Visita a las Góngoras y la iglesia de las Salesas Reales


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Publicado el 5 de diciembre de 2017.

Visita a la iglesia conventual de las Góngoras y la iglesia de las Salesas Reales

Esta será la novena visita de la serie que la Asociación Cultural TROTEA ha programado para 2017. Tendrá lugar el viernes 15 de diciembre y se desarrollará en Chueca, una zona del barrio de Justicia que aúna casticismo y cosmopolitismo. Ahí nos esperan dos sorpresas: una completa y otra no tan completa pero no menos interesante.

La sorpresa completa es una obra maestra, muy poco conocida, de la arquitectura eclesial del siglo XVII: la iglesia del convento de las Góngoras. Construida durante el reinado del último de los Austria, Carlos II, es un ejemplo del “casticismo decorativo”, una variante del barroco plenamente madrileña que encaja a la perfección en una zona castiza como esta.

La sorpresa no tan completa es otra iglesia, situada a solo unos minutos andando y no menos magistral: la iglesia de las Salesas Reales. Construida casi cien años después, durante el reinado de Fernando VI, es a su vez un ejemplo del tardobarroco de influencia europea que impulsaron los primeros Borbones.

Tenderemos así la ocasión de contrastar dos variantes del barroco: una “castiza”, que suple el uso de materiales pobres con una desbordante imaginación, y otra “internacional”, que hace un empleo más generoso de materiales nobles.

La duración total será de aproximadamente dos horas.

La visita está abierta a socios de la Asociación Cultural TROTEA y a familiares o conocidos que les acompañen. Es necesario que confirméis vuestra asistencia con antelación, indicando vuestro nombre y el número de asistentes, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono 666 353 221; correo electrónico jdl2008@hotmail.es). El precio de la visita, incluyendo la retribución a nuestra guía, es de 4 euros para los socios de TROTEA y de 6 euros para los no socios.

Nos acompañará Ángela Reina, licenciada en Historia del Arte, que ya ha estado con nosotros en anteriores visitas de este ciclo, por lo que conocemos la seriedad de sus conocimientos y su entusiasmo.

Nos reuniremos en la plaza de Chueca, a las 9.45 horas. La estación de metro más próxima es la de Chueca (línea 5), en la misma plaza.

Para información más detenida sobre la visita, podéis seguir leyendo.

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Después de la última visita, que hicimos a la Real Sociedad Matritense de Amigos del País, volvemos ahora nuestra atención a la arquitectura religiosa del pasado, para ver dos muestras del barroco, muy alejadas sin embargo entre sí.

El convento de las Mercedarias Descalzas de la Purísima Concepción se conoce popularmente como convento de las Góngoras porque su primer patrono fue Juan de Góngora, gobernador de la Real Hacienda durante el reinado de Felipe IV. Aunque las obras se iniciaron en 1663, apenas progresaron hasta que se hizo cargo del proyecto el arquitecto Manuel del Olmo, reinando ya Carlos II. La calle en la que está el convento es la de Luis de Góngora, así denominada en homenaje al excelente poeta y sin relación alguna con el nombre del patrono mencionado. El convento sigue activo, pero lo que vamos a ver es su iglesia.

La entrada se hace por los pies del templo, que tiene planta de cruz latina formada por una sola nave longitudinal muy ancha y una nave transversal muy corta, que acentúan el concepto de centralidad del espacio. En alzado, la nave longitudinal se compartimenta en tres tramos mediante pilastras cajeadas terminadas en capiteles. Los paramentos se cierran con una cornisa muy recia que recorre todo el perímetro y que aparece decorada con grandes modillones (una especie de repisas ornamentales) dispuestos por parejas. Encima se abre una bóveda de medio punto, que en el crucero se convierte en una cúpula con tambor ciego y linterna abierta, también decorada con modillones.

Lo más notable del conjunto es el impresionante contraste entre la rica ornamentación mencionada, toda en yeso de un color blanco inmaculado, y las manchas de color de los retablos barrocos, en número de once. De ellos, seis están dispuestos a los lados de la nave longitudinal y cuatro, algo posteriores y en estilo rococó, ocupan los chaflanes del crucero. Uno de estos luce una imagen de San José con el Niño firmada por Luis Salvador Carmona tan cálida como en todas sus obras.

Merece mención especial el retablo mayor, instalado hacia 1785 con motivo de una reforma hecha entonces. Puede ser de Ventura Rodríguez y, aun siendo barroco, presenta ya rasgos neoclásicos. La imagen de la Inmaculada Concepción situada en la hornacina central se atribuye a otro coetáneo de Luis Salvador Carmona: el escultor Juan Pascual de Mena, autor también de las dos santas situadas en sendos pedestales, que sabe combinar la dulzura de los rostros con el voluptuoso tratamiento de los paños de las vestiduras.

