Visita a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y su Taller de Vaciado 2


Publicado el 24 de diciembre de 2018.

Esta será la novena visita de la serie que tenemos programada para 2018, tras la fallida visita al palacio de los Duques de Santoña. Tendrá lugar el viernes 11 de enero de 2019, a las 9.45 horas, y en ella conoceremos la sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y, en especial, su Taller de Vaciado. Una ocasión excelente para admirar una extraordinaria colección de obras de arte, desconocida para muchos y no siempre valorada en lo que merece. El número de plazas es limitado, ya que podemos asistir un máximo de 25 personas.

La visita está abierta a socios de Trotea y a familiares o conocidos que les acompañen. Es necesario que confirméis vuestra asistencia, no después del 7 de enero, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono 666 353 221; correo electrónico jdl2008@hotmail.es). El precio, incluida la entrada al recinto, que no pertenece a la Administración pública, es de 7 euros para los socios de Trotea y 10 euros para los no socios, que abonaremos en ambos casos en efectivo en el momento de la visita.

Nos reuniremos frente al edificio de la Real Academia, en la calle de Alcalá 13, a las 9.45 horas. La estación de metro más próxima es la de Sol.

Para información más detenida sobre la visita y para conocer la significación del Taller de Vaciado podéis seguir leyendo.

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Una institución docente defensora del neoclasicismo

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando es uno de los centros asociativos creados en la primera mitad del siglo XVIII para la difusión de las “nuevas ideas” y, más adelante, del pensamiento ilustrado, en la misma línea que la Real Academia Española o las Reales Academias de la Historia, de Santa Bárbara, etc. En su primera etapa presentó dos rasgos esenciales, que luego desaparecieron. El primero de ellos fue el ejercicio de la función docente, esto es, la tarea de formación de los artistas, como se advierte en la entidad originaria de la que surgió, la academia o escuela privada que Giovanni Domenico Olivieri, director del taller de escultura del Palacio Real, abrió en 1741, durante el reinado de Felipe V. Tres años después se decidió darle carácter oficial y se creó una Junta Preparatoria encargada de redactar los estatutos. La aprobación de estos llegó en 1751, ya bajo Fernando VI, y la creación formal se produjo el año siguiente como Real Academia de San Fernando, centrada en las tres “nobles artes”, es decir, la arquitectura, la escultura y la pintura. Su gestión se encomendaba básicamente a seis consiliarios, representantes de la alta nobleza, y a seis maestros directores, cargo que ocuparon sucesivamente los grandes arquitectos, escultores y pintores al servicio de la Corte. En este reparto de funciones salió siempre beneficiado, al menos en las primeras décadas de la institución, el sector de los consiliarios, entre los que se encontraron los duques de Alba y de Osuna o el conde de Aranda.

El segundo rasgo esencial fue el control que ejerció, a partir de 1777, de la teoría y la práctica de la profesión artística, al someterse a su competencia toda la arquitectura pública y exigirse la aprobación por su parte de los proyectos arquitectónicos. La Real Academia se convirtió así, sobre todo durante el mandato de Juan de Villanueva, en celosa guardiana del neoclasicismo que impregnó todo el arte oficial hasta bien entrado el siglo XIX.

El primer gran cambio en la institución se produjo mucho después, en 1844, cuando se le privó de la función docente, que pasó a la Escuela de Nobles Artes (luego, Escuela Superior de Bellas Artes, aunque durante más de un siglo compartió el mismo edificio), y se reconoció solamente su función de promoción del “estudio y cultivo” de esas artes. Desde entonces, sucesivos cambios en sus estatutos, hasta llegar a los actuales de 2005, han ido atemperando su organización y gestión al paso de los tiempos.

Una sede con más de 200 años de historia

Al poco de fundarse la Real Academia se le asignó un espacio en la Casa de la Panadería, de la Plaza Mayor, pero pronto se puso de manifiesto la insuficiencia de las instalaciones. De esta forma, en 1773 pasó a su actual sede, el edificio que vamos a visitar.

Se trata de un inmueble ligado a la vida de Juan de Goyeneche, un navarro de espíritu emprendedor y reformista que había apoyado la causa de Felipe V en la guerra de Sucesión y había sido nombrado administrador de tres reinas españolas sucesivas: Mariana de Neoburgo (esposa de Carlos II), María Luisa de Saboya (primera esposa de Felipe V) e Isabel Farnesio (la segunda esposa del mismo monarca).

Fachada de la Real Academia, en la calle de Alcalá 13

Goyeneche, de mentalidad ilustrada, fundó entre 1709 y 1713 Nuevo Baztán, un pueblo de nueva creación concebido para alojar a quienes trabajaban en las manufacturas de sombreros, textiles, aguardiente, vidrio, ceras, etc. allí establecidas, y poco después decidió instalarse en la Corte en un edificio que estuviera a la altura de sus ambiciones. Encomendó, pues, las trazas a José Benito de Churriguera, arquitecto funcional y retablista fantasioso y creativo, quien diseñó en 1715 el edificio que hoy nos ocupa. En él residió Goyeneche hasta 1731, en que se trasladó a otro inmueble, no menos representativo, levantado para él por Pedro de Ribera en la calle de las Huertas y que es hoy sede de la Cámara de Comercio.

El “palacio de Goyeneche” se alquiló entonces a la Administración para su uso como aduana, es decir, para la “custodia, seguridad y despacho” de los géneros sometidos al régimen de estanco o monopolio estatal en la venta de tabaco, sal, aguardientes, etc. No obstante, la inadecuación del edificio para tal fin determinó que al llegar Carlos III al trono se decidiese trasladar el estanco al imponente edificio construido a tal fin por Sabatini en un solar casi adyacente como Real Casa de Aduana, hoy Ministerio de Hacienda.

