Visita al Tribunal Supremo


Esta será la quinta visita de la serie que tenemos programada para 2018. Será el viernes 11 de mayo y en ella conoceremos el Tribunal Supremo. La duración será de 2 horas.

El Tribunal Supremo de Madrid está situado en la plaza de la Villa de París, pero la entrada para visitas está en la calle Marqués de la Ensenada s/n. Nos reuniremos, por tanto, en esa calle Marqués de la Ensenada s/n, a las 10.45 horas. La estación de metro más próxima es la de Colón (línea 4).

La visita está abierta a socios de Trotea y a familiares o conocidos que les acompañen. Es necesario que confirméis vuestra asistencia con antelación, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono 666 353 221; correo electrónico jdl2008@hotmail.es). Al hacerlo, debéis indicar vuestro nombre y dos apellidos (tal como aparecen en el DNI) y asimismo el número de DNI, ya que debemos facilitar estos datos por adelantado al Tribunal Supremo para cumplir las estrictas normas de acceso establecidas. El precio de la visita es de 6 euros para los socios de Trotea y de 9 euros para los no socios. Este precio lo abonaremos al llegar al punto de encuentro.

En este caso, la visita no está organizada por nuestra guía habitual, Ángela Reina, sino por Fátima de la Fuente, vocal de la Real Sociedad económica Matritense de Amigos de País y responsable de la web “explora lo desconocido.com”. Por supuesto, Ángela seguirá colaborando con nosotros en visitas sucesivas.

Para información más detenida sobre la visita, podéis seguir leyendo.

Una “bárbara obra” de plena actualidad

Quienes afrontamos la desesperación cotidiana de leer la prensa nos encontramos, también a diario, con alguna noticia (probablemente más de una) que nos habla del “Tribunal Supremo”. El término “Tribunal Supremo” parece evocar una institución au dessus de la mêlée, casi sobrenatural, por encima de toda disputa. Pues bien, en esta visita tenemos la ocasión perfecta de “descender a tierra” y de ver cuáles el escenario de su actividad.

El edificio que ocupa hoy el Tribunal Supremo nació para un fin muy distinto. Está junto la iglesia de Santa Bárbara, que ya tuvimos ocasión de visitar, y en realidad se construyó como convento al que estaba adscrita esa iglesia. Claro que era un convento especial.

Su origen se encuentra en el interés de Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, por disponer de un lugar para retirarse en previsión de lo que suponía pronta muerte de su esposo, la cual significaría el retorno a la Corte de su inamistosa suegra Isabel Farnesio.

El convento de la Visitación, según un grabado de 1758, año de su inauguración

Invitó, pues, a un reducido grupo de monjas francesas de la Visitación de Nuestra Señora (Salesas) y se ocupó de su alojamiento provisional hasta que dispusieran del recinto adecuado, Para ello, en 1749 ordenó la compra de una amplia extensión de tierra junto a la tapia que bordeaba la ciudad por la zona de la actual calle de Génova. Abierto el concurso de obra correspondiente, el contrato se adjudicó a François Carlier. Comprendía la construcción de la mencionada iglesia de Santa Bárbara, más el convento (hoy, Tribunal Supremo) situado detrás, junto con un colegio para educación de niñas nobles, y unos espaciosos jardines privados al fondo, hasta las tapias de la ciudad (actual calle de Génova).

No se escatimaron recursos y, aunque durante las obras quedó el proyecto algo desnaturalizado (sobre todo, la iglesia, que finalizó Francisco de Moradillo), el conjunto quedó como brillante muestra del tardobarroco de influencia francesa. Presentaba dos hermosos patios interiores y la monumentalidad general dio lugar a las maliciosas burlas del pueblo, alusivos a la gordura de la propia soberana: “Bárbara Reina / bárbaro gusto / bárbara obra / bárbaro gasto”.

Finalmente, la reina Bárbara no llegó a habitar el convento, porque falleció antes que su marido Fernando VI, y aquel fue ocupado por las monjas hasta su exclaustración en 1869.

Conversión en Palacio de Justicia

Se decidió entonces dedicarlo a Palacio de Justicia y se confió la reforma a Antonio Ruiz de Salces, arquitecto ecléctico que también concluyó, por ejemplo, la Biblioteca Nacional.

Su aspecto actual procede de dos intervenciones posteriores. La primera se produjo tras un devastador incendio en 1915. Las obras de reconstrucción se adjudicaron a Joaquín Rojí (autor también de la actual Embajada de Italia en la calle de Juan Bravo), que reforzó los cimientos, convirtió los sótanos en nueva planta, diseñó en la planta segunda el Salón de Pasos Perdidos, construyó el cuerpo que da hoy a la calle del Marqués de la Ensenada (por donde entraremos en el edificio) y sustituyó el ático por una tercera planta normal.

Salón de Pasos Perdidos

La decoración interior se encomendó a los más afamados artistas de la época: Miguel Durán Salgado diseñó la espectacular escalera principal (además de construir la espaciosa escalinata exterior que, en la calle de Bárbara de Braganza, da acceso a la iglesia), Enrique Simonet hizo en la caja de la escalera principal las pinturas murales alusivas a las provincias españolas, Marceliano Santamaría fue el autor de las pinturas del Salón de Plenos, y Álvaro Alcalá Galiano hizo lo propio en el vestíbulo de entrada.

La segunda gran intervención se produjo entre 1992 y 1995 y en ella se reordenó la planta tercera y, sobre todo, se levantó una cuarta planta, retranqueada respecto a la calle del Marqués de la Ensenada.

Una de las salas

La impresión del conjunto es la habitual en los grandes edificios civiles del siglo XIX. Posiblemente no podamos hablar de una absoluta originalidad, pero sí de una magnífica suntuosidad. Los espacios amplios, el empleo de materiales nobles y la decoración monumental conforman un escenario idóneo para la administración de justicia.

 

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