Visita al Archivo de Villa


Publicado el 24 de mayo de 2022.

Junio 2022 – “De un arca con tres llaves al almacenamiento en la nube: el Archivo de Villa”

Esta será la tercera visita de la serie que tenemos programada para 2022. Tendrá lugar el martes 14 de junio de 2022, a las 11.15 horas, y en ella conoceremos el Archivo de Villa. El número de plazas es limitado, ya que solo se admite un máximo de 12 personas. Tendrán prioridad los socios de Trotea.

La visita está abierta a socios de Trotea y a familiares o conocidos que les acompañen. Es necesario que confirméis vuestra asistencia, no después del miércoles 8 de junio, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono: 666 353 221; correo electrónico: jdl2008@hotmail.es). La visita es gratuita y será guiada por el personal del propio Archivo. Las plazas de adjudicarán por estricto orden de llegada de las solicitudes.

Nos reuniremos, pues, el martes 14 de junio, a las 11.15 horas, en la puerta del Cuartel del Conde Duque, c/ del Conde Duque 11. Se ruega puntualidad.

Para información más detenida sobre la visita podéis seguir leyendo.

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En esta visita vamos a conocer una de esas instituciones aparentemente irrelevantes pero que cubren una necesidad imperiosa: preservar el pasado y ponerlo a nuestra disposición. Se trata del Archivo de Villa o, más descriptivamente, Archivo General de la Villa de Madrid.

Está alojado además en un edificio emblemático: el Cuartel del Conde Duque, un establecimiento militar construido entre 1717 y 1730 por Pedro de Ribera, maestro mayor de las obras de la villa (en otras palabras, arquitecto jefe de Madrid) y principal representante de lo que se ha llamado “casticismo arquitectónico madrileño”. Estaba destinado a alojar las cuatro compañías (flamenca, alemana, italiana y española) de Reales Guardias de Corps creadas por Felipe V. Menos claro está el apelativo de Cuartel del “Conde Duque”, que no es, en contra de lo que pudiera pensarse, el Conde Duque de Olivares, sino posiblemente Jacobo Fitz-James y Colón, duque de Berwick y de Liria y también conde de Lemos, propietario de los terrenos, que décadas después ordenaría la construcción en un solar próximo del actual palacio de Liria.

El “Madrid mudéjar”: de concejo abierto a regimiento

Si se nos pregunta de improviso qué hace el Archivo de Villa, quizá pensemos que es la institución que conserva los documentos generados por el municipio de Madrid. En realidad, hace mucho más. Y eso es lo que podremos descubrir en esta visita.

Para conocer su origen hay que retroceder hasta la época del “Madrid mudéjar”, la villa surgida tras la conquista a los musulmanes en 1083 (o en 1085, según otras fuentes). En ese momento, a los dos pequeños grupos ya existentes de población mozárabe (que, tras la liberación, pudo seguir practicando la religión cristiana que había conservado bajo los musulmanes) y de población mudéjar (concentrada en la Morería) se unió el grupo más amplio de cristianos repobladores llegados del norte, junto con las minorías judía y franca.

Esa población no pasaba posiblemente de 3 000 vecinos (los que tiene hoy, por ejemplo, Cadalso de los Vidrios) y vivió durante un largo período en un clima bélico, por la amenaza de los almorávides. Sin embargo, tras la victoria de las Navas de Tolosa (1212) y el alejamiento de las fronteras hacia el sur, el municipio pudo iniciar al fin su desarrollo. Contaba para ello con la doble ventaja de su dependencia directa del monarca (era una villa de “realengo”) y de la obtención de privilegios para reforzar su condición de “comunidad de villa y tierra”, que le hacía titular de ciertos derechos sobre los núcleos de su alfoz.

La senda de acontecimientos que jalonaron esa andadura puede rastrearse precisamente en el Archivo de Villa a través de los documentos en él conservados. Claro está que entonces no se llamaba “archivo”, ni tenía local propio, ni siquiera una organización específica. Pero sí había la voluntad de preservar los documentos de la incipiente administración municipal. Esta se ajustaba al modelo de “concejo abierto”, convocado a “campana repicada”, en el que los vecinos (en concreto: los que eran cristianos, tenían casa en la villa y residían en ella al menos las dos terceras partes del tiempo) se gobernaban en régimen de autonomía.

Con el tiempo, sin embargo, a medida que aumentaba la complejidad de la vida municipal se fueron formando pequeñas oligarquías de hidalgos que sometieron a sus intereses el funcionamiento del concejo. Para regular esta nueva situación, a partir del siglo XIV el sistema de concejo abierto se sustituyó por el de “regimiento” (antecesor del actual “ayuntamiento”), en el que la administración se encomendaba al conjunto de regidores constituidos en órgano intermedio. La designación de los regidores, sin embargo, varió mucho de unos a otros lugares y suscitó frecuentes conflictos.