De este modo, el “palacio de Goyeneche” quedó privado de uso, hasta que en 1773 fue vendido por el conde de Salceda, el segundo de los hijos del primitivo propietario, a la Administración pública. La primera medida que adoptó esta, en una época de enconada reticencia oficial al barroco, fue el “aligeramiento” de la fachada, según planos de Diego de Villanueva, hermano del insigne Juan de Villanueva. Se mantuvo así la división de la fachada en dos cuerpos: un cuerpo bajo que comprende el semisótano y la planta baja almohadillada, y un cuerpo alto que incluye las plantas segunda y tercera, balconadas, una potente cornisa y un ático retranqueado en la parte central. Pero se añadió como elemento centralizador una portada enmarcada por un dístilo (dos columnas), que fue posiblemente el primero ejemplo de arquitectura puramente neoclásica en Madrid.

Vicisitudes del edificio

En el inmueble así reformado se establecieron dos entidades: el Gabinete de Historia Natural y la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando. El Gabinete, creado para acoger la excelente colección de Carlos III, ocupó la planta segunda, pero a partir de la ocupación francesa en 1808 sufrió fuertes reducciones presupuestarias y con los años se fueron desgajando sus colecciones a favor de otros museos, hasta el traslado final del resto de sus fondos a finales de siglo. El resto del edificio quedó reservado para la Real Academia y, desde 1844, también para la Escuela de Bellas Artes, segregada de ella.

En la segunda mitad del siglo XX, al trasladarse la Escuela de Bellas Artes a un edificio propio en la Ciudad Universitaria, todo el espacio quedó a disposición de la Real Academia. Confirmadas las dos grandes funciones de esta, la propiamente académica y la museística, para reordenar los espacios se llevó a cabo una larga reforma, según planos de Fernando Chueca Goitia, tras la cual se reanudó la actividad en 1986.

En la actualidad, se conserva el antiguo paso para carruajes, que entre pilares dobles con una bóveda de crucería cruzaba los tres patios interiores, el segundo de los cuales se ha cubierto en la reforma de Chueca Goitia. Tras la entrada se abre la escalera de honor, cuyo ramal derecho permite acceder, a través de un rellano, al entresuelo, donde se ubican la Calcografía Nacional y las exposiciones temporales; el ramal izquierdo lleva al vestíbulo de la entrada principal, de impresionante altura, ya que alcanza hasta el ático. Desde ese vestíbulo, una escalera “de académicos” lleva a la planta segunda, donde se desarrolla la vida académica y en la que destacan el salón de actos y el salón de columnas.

Pero lo verdaderamente interesante es el Museo, cuya colección permanente se nutre de las obras realizadas por los profesores de la institución para enseñanza de los alumnos, de algunas creaciones de estos, de la soberbia colección de Godoy recibida en 1815 y de numerosas donaciones posteriores. Distribuida en 35 salas en la planta baja y la planta primera, más otras 24 salas en la planta tercera, comprende más de 1.400 pinturas, 600 esculturas y 15.000 dibujos, además de una excelente colección de artes decorativas formada por tapices, platería, cerámica, porcelana, relojes, muebles y medallas. En conjunto, es una de las mejores pinacotecas de España, no siempre bien conocida.

Cristo y la samaritana, de Alonso Cano

Posiblemente lo más admirado sean los 13 lienzos de Goya (entre ellos, El entierro de la sardina), pero también están representados Zurbarán (Frailes mercedarios), Alonso Cano (Cristo y la samaritana) José de Ribera (María Magdalena), Rubens (Susana y los viejos), Van Loo (Venus, Mercurio y Amor) o Antonio Joli, y artistas del siglo XIX (Federico de Madrazo) y del siglo XX (Juan Gris, Benjamín Palencia). Sin olvidar la serie de esculturas de autores como Manuel Pereira (San Bruno), Pedro de Mena o los más modernos Picasso o Pablo Gargallo).

“Vista de la calle de Alcalá de Madrid”, de Antonio Joli
“El entierro de la sardina”, de Francisco de Goya (fragmento)

Merece una atención especial el Taller de Vaciados, que reúne una importante colección de esculturas en yeso, vaciadas de obras maestras de la Antigüedad Clásica, para la formación de los alumnos. A ellas se añadieron otras piezas procedentes de Pompeya y Herculano, de la Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro o de las excavaciones en Olimpia y en Delfos, así como reproducciones hechas por la Real Academia de sus propios vaciados, bien para reponer los que se deterioraban, bien para suministrarlos a otros centros de estudio.

Una de las obras en yeso del Taller de Vaciados de la Real Academia


 


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2 ideas sobre “Visita a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y su Taller de Vaciado

  • Jesus Javier Maestro Iturriaga, Rosario De la Calle , Concepcion De la Calle,Apolonia De la Calle

    Asistiremos:
    -Maria Rosario De la Calle
    – Apolonia De la Calle
    – Maria Concepcion De la Calle
    – Jesus ajabier Maestro Iturriaga

    • Luis Martínez

      Javier:

      Disculpad pero, para inscribiros en la visita guiada, debéis hacerlo siguiendo las instrucciones que figuran en la página web, que copio a continuación:

      La visita está abierta a socios de Trotea y a familiares o conocidos que les acompañen. Esnecesario que confirméis vuestra asistencia, no después del 7 de enero, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono 666 353 221; correo electrónico jdl2008@hotmail.es). El precio, incluida la entrada al recinto, que no pertenece a la Administración pública, es de 7 euros para los socios de Trotea y 10 euros para los no socios, que abonaremos en ambos casos en efectivo en el momento de la visita.

      Un saludo.
      Luis Martínez.
      Trotea