Lecturas: ‘La carretera’


Imagen de la película La carretera, basada en la novela de McCarthy.

Publicada el 11 de enero de 2018

La carretera, de Cormac McCarthy

Una honda emoción llena las páginas de este clásico moderno.

Por Luis M. del Amo

El escritor norteamericano Cormac McCarthy publicó en 2006 La carretera, la novela que le valió, al ya ganador de numerosos premios, la concesión del Pulitzer y un reconocimiento más en su labor como novelista. Dicho esto, y sin más dilación, pasaré a comentar mis impresiones como lector de la obra del escritor nacido en 1933.

Lo primero que hay que destacar es que, efectivamente, La carretera es una novela muy recomendable. No solo por su original argumento, que relata las peripecias de un padre y un hijo en un mundo devastado; sino sobretodo por la excelente aproximación moral que el artista ofrece a la relación de la pareja protagonista.

Un cataclismo, para el lector de origen desconocido, ha exterminado casi al completo la vida sobre el planