Visita a la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País


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Abril (Tauro), de Francesco Bassano, lienzo que se conserva en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País

Publicado el 8 de noviembre de 2017.

Esta será la octava visita de la serie que tenemos programada para 2017. Tendrá lugar el viernes 24 de noviembre y en ella descubriremos un recinto que resulta desconocido para la mayoría de los madrileños: la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Es una institución enclavada en pleno Madrid histórico, en la plaza de la Villa, y si nos queda tiempo después de la visita aprovecharemos para conocer algunos otros lugares próximos, no menos evocadores, como el Huerto de las Monjas o la estupenda iglesia del convento de las Carboneras. La duración total será de aproximadamente dos horas. El grupo puede estar constituido por hasta 25 personas.

La visita está abierta a socios de Trotea y a familiares o conocidos que les acompañen. Es necesario que confirméis vuestra asistencia con antelación, indicando vuestro nombre y el número de asistentes, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono 666 353 221; correo electrónico jdl2008@hotmail.es). La visita, incluyendo el precio de la entrada a la Real Sociedad Económica Matritense y la retribución a nuestra guía, es de 7 euros por persona.

Nos acompañará Ángela Reina, licenciada en Historia del Arte, que ya ha estado con nosotros en anteriores visitas de este ciclo, por lo que conocemos la seriedad de sus conocimientos y su entusiasmo. En la Real Sociedad Económica Matritense, la visita será guiada por personal del propio establecimiento.

Nos reuniremos en la entrada de la Real Sociedad Económica Matritense, en la plaza de la Villa, delante de la Torre de los Lujanes, a las 9.45 horas. Las estaciones de metro más próximas son Ópera (líneas 2 y 5) y Sol (líneas 1, 2 y 3).

Para información más detenida sobre la visita, podéis seguir leyendo.

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Después de la última visita, que hicimos al Panteón de Hombres Ilustres y la Real Fábrica de Tapices, dedicaremos ahora nuestra atención a una añeja institución, dedicada desde un principio a la noble tarea de la educación y la cultura.

La Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País se inscribe en la serie de instituciones que, bajo impulso del Consejo de Castilla, nacieron durante el reinado de Carlos III para expandir el espíritu de la Ilustración. Seguían el camino marcado por la Sociedad Bascongada de Amigos del País, fundada en Azcoitia por el conde de Peñaflorida para, entre otros fines, “erradicar el analfabetismo y fomentar la industria y el comercio”. Una hermosa iniciativa: educación y prosperidad económica.

 

La Real Sociedad Económica Matritense que nos ocupa ahora se fundó en 1775 y, a su vez, sirvió de modelo a otras muchas repartidas por todo el país. Presentó desde muy pronto algunas notas características, como la admisión de mujeres desde 1786, algo casi revolucionario en la época. De ella formaron parte personalidades como Jovellanos, Floridablanca, Larra o Mesonero Romanos. Se ha preocupado siempre por impartir cultura práctica de forma gratuita: en su período inicial creó las llamadas Escuelas de Oficios y Escuelas Patrióticas para niñas y niños sin recursos, y más adelante un Colegio de Sordomudos y una Escuela de Ciegos.

Ha sostenido cátedras de Economía, Estadística y Diplomacia, entre otras áreas, así como de Taquigrafía, y en su momento contribuyó a la fundación del Ateneo de Madrid y de la Caja de Ahorros. “Socorre enseñando” ha sido su lema como auténtica Universidad de ciencia aplicada.

Sus actividades actuales se centran en la organización de cursos, charlas y conferencias sobre los más variados temas y en la realización de exámenes de homologación en Mecanografía, Inglés, Contabilidad e Informática. Publica la revista “Torre de los Lujanes” y custodia una imponente biblioteca de 8 000 volúmenes, de la que forman parte varios incunables, una rica colección de textos de economía y un excelente archivo del siglo XVIII.

