Visita a la iglesia del convento de las Trinitarias


Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone

Interior de la iglesia conventual de las Trinitarias, en la calle Lope de Vega 18

Visita a la iglesia del convento de las Trinitarias

Esta será la sexta visita de la serie que tenemos programada para 2017 y la última antes del verano. Tendrá lugar el jueves 15 de junio y en ella conoceremos la iglesia del convento de las Trinitarias. La duración será de aproximadamente una hora y media. El grupo puede estar constituido por hasta 30 personas.

La visita está abierta a socios de Trotea y a familiares o conocidos que les acompañen. Es necesario que confirméis vuestra asistencia con antelación, indicando vuestro nombre y el número de asistentes, a José Luis Díaz de Liaño (teléfono 666 353 221; correo electrónico jdl2008@hotmail.es). La visita es gratuita.

Nos acompañará como guía Ángela Reina, licenciada en Historia del Arte, que ya ha estado con nosotros en anteriores visitas de este ciclo, por lo que conocemos la seriedad de sus conocimientos y su entusiasmo.

Nos reuniremos en la vecina plaza de Santa Ana, frente al Teatro Español, a las 10.00 horas.

Para información más detenida sobre la visita, podéis seguir leyendo.

***

Después de nuestro paseo al aire libre por la Quinta de los Molinos y la Quinta de Torre Arias, volvemos a una visita “de interior”. Veremos la iglesia del convento de San Ildefonso y San Juan de Mata. ¿No nos dice nada este nombre? Probemos entonces con el nombre “antiguo”: iglesia del Convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso. ¡Ah, sí! ¿No es dónde está enterrado Cervantes? Pero, ¿está realmente enterrado aquí? Todo esto, y mucho más, tendremos ocasión de aprender en nuestra visita.

Lápida que se conserva en la iglesia

Debemos situarnos en pleno barrio de las Letras, allí donde vivieron nuestros grandes clásicos (una zona “barata y cercana al mentidero de representantes”), aunque la identificación de los lugares concretos nos suponga hoy un quebradero de cabeza. Recordemos, en efecto, que Cervantes vivió en lo que hoy es calle de Lope de Vega (esquina a León); que Lope de Vega vivió en la actual calle de Cervantes, donde se conserva su casa-museo; que Góngora fue desahuciado de la casa que habitaba en una esquina a la misma calle de Lope de Vega, y que Quevedo fue el único que vivió en “su” calle, si se nos permite la licencia, aunque esquina también a Lope de Vega.

El hecho es que, al morir en 1616 en la casa mencionada, Cervantes pidió ser enterrado en la cercana iglesia del convento de las Trinitarias. Era una petición explicable, ya que la orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, o de los Trinitarios, fundada en la Edad Media para la redención de cautivos, había tenido una intervención decisiva en su liberación del cautiverio en Argel.

El convento había sido fundado cuatro años antes por Juana Gaitán al enviudar, pero profundas disidencias con las monjas llevaron a la fundadora a retirar su patronato y a iniciar una serie de pleitos hasta que no terminaron hasta que se allegaron nuevos fondos y se construyeron un nuevo recinto y una iglesia que sustituyó a la pequeña capilla anterior. A ella se trasladaron los restos de Cervantes, aunque no se identificó el lugar exacto. De ahí las dudas suscitadas, que se han tratado de resolver en las excavaciones realizadas en 2015.

Interior del convento (de clausura, no visitable)

En todo caso, la iglesia merece una visita por derecho propio, al margen de la polémica sobre la conservación de los restos de Cervantes. Las trazas son de Marcos López, que había sido cantero y terminó como maestro de obras, y en ellas intervino también José de Arroyo. Posiblemente nos resultarán extraños estos dos nombres, pero hemos tenido ocasión de conocerles en otra reciente visita, puesto que el primero proyectó el Hospital de la Venerable Orden Tercera (el que vimos en la calle de San Bernabé) y el segundo hizo la iglesia de ese mismo recinto.

El monasterio de las Trinitarias se hundió posteriormente y hubo de ser reedificado a mediados del siglo XVIII, pero la iglesia conserva el formato original, del último tercio del siglo XVII. En esa época, durante el reinado de Carlos II, la escasez de fondos en el contexto de la profunda decadencia nacional obstaculizaba posibles innovaciones, por lo que el templo se mantuvo fiel al esquema de la arquitectura madrileña de los Austria.

La fachada sigue el modelo carmelitano, es decir, el que acuñó Francisco de Mora para la iglesia del convenito de las carmelitas de San José, en Ávila. En Madrid la tenemos también en otras iglesias conventuales, como la de la Encarnación o la del Sacramento. Esquemáticamente, es una fachada en forma de rectángulo vertical, dividida en tres cuerpos: el inferior es un pórtico de tres arcos, el intermedio tiene una hornacina central (en nuestro caso, con un relieve en piedra representando la Imposición de la casulla a san Ildefonso) y el superior luce una ventana. Un frontón triangular corona el conjunto y no hay torres laterales. Los paramentos son de ladrillo: no había recursos para otra cosa, ya que el granito se reserva para las cantoneras, los arcos y los dinteles.

Franqueando la puerta, cruzamos un pequeño vestíbulo en el que dejamos a la izquierda el torno y pasamos al interior. Este reproduce el esquema de los templos madrileños del protobarroco y barroco. La nave longitudinal, corta, está dividida por columnas toscanas en dos tramos en los que se abren unas hornacinas que acogen los retablos, y se cierra con una bóveda de cañón. En la cabecera, también corta, se eleva una cúpula sin tambor. En la parte superior de las pares, una cornisa que recorre todo el perímetro parece apoyarse en modillones (ménsulas) dispuestos por pares. Una suave luminosidad proporcionada por los lunetos crea una atmósfera serena.

A ella contribuyen en especial los retablos, que son en conjunto siete. En el lado de la epístola (desde la entrada, a la derecha), el primer retablo está presidido por un lienzo de Santa Cecilia que puede ser obra de Jan van Kessel el Mozo, pintor flamenco que trabajó y murió en Madrid y de quien se conserva en el Museo Thyssen-Bornemisza un conocido paisaje urbano con la Vista de la Carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado.

En el lado del Evangelio (desde la entrada, a la izquierda), el segundo retablo contiene un San Felipe Neri, de Alonso del Arco, discípulo de Antonio de Pereda y uno de los pintores más prolíficos de la escuela madrileña de finales del siglo XVII.

Retablo principal de la iglesia

Los dos retablos del crucero, dispuestos frontalmente ante el visitante, son casi iguales y ambos de un mismo autor desconocido. Destacan por las ornamentadas columnas salomónicas del cuerpo central y contribuyen ópticamente a reforzar la potencia del retablo mayor. Este, en madera policromada y dorada, es obra del toledano Manuel de Mesa y por su abigarrada composición recuerda las obras de José Benito de Churriguera, a quien se ha atribuido en alguna ocasión. En el cuerpo, dos coloristas imágenes en madera policromada de Manuel Correa, discípulo del portugués Manuel Pereira, rinden tributo a San Juan de Mata y San Félix de Valois, los dos fundadores de la orden trinitaria.

A la izquierda del altar, sobre la pared que comunica con el coro bajo, una lápida alude al enterramiento en este recinto de Miguel de Cervantes. Pero dejemos a nuestra estupenda guía, Ángela Reina, que se explaye sobre este punto y sobre el resultado de las excavaciones realizadas en 2015.

   

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInEmail this to someone

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *