Publicado el 7 de octubre de 2026.
En 2022 hicimos en Trotea una visita a la Iglesia Ortodoxa Rusa de la Gran Vía de Hortaleza. Ofrecemos ahora la oportunidad de conocer la Iglesia Ortodoxa Griega de los Santos Andrés y Demetrio, para ahondar en lo que separa a católicos y ortodoxos, así como para conocer un atractivo recinto que ha ocupado en 2026 a la prensa por haber acogido el responso por la fallecida princesa Irene de Grecia, hermana de la reina Sofía.
La visita tendrá lugar el miércoles 21 de octubre de 2026, a las 12.15 horas. Está abierta a todos los interesados, con prioridad para los socios de Trotea.
Confirmad, por favor, vuestra asistencia, como muy tarde el lunes 19 de octubre, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono: 666 353 221; correo electrónico: jdl2008@hotmail.es). La visita será guiada por personal de la propia Iglesia, con el que podrá dialogarse libremente. El precio será de 9 euros para socios y 11 euros para no socios, que pagaremos a la llegada.
Nos reuniremos, pues, el miércoles 21 de octubre en la puerta de la Iglesia Ortodoxa Griega, c/ Nicaragua 12, a las 12.15 horas. El lugar está a 6 minutos andando de la estación de metro Colombia (líneas 8 y 9) y de la parada del autobús 16 en esa misma calle.
Para información más detenida sobre la visita podéis seguir leyendo.
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Para entender lo que separa a católicos y ortodoxos, echemos primero una ojeada a la historia.
Una bula de excomunión arrojada sobre el altar
La separación entre la Iglesia de occidente y la de oriente se plasmó en el verano de 1054. Por entonces se encontraba en Constantinopla el cardenal Humberto, un borgoñón de la orden benedictina, llegado en calidad de legado del Papa León IX para mediar en la disputa que desde hacía siglos enfrentaba a la Iglesia de occidente con la de oriente, encabezada en ese momento por el patriarca Miguel Cerulario. Ocurrió, sin embargo, que se conoció en la ciudad la noticia de la muerte del Papa y el patriarca interrumpió las conversaciones alegando la pérdida de autoridad del legado. Mas este último decidió actuar por su cuenta y el sábado 16 de julio irrumpió en la iglesia de Santa Sofía cuando empezaba la liturgia, dejó un documento en el altar y salió precipitadamente. Se trataba de una notificación de excomunión destinada al patriarca y a quienes le seguían.
Este gesto rubricó, según el criterio general, el «cisma de Oriente y Occidente» entre las dos Iglesias. En realidad, sin embargo, llevaba siglos gestándose. No hay unanimidad sobre las discrepancias concretas entre una Iglesia y otra, sino una lista abierta de cuestiones polémicas, que cambia con el tiempo y de unos autores a otros.

Entronización de Miguel Cerulario como Patriarca de Constantinopla, según un manuscrito de la época
Diferencias fluctuantes con el tiempo
Resumiendo, las discrepancias son de tres tipos. En primer lugar, dogmáticas: para la Iglesia católica, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, mientras que para la Iglesia ortodoxa solo procede del Padre (la famosa disputa sobre la palabra Filioque del Credo). Asimismo, para ambas Iglesias, María es Madre de Dios, pero, mientras que los católicos entienden que nació sin el pecado original, los ortodoxos sostienen que nació con él y que solo fue purificada después, al descender el Espíritu Santo sobre ella en la Anunciación.
Hay, en segundo lugar, diferencias organizativas, que explican históricamente todo el proceso. La Iglesia de oriente reconoció desde un principio al obispo de Roma una primacía de honor, pero no el primado papal, entendido como autoridad suprema sobre todas las Iglesias, ni la infalibilidad pontificia; antes bien, ha defendido siempre que las decisiones doctrinales y disciplinarias deben ser tomadas en un concilio general, ecuménico. El Papa, por su parte, no aceptó en su día la idea de la “sinfonía” de poderes entre el Emperador bizantino y el Patriarca de Constantinopla, por lo que implicaba de sumisión a la autoridad imperial. Partiendo de esta diversidad de puntos de vista es como mejor se comprenden las razones que acabaron separando a las dos Iglesias.
Otra diferencia organizativa concierne al celibato de los clérigos. La Iglesia ortodoxa no lo impone de forma absoluta, sino que admite en ellos el matrimonio, aunque con limitaciones. Tras la graduación de un clérigo, este puede elegir entre seguir sirviendo a Dios como miembro del llamado clero “blanco” o como miembro del clero “negro”. En el primer caso podrá casarse, tener hijos y servir como párroco. En el segundo caso se convertirá en un monje, necesariamente célibe, aunque podrá ascender en la jerarquía hasta ser designado obispo, metropolitano o patriarca.
Y hay, en tercer lugar, diferencias litúrgicas, derivadas de esas peculiaridades organizativas.
Templos ortodoxos en Madrid
El hecho es que, consumado el cisma, el cristianismo ortodoxo se difundió por Europa oriental gracias al prestigio del Imperio bizantino y a la labor de numerosos misioneros. En la actualidad, la Iglesia ortodoxa está constituida por catorce o, según algunas de ellas, quince Iglesias autocéfalas, que son gobernadas por un patriarca, arzobispo o metropolitano, aunque con la primacía de honor del patriarca de Constantinopla.
En Madrid, concretamente, tenemos tres iglesias ortodoxas: la de Santa María Magdalena (en la Gran Vía de Hortaleza), dependiente del patriarcado de Rusia; la de la Presentación de la Madre de Dios en el Templo (en Carabanchel), adscrita al patriarcado de Rumania, y la de los Santos Andrés y Demetrio, dependiente del patriarcado de Constantinopla, que es la que vamos a ver.
Sobriedad exterior y luminosidad interior
Aunque la presencia ortodoxa griega en Madrid arranca de finales del siglo XIX, hasta 1971 no se puso la primera piedra de este templo, que se inauguró dos años después. En 2006 recibió el rango de catedral ortodoxa.
En el exterior, con el severo revestimiento en ladrillo rojo habitual en tantos edificios neomudéjares de Madrid destinados a fines civiles o religiosos, se distingue entre la iglesia propiamente dicha y las dependencias formadas por la casa rectoral y los salones. La cúpula y la torre campanario denotan la función eclesial.

Exterior de la iglesia
El interior, con planta de cruz griega, está profusamente decorado. Llaman la atención los frescos, obra de artistas griegos desplazados específicamente para esta tarea y realizados en colores intensos, con predominio del azul intenso y el rojo carmesí y aplicaciones de pan de oro. En la cúpula se representa el Pantócrator coronando todo, con los cuatro evangelistas en las pechinas. Bóvedas y muros exhiben en secuencia cronológica escenas de la vida de Jesús y la Virgen: Natividad, Bautismo, Crucifixión y Resurrección.
En el centro de sitúa el iconostasio, destinado a separar la nave (el mundo visible) de la zona del altar (el reino divino). De madera oscura, labrada y dorada, se ajusta al protocolo habitual: a la derecha de la Puerta Santa se representa Cristo, a la izquierda a la Virgen María, y al lado de ambos los santos patronos de la catedral.

Interior, con el iconostasio al fondo
Las lámparas de aceite y los candelabros metálicos coadyuvan al espíritu de recogimiento general.




