrever que el piso inferior estaba destinado al uso administrativo y que el piso superior, con grandes ventanales, se dedicaba a reuniones gubernamentales y a fiestas. También el paseante puede detenerse ante el Duomo, que fue una Basílica, demolida en 1733 y sustituida en 1745, por el actual edificio barroco que está acompañado del típico Campanario cilíndrico ravenés del siglo X. Y, en ese transitar por la ciudad se llega a la Tumba de Dante Alighieri, considerado el padre de la lengua italiana, que, desterrado de Florencia, fue acogido en Rávena, donde escribió la “Divina Commedia” y donde falleció. La Tumba es un templete que guarda la sepultura del gran escritor y poeta, constituida por un arca con la imagen esculpida del mismo, y Florencia mantiene encendida la lámpara del sepulcro desde 1780.

Y en las proximidades se levanta la iglesia de San Francisco, en la plaza del mismo nombre, del siglo V, reconstruida en el siglo X , con modificaciones en el período barroco, que dispone de una capilla con esculturas, del siglo XVI, de T. Lombardo, y, asimismo, se encuentra la iglesia de Santa Maria in Porto, de los siglos XVI-XVII, renacentista, pero con fachada barroca del siglo XVIII, que contiene lienzos de Palma el Joven y un interesante relieve en mármol, en estilo bizantino, que representa a la Virgen, la “Madona Greca”. Y paseando por la zona se llega a la piazza del Popolo, que es la plaza Mayor, la más emblemática de Rávena, que ha sido secularmente el corazón de la vida política y social de la urbe, que adquirió su actual fisonomía bajo el dominio veneciano en el siglo XIV, que luce arquitectura renacentista, y que está decorada con dos columnas de granito importadas de Constantinopla, coronadas por las estatuas de San Apolinar y de San Vital. Descuellan en la plaza el Palazzo Comunale ( Palacio Municipal), de los siglos XVI y XVII, renacentista, y el Palazzo del Podestá, gótico, con arcos apuntados y ventanas decoradas, así como la simetría de los pórticos y los detalles decorativos de las columnas y de los Palacios sitos en la plaza.

Y atrás quedaba Rávena, cargada de Historia, dinámica y de vida relajada al mismo tiempo, aunque pueda parecer ello contradictorio, y próspera. Una Ciudad sobre la que Josep M. de Sagarra (3), a la vuelta de un viaje que hizo a Rávena, escribió: “pero los mosaicos de Rávena no los he olvidado nunca más”, afirmación que, créanlo, puede ser suscrita sin reservas.

A MODO DE APUNTE FINAL

Y el tiempo, que más que correr vuela, urgía a finalizar la ruta que se había emprendido. En el trayecto realizado se ha podido observar-aun partiendo del hecho de la fuerte personalidad de las ciudades visitadas, todas ellas tan distintas entre sí y con potentes pasados propios- que, sin embargo, presentan algunas notas comunes. Así, y aquí se habla ahora de Ferrara, de Parma, de Módena y de Rávena, son las cuatro capitales de sus Provincias homónimas, tienen una extensión mediana, con una población en número de habitantes pareja y disfrutan de climas bastante similares. Asimismo, al estar situadas en la Llanura Padana, disponen de tierras fértiles, poseen agriculturas y ganaderías pujantes y lucen conocimientos y oficio en lo que a las artes culinarias se refiere, dejando entrever que portan consigo una importante cultura gastronómica.

Son ciudades, por lo demás, en las que desde luego el ruido no preside, ni mucho menos, todo el espacio urbano, al menos en la zona centro, y que emiten una imagen relajada con su particular “way of life”, lo que no impide la existencia de dinámicas sociedades civiles. Esa imagen relajada se ha “fabricado” a partir de varios hechos: gozan de amplias zonas verdes; hay un cierto control de volúmenes de edificación; frente a los problemas derivados del intenso tráfico de vehículos se ha apostado, en las zonas céntricas, tan habitualmente congestionadas, por establecer extensas zonas peatonales; se ha dificultado, con prohibiciones y con tasas, el aparcamiento en superficie; se ha aprovechado la circunstancia de estar levantadas las mencionadas Ciudades sobre una llanura favoreciendo, con carriles-bici en su caso, la “cultura” del uso de la bicicleta hasta el punto de que podría decirse que las bicicletas son las “estrellas invitadas” del tráfico, en el que, por otra parte, no participan apenas los patinetes; se habrán atendido los índices de contaminación ,y no tienen un turismo masivo.

