Visita a la Quinta de los Molinos y la Quinta de Torre Arias 1


Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone

Almendros en la Quinta de los Molinos

Esta será la quinta visita de la serie que tenemos programada para 2017. Tendrá lugar el viernes 26 de mayo y en ella descubriremos dos fincas del distrito de Canillejas, hoy de dominio municipal y antes pertenecientes a una aristocrática familia madrileña. La duración será de aproximadamente una hora y media. El grupo puede estar constituido por hasta 30 personas.

La visita está abierta a socios de Trotea y a familiares o conocidos que les acompañen. Es necesario que confirméis vuestra asistencia con antelación, indicando vuestro nombre y el número de asistentes, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono 666 353 221; correo electrónico jdl2008@hotmail.es). La visita es gratuita.

Nos acompañará como guía Ángela Reina, licenciada en Historia del Arte, que ya ha estado con nosotros en anteriores visitas de este ciclo, por lo que conocemos la seriedad de sus conocimientos y su entusiasmo.

Nos reuniremos en la boca de la estación de metro de Torre Arias (línea 5), a la altura del nº 551 de la calle de Alcalá, a las 12.00 horas.

Para información más detenida sobre la visita, podéis seguir leyendo.

***

Por una vez, en nuestro ciclo de visitas por Madrid vamos a quedarnos al aire libre. Tendremos ocasión de conocer una extensa posesión recreativa y agrícola que en otro tiempo tuvo como dueña a una única familia aristocrática y que hoy está dividida en dos fincas adyacentes, pertenecientes en propiedad al municipio.

Quinta de Torre Arias

Empezaremos por la hoy conocida como Quinta de Torre Arias, por el nombre de sus últimos propietarios. Su trayectoria inmobiliaria ha sido ciertamente agitada. Fue constituida, como ‘palacio, huerta, palomar y demás que comprende’, mediante la agregación de tierras de varios propietarios, por García López de Alvarado y Velasco, que había recibido de Felipe III el título de conde de Villamor a comienzos del siglo XVII. Un siglo después, en 1710, la heredad sirvió de morada episódica al archiduque Carlos, enfrentado a Felipe V durante la guerra de Sucesión. Su titularidad pasó luego, sucesivamente, al conde de Aguilar, a la viuda del VII duque de Osuna, y ya en el siglo XIX al marqués de Cerralbo, al marqués de Medina Sidonia y en 1850 a Manuel de Acuña y Dewite, X marqués de Bedmar y senador en varias legislaturas, de quien consta la posesión de “una finca en Canillejas llamada casa Quinta”, que es la que nos ocupa ahora. La siguiente propietaria fue la marquesa de la Torre de Hambrán, que contrajo matrimonio con Ildefonso Pérez de Guzmán el Bueno, VI conde de Torre Arias, con lo que la finca pasó desde entonces a ser propiedad de este condado. El mencionado Ildefonso, sin embargo, decidió segregar una parte importante de su superficie en 1920 y cederla al arquitecto César Cort Botí en pago de sus servicios profesionales. La posesión quedó así fragmentada en dos porciones:

  • La parte entregada a Cort Cotí, que, ampliada luego con otras tierras, es la que hoy se conoce como Quinta de los Molinos. La vernos después.
  • La parte restante, conocida propiamente como Quinta de Torre Arias. Es la que veremos primero.

 

Puerta de entrada a la Quinta de Torre Arias

Así delimitada la posesión, la Quinta de Torre Arias pasó, al fallecer Ildefonso, a su hijo y luego a su nieta, Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, VIII condesa de Torre Arias con Grandeza de España, con la que se cerró la lista de propietarios privados. Tatiana, casada pero sin hijos, vivió en el palacete de la finca casi sesenta años, hasta su fallecimiento en 2012. Entonces pudo aplicarse el acuerdo de donación que había firmado antes con el municipio de Madrid, en el que se preveía la entrega a los madrileños, para su disfrute, a partir de su muerte.

Palacete de la Quinta de Torre Arias

La finca, con más de 18 hectáreas, comprendía palacio, vaquería, matadero, huerta, palomar, estanques, perrera, caballerizas, parque, invernadero y mucho más. Era una de las pocas casas de campo de la periferia de Madrid que conservaba su carácter residencial y privado. Perales, membrillos, higueras blancas y negras, cepas de moscatel, almendros, avellanos, olmos, álamos blancos y negros, ciruelos y bergamotos embellecían el paisaje, pero, aunque en su momento de esplendor había dado trabajo a más de 20 familias, por entonces se encontraba en mal estado. Tras unas obras iniciales de restauración, se abrieron sus puertas al público en noviembre de 2016.