Retablo mayor de la iglesia del convento de las Góngoras

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Terminada la visita, nos acercaremos andando hasta nuestro segundo punto de interés: la iglesia de las Salesas Reales, en la calle de Bárbara de Braganza. Para conocer su origen hemos de retroceder más de doscientos años y situarnos a mediados del siglo XVIII. Reinaba Fernando VI, pero su estado de salud presagiaba una muerte pronta. Su esposa, la portuguesa Bárbara de Braganza, quiso buscarse un lugar adecuado para aislarse de la ominosa vuelta a la Corte de su suegra, Isabel de Farnesio, con la que tenía una difícil relación, y dispuso la construcción de un convento en un lugar situado por entonces cerca de la puerta de Recoletos de la “cerca” o tapia que circundaba la villa por esa zona, para retirarse a él.

 

Hemos dicho “convento”, pero en realidad era algo más: convento, iglesia, colegio para la educación de niñas de la nobleza y jardines privados. El proyecto se adjudicó al francés François Carlier, aunque su ejecución fue lenta y no siempre se respetaron sus ideas.

Por azares de la historia, el convento, situado entre las actuales calle del Marqués de la Ensenada y plaza de la Villa de París, no llegó a ser ocupado por Bárbara de Braganza, pero fue regentado por las monjas de las Salesas, es decir, de la congregación de la Visitación de Nuestra Señora, hasta su exclaustración en 1869. En este año, el inmueble se adscribió a la Administración pública como Palacio de Justicia, función que sigue cumpliendo tras varias reformas en profundidad, como las realizadas por Joaquín Rojí a principios del siglo XX.

Lo que vamos a visitar, sin embargo, es la iglesia. Las obras fueron ejecutadas por el español Francisco de Moradillo a partir del proyecto de Carlier, aunque introduciendo cambios en él. Es un templo casi escenográfico, en el que no se escatimó el uso de materiales nobles. Algunos versos de la época así lo reflejaban, aludiendo además al aspecto rechoncho de la reina Bárbara (persona, por otra parte, de fina sensibilidad e inteligencia): “Bárbara Reina / bárbaro gusto / bárbara obra / bárbaro gasto”.

La fachada principal tiene más aspecto de palacio que de iglesia. Grandes pilastras que terminan en un poderoso entablamento la dividen en tres calles centrales, con sendas puertas, y cuatro calles laterales ciegas. Encima del entablamento se sitúan dos torrecillas laterales truncadas y un ático central, coronado por un frontón.

Fachada principal de la iglesia de las Salesas Reales, a la calle de Bárbara de Braganza

La planta es la habitual de cruz latina, aunque la nave longitudinal es muy corta y el crucero es muy amplio, lo que refuerza la idea de centralidad del espacio. El alzado coincide con el de otros templos madrileños, con la variante de que los paramentos se organizan verticalmente mediante columnas adosadas, en lugar de pilastras.

La decoración general es muy barroca, con profusión de adornos y variedad de colores, debido al uso combinado de variados materiales, pero la impresión resultante es de fría suntuosidad. Los retablos, diseñados por el propio autor del proyecto, François Carlier, llevan columnas corintias de mármol verde y aplicaciones en bronce, y en el cuerpo exhiben lienzos de grandes dimensiones. El más notable es el que recoge a San Francisco de sales y santa Juana Francisca Fremiot, fundadores de la congregación de las Salesas, pintado por el italiano Corrado Giaquinto. En el retablo central destacan las imágenes esculpidas por Domenico Olivieri, que fue maestro de escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Es realmente espectacular la tribuna real, en uno de los chaflanes del crucero, en jaspe y alabastro, apoteosis del rococó.

La visita al templo se completa con dos monumentos funerarios. En el crucero, del lado del evangelio, está el sepulcro del general O´Donnell, erigido en este lugar por deseo del pueblo de Madrid, como dice la placa en él inscrita. La talla es de Jerónimo Suñol, pero no presenta interés especial.

Retablo mayor de la iglesia de las Salesas Reales

Más interesante es el sepulcro de los reyes Fernando VI y Bárbara de Braganza, en el mismo crucero, del lado de la epístola. Construido bajo el reinado de Carlos III, en pórfido y mármol, responde a un proyecto de Francesco Sabatini y sigue una estética abiertamente barroca. Comprende una parte anterior, visible desde la nave, correspondiente al cenotafio del monarca, y una parte posterior, adosada a ella y visible solo desde la Sala Reservada, antiguo coro bajo de las monjas. Lo más destacables son las figuras talladas por Francisco Gutiérrez Arribas, discípulo de Luis Salvador Carmona (de que ya hemos visto alguna obra en la iglesia de las Góngoras) y a quien debemos también, por ejemplo, la figura de la diosa Cibeles en la fuente del mismo nombre.

   

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