Son urbes, las cuatro antes citadas, que, sin perjuicio de poseer una agricultura y ganadería pujantes, no por ello han dejado de tener un tejido industrial, ciertamente potente, con industrias de distinto tipo: automovilísticas, químicas, petroquímicas, de producción, de transformación…, y que además son muy importantes enclaves culturales, con las Universidades al frente, exhibiendo una impresionante riqueza cultural, lo que ha sido reconocido por la Unesco a través de múltiples Declaraciones como Patrimonio de la Humanidad de sus monumentos y, en fin, que parecen disfrutar de un más que aceptable nivel de vida y de prosperidad, encabezando ese bienestar, parece, Parma y Módena, lo que no debe comportar ignorar la problemática social que pueda haber, difícilmente perceptible en un tour turístico, consecuencia de la creciente desigualdad, con una cada vez mayor concentración de la riqueza en pocas manos y aumentando, a su vez, la cifra de los que se quedan en el camino, desigualdad tan instalada en las sociedades desarrolladas que, parece haberse asumido como un hecho irreversible y hasta normal.

Y no es que Bolonia quede al margen de las anteriores consideraciones sobre las otras ciudades visitadas, no, es que es la capital de la Región, la Emilia-Romagna, y es que, aun compartiendo bastantes de los rasgos antes expuestos, comunes a Ferrara, Parma, Módena y Rávena, al ser una Ciudad más extensa y con las características de las grandes ciudades, y tener bastantes más habitantes, casi el doble, que aquellas, se presenta como una urbe bulliciosa, mucho más visitada turísticamente y donde ha de ser más difícil, por su tamaño y complejidad, adoptar medidas, y obtener su cumplimiento, en materia de Movilidad, tales como incrementar las zonas verdes o reducir considerablemente las zonas de aparcamiento en superficie y estableciendo tasas, o extender notablemente los carriles-bici, o tomar decisiones drásticas cuando los índices de contaminación, entre ellas la acústica, así lo aconsejen.

Italia ha sido un lugar codiciado, deseado, por toda clase de culturas y de pueblos y por las grandes potencias y es un país sin el cual no se entiende, a causa de su posición estratégica, el tablero político europeo a lo largo de la Historia. Un país, Italia, que si, por un lado, cuando ha sido invadido por variadas gentes éstas han dejado allí un poso de su presencia, por otro, los italianos no sólo han sabido asimilar esas aportaciones, sino que han sido capaces de seducir a tan variopintos “visitantes” que han acabado por quedar impregnados de la cultura de los italianos, tan sorprendentemente propia, sólida y exportable, a pesar de haberse incoado tal seducción en un escenario ciertamente adverso, derivado de un territorio, el italiano, fragmentado en Ducados, Grandes Ducados, Reinos, Repúblicas, Estados Pontificios…, con aduanas, lenguas y gobiernos propios, y que ha sido capaz, en la segunda mitad del siglo XIX, tras un complejo y fatigoso proceso de Unificación a partir de Organizaciones políticas tan diversas, de constituirse en Estado.¿ Hay quien dé más?.(4)


NOTAS

  1. Isabel G. Rivas: “Isabel de Farnesio. Arte y Poder”, “Clío”. Nº 291. 2026.
  2. J. Eslava Galán:” La Familia del Prado”. Ed. Planeta. 2018.
  3. “Memories”. Ed.62. 1990.
  4. Se han consultado: “Historia de Italia”. C. Duggan. Ed. Akal. 2017.; “Parma”. O. G. Bolognese.2018; “Il Sito Unesco di Ravenna”. Ed. del Girasole. 2022; “Italia Norte”. Ed Anaya Touring.2023.; “Italia”. Ed. El País Aguilar”.2008.

Fernando Díaz de Liaño y Argüelles

Marzo de 2026.

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