La entrada se hace por una puerta flanqueada por sendos pares de columnas geminadas, encastradas sobre pilares de granito y rematadas por piñas ornamentales. Lo que puede visitarse hoy dentro del recinto es una parte de los espléndidos jardines, con más de 51 especies de árboles, cuyo mantenimiento se garantizaba con el agua del arroyo de la Quinta, hoy seco, y con dos viajes de agua que atravesaban el terreno.

No es visitable, en cambio, el palacete, debido a defectos estructurales aún pendientes de subsanación. Es curiosa la fachada en ladrillo de estilo ecléctico, con torreón y otros detalles historicistas, que le dan un aspecto “entre victoriano y alemán”. Su proyecto se ha atribuido a Tomás Aranguren o a Eduardo Adaro, que colaboraron también en el diseño de la desaparecida Cárcel Modelo. El segundo de ellos nos dejó además la estupenda sede del Banco Hispano Americano (hoy en obras) de la plaza de Canalejas.

Salón principal del palacete, no visitable, de la Quinta de Torre Arias

Quinta de los Molinos

La Quinta de los Molinos se constituyó a partir de la porción de terreno que el conde de Torre Arias segregó en 1920 y que cedió al arquitecto César Cort Botí como remuneración por el proyecto que este hizo de su casa palacio en el nº 27 de la calle General Martínez Campos (hoy sede de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Madrid). No está de más recordar la personalidad “poliédrica” de Cort Botí, que, además de arquitecto, fue concejal municipal, empresario de éxito, promotor inmobiliario y profesor de urbanismo en la Escuela de Arquitectura de Madrid.

En todo caso, esa porción de la finca, situada en la parte norte de la Quinta actual, fue ampliándose hacia el sur como consecuencia de las sucesivas compras de otras tierras hechas por el propia arquitecto. Así, se configuraron en el recinto dos “paisajes” distintos: el del norte, recreativo, de estilo romántico, alimentado por una gran red hidráulica (pozos, albercas, estanques), y el del sur, agrícola, con una gran plantación de almendros que suponen una notable traslación del paisaje mediterráneo a la meseta castellana.

La superficie total, 28 hectáreas, era superior a la de la Quinta de Torre Arias. En 1980, fallecido Cort Botí, sus herederos se reservaron una parte de ese total para construcción de viviendas y donaron el resto, 21 hectáreas, incluido el palacete al municipio de Madrid, que las abrió al público hace unos años.

Palacete de la Quinta de los Molinos

En la visita se aprecian con nitidez las dos áreas ya señaladas: la agrícola, con la espléndida plantación de almendros, y la recreativa, expresión de un talante romántico y caracterizada por una variada serie tipo de construcciones: una fuente circular, dos fuentes gemelas de ladrillo, un estanque ovalado, dos grutas, un puente, una fuente rodeada por un bosquete de bambú, una fuente neobarroca, un lago, un estanque elíptico, dos albercas, una columna jónica, otras varias fuentes, un molino… Y finalmente un palacete diseñado por el propio Cort Botí, con una torre de tres cuerpos escalonados que recuerda el estilo prerracionalista de la Sezession vienesa. En conjunto, una visita que nos permite rememorar el espíritu de las quintas de recreo de la aristocracia madrileña en siglos pasados.

   

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

Una idea sobre “Visita a la Quinta de los Molinos y la Quinta de Torre Arias

  • José Luis Díaz de Liaño

    Ayer hicimos la visita, con un buen nivel de asistencia y un nivel aún mejor de camaradería. El calor pudo con nosotros. Tuvimos ocasión de vislumbrar (en el caso de la Quinta de Torre Arias) y de ver (en el caso de la Quinta de los Molinos) cómo eran dos fincas agrícolas y de recreo, que en un tiempo estuvieron unidas, pertenecientes durante siglos a las clases acomodadas madrileñas.
    Una disculpa: en toda la documentación que os envíe me referí a la “Quinta de los Olivos”. No sé en qué estaría pensando, porque ese es el nombre de la residencia oficial del Presidente de Argentina, que queda un poco lejos de nuestra calle de Alcalá. Lo que visitamos ayer fue la “Quinta de los Molinos”. Quede constancia.