Durante todo el siglo XIX fue, sin embargo, una biblioteca “errante”, ya que quedó alojada sucesivamente en las dependencias del Ayuntamiento, en el Colegio de Sordomudos fundado por la propia Real Sociedad (cerca de la actual plaza de Santo Domingo), en el palacio del conde de Cabarrús o en un palacete de la calle del Turco, hasta llegar a la actual ubicación en la Torre de los Lujanes.

La Torre de los Lujanes, en un grabado de mediados del siglo XIX y en la actualidad

Esta Torre de los Lujanes es, efectivamente, la sede de la entidad desde 1866. Se trata del edificio civil más antiguo que se conserva en Madrid. Su construcción data del siglo XIV y en un principio acogió al poderoso linaje de los Luján, así llamado por el nombre de su aldea de procedencia, en la provincia de Huesca. A mediados del siglo XIX, el edificio era una simple casa de vecinos, que llegó a estar condenada al derribo y que solo se libró de tal suerte por la presión popular a favor de su conservación como “gloria nacional”. Se trataba, en realidad, de un calificativo dudoso, ligado a la supuesta estancia entre sus muros del rey francés Francisco I, apresado tras su derrota en Pavía en 1525. El tema es debatido y lo único que se sabe es que, según alguna vieja crónica, “hay tradición” de que el monarca francés estuvo preso en ella.

Lo cierto es que, adquirido el inmueble en 1865 por el entonces Ministerio de Fomento, pasó a alojar la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del país. Tras el traslado de la primera de esas instituciones a su actual sede en la calle de Valverde, son las otras dos las que comparten actualmente el edificio.

La visión exterior ha cambiado algo a lo largo de los años. A finales del siglo XIX se enfoscaron las fachadas y se añadieron algunos adornos a las ventanas, pero en 1910 se les devolvió el aspecto anterior. El aspecto actual procede de la restauración integral realizada en 1991-92.

Las dependencias de la Real Sociedad Económica, que son las que vamos a visitar, desprenden el aroma de los recintos académicos decimonónicos. Se trata de varias estancias profusamente decoradas (molduras y estanterías de madera, mobiliario, cuadros, piezas decorativas), rico entarimado y una iluminación que invita a la reflexión y el estudio. La principal de esas estancias es el salón de actos, donde puede verse un retrato de Carlos III pintado por Anton Rafael Mengs como réplica de otro anterior también suyo. Es uno de los 14 cuadros del Museo del Prado que la institución tiene en depósito, entre los que destaca Abril (Tauro), perteneciente a la serie sobre meses/signos zodiacales, hoy desperdigada, que pintó Francesco Bassano en el siglo XVI.

Interior de la Real Sociedad Económica Matritense

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Terminada la visita, daremos un breve paseo por los alrededores para descubrir otros parajes no menos interesantes. Por ejemplo, el Huerto de las Monjas, un recoleto jardín situado a la altura de la calle del Sacramento 7. Corresponde a la huerta del antiguo convento de monjas bernardas cistercienses del Sacramento, mandado construir por el duque de Uceda y que se derribó en 1975, aunque se conserva la iglesia, hoy catedral de las Fuerzas Armadas.

El llamado Huerto de las Monjas, en la calle del Sacramento

En la cercana plaza del Conde de Miranda podremos ver la iglesia de las Carboneras, curioso nombre que proviene de la leyenda según la cual uno de los cuadros que contiene, una Inmaculada del siglo XVII, se encontró en una carbonería. En realidad, se trata de la iglesia del convento de las Jerónimas del Corpus Christi, construida por Miguel de Soria durante el reinado de Felipe III. Con planta “de salón”, el recinto, recogido y sereno, es una soberbia muestra del manierismo que caracterizó la arquitectura conventual madrileña. Además de dos bellos retablos a los pies, destaca en el altar mayor un retablo espectacular de Antón de Morales, coronado en el ático por un Calvario con excelentes tallas y presidido en la parte central del cuerpo por una Última cena muy original de Vicente Carducho.

Detalle del retablo mayor de la iglesia del convento de las Carboneras

   

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