Vista de Madrid, fragmento del grabado de Anton van der Wyngaerde (1562)

En Madrid, por ejemplo, el rey Alfonso XI nombró 12 regidores en 1346 y dispuso que su designación fuera hecha en adelante por el monarca y con carácter vitalicio. Años después, sin embargo, el Concejo obtuvo que, en caso de fallecimiento de un regidor, se eligiera un sustituto entre los vecinos en una reunión a la que asistieran el resto de regidores con cuatro escuderos, cuatro caballeros y varios hombres buenos. Incluso este sistema parcialmente electivo se vició con el tiempo, porque con frecuencia se traspasó el cargo vacante del regidor fallecido a un familiar, cuando no se vendió al mejor postor. Paralelamente se reforzó la intervención del monarca con la designación de corregidores que, como funcionarios suyos, supervisaban la vida municipal.

El concejo consigue una sede fija para guardar el arca

En el siglo XV, el concejo madrileño, que hasta entonces no había tenido sede fija, empezó a reunirse en la iglesia de San Salvador, situada en la calle Mayor frente a la actual plaza de la Villa y derribada en el siglo XIX por su estado ruinoso. Las reuniones se hacían en la “claustra” de la iglesia (una galería porticada en el exterior), luego en la “cámara de la claustra” (una pequeña estancia construida sobre la galería) y finalmente en una galería de nueva construcción. Para conservar los bienes valiosos, el concejo usaba las llamadas “arcas”, muebles de metal o de madera con herrajes de metal, que cumplían dos funciones distintas: la dineraria, para guardar dinero, y la archivística, para guardar documentos.

Esta última, la llamada “arca de privilegios”, es la que nos interesa: se solía cerrar con tres llaves, dos de las cuales permanecían a cargo de determinados representantes del gobierno municipal (el corregidor y el regidor llavero), mientras que la tercera quedaba en manos del escribano. Dentro del arca se mantenía además un libro blanco que se usaba para controlar los movimientos del contenido. Diversos documentos mencionan la realización de obras en la iglesia de San Salvador, como la erección de enrejados alrededor del arca, o la inclusión de refuerzos metálicos para la madera, o la construcción de una bóveda de ladrillo “con sus puertas y rejas de hierro muy recio” para depositar el arca de los privilegios. Como nota curiosa, en el año 1523 el concejo de Madrid sumó una llave más, con lo que el arca pasó a ser de “cuatro llaves”.

Modelo medieval de “arca de los privilegios”

Por otra parte, llegó un momento en que el arca resultó insuficiente y parte de la documentación se trasladó al Convento de Santo Domingo el Real, en la actual plaza de Santo Domingo, que sería demolido también en el siglo XIX. Por un inventario de 1481 sabemos que quedaron en él los documentos más antiguos y menos consultados, en busca de una mayor seguridad.

Esbozos de creación de un Archivo

La gestión y conservación de los documentos municipales recibió un nuevo impulso a principios del siglo XVI con la publicación de sendas pragmáticas de los Reyes Católicos: una de 1500 sobre la obligación universal de los corregidores de procurar la construcción de Casas Consistoriales, cárceles municipales y arca de privilegios, y otra del año siguiente sobre formación de libros donde asentar ordenanzas, privilegios y escrituras de los concejos.

En el caso de Madrid, en una Real Cédula dirigida a la villa por Carlos V en 1525 se hace referencia al “Archivo”, pero no se añade especificación alguna, por lo que no cabe pensar en su institucionalización como órgano administrativo. De hecho, no hubo cambios hasta el siglo XVII, en que se procedió al traslado físico de los documentos principales a la nueva sede de la Casa de la Villa, en la plaza del mismo nombre, tras su construcción según trazas de Gómez de Mora (luego modificadas por otros arquitectos).

Al fondo, la Casa de la Villa, según una pintura anónima de finales del siglo XVII

Y aún hubo que esperar un siglo más para asistir a un esbozo de reglamentación administrativa de esa actividad. Así, en 1746 se asignó a Alphonso de Castro Villasante la tarea de inventariar, catalogar, ordenar y transcribir los documentos “a la entera satisfacción del Concejo”, aunque sin reconocerle tampoco la denominación formal de archivero, y en 1769 se designó para ese cargo a Diego Sáenz Manso y se declararon sus dependencias “oficina pública”.

Al fin hay Archivo, aunque en condiciones precarias

Fue finalmente en 1859 cuando se constituyó el Archivo General de la Villa de Madrid, aunque siguió alojado en las malas instalaciones que ocupaba en la planta baja del Ayuntamiento. Tan deficientes eran estas que en 1868 hubo que decidir el traslado de los documentos a la Casa de la Panadería, en la plaza Mayor, y aun así de formas parcial: casi un tercio de ellos tuvieron que instalarse en unos pabellones cedidos por el Almacén de Villa junto a la Oficina de Objetos Perdidos. En la Casa de la Panadería permaneció el Archivo más de un siglo, incluido el período de la Guerra Civil, durante la cual los documentos más antiguos quedaron depositados como protección en los sótanos del Banco de España.

Balconada de la Casa de la Panadería, en cuya planta baja estuvo alojado el Archivo de Villa

Las instalaciones actuales

Finalmente, en 1987, cuando la capacidad física había quedado colmada desde hacía varios años, se ubicó el Archivo en un alojamiento adecuado, una de las alas del remodelado Cuartel del Conde Duque.

Estas son las instalaciones que vamos a visitar. A través de los fondos en ella custodiados se puede rastrear la senda de acontecimientos que permitieron a Madrid pasar de su condición de oscura población a ocupar las páginas de la gran historia.

Los documentos que se conservan son básicamente los referidos al funcionamiento del municipio y pueden dividirse en varios grupos:

  • Documentos de gobierno: son los aprobados o recibidos por el pleno del concejo y abarcan desde disposiciones reales (privilegios, reales cédulas, etc.) hasta ordenanzas o cartas de concordia (para delimitación de linderos con otras entidades), pasando por los libros de actas de los acuerdos del Concejo. Estos últimos son acaso los más interesantes, porque, redactados por los escribanos de turno, ofrecen una vívida imagen de las actividades cotidianas, de los vecinos y de sus intereses vitales. A ellos deben sumarse los documentos no correspondientes al pleno del concejo, sino emanados de los regidores, de otros funcionarios municipales y de los corregidores.
  • Documentos de administración municipal, concernientes a los aspectos más variados: facturas de alarifes (arquitectos), cuentas de reparos en la muralla, construcción de puentes y molinos, alineaciones de calles, suministros de pan y carne, planos, etc.
  • Documentos de la Hacienda municipal: pliegos de condiciones, padrones, fianzas, etc.

Un privilegio y un Fuero

De todos ellos, el documento más antiguo que se conserva es un pergamino con el privilegio de Alfonso VII, del año 1152, que parece reconocer a la villa jurisdicción sobre las cuencas altas de Guadarrama, Manzanares y Lozoya. Redactado en latín, su traducción sería la siguiente: “Os doy los montes y las sierras que nombro uno por uno, desde el Puerto del Berrueco, que divide el término de Ávila del de Segovia, hasta el Puerto de Lozoya, con todos los montes, sierras y valles intermedios; así como desciende y discurre el río hacia vuestra villa, desde lo alto de los dichos montes hasta Madrid”. La ambigüedad de la redacción favoreció, no obstante, la pervivencia secular de conflictos de lindes con Segovia.

Privilegio de Alfonso VII (1152)

Es importante asimismo el Fuero de Madrid, aprobado por el concejo y otorgado por Alfonso VIII en 1202. Se compone de cuatro cuadernos con ocho hojas cada uno, aunque el segundo cuaderno perdió definitivamente en el siglo XVII. Está redactado en un dialecto mozárabe de origen toledano, lo que hace pensar en la existencia en esa época de un núcleo mozárabe de cierta consideración. Aborda los temas más variados, con especial atención a los de carácter penal y administrativo. He aquí una muestra, en traducción libre: “Cualquier hombre que mesare la barba o hiriere con el puño o a coces a vecino o hijo de vecino, sin ofenderle aquél de palabra o de obra, peche cuatro maravedises…”

Fragmento del pergamino con el Fuero de Madrid (1202)

Una institución moderna

Por lo dicho hasta aquí, podría suponerse que el Archivo de Villa se limita a custodiar documentos del municipio de Madrid. No es así, ya que, por un lado, no solo conserva los documentos, sino que también los gestiona, describe y difunde, y por otro lado trata asimismo documentos procedentes de diversas colecciones y fondos privados. Presta servicios de información administrativa directa y electrónica, asesoría técnica sobre gestión de documentos y organización de archivos administrativos, orientación e información sobre fuentes documentales y bibliográficas, consulta en sala de investigación, reprografía en copia digital y visitas guiadas. En palabras prosaicas: más de 20 kilómetros lineales de estanterías. Su catálogo digital, de acceso público y gratuito, ofrece más de 20 000 documentos.

Fachada de la Incluso que estaba en la Puerta del Sol (Archivo de Villa 1-49-13) y que se derribó en 1854

Es reciente, por ejemplo, la firma de un convenio con la organización internacional sin ánimo de lucro FamilySearch, dedicada a ayudar a cualquier persona a conocer su historia familiar. En consecuencia, se va a proceder a la digitalización e indexación de diversos archivos parciales (el de la Milicia Nacional, el de Quintas o el de Estadística), para el acceso a información genealógica.

Solo nos queda desear a todos una ¡feliz visita!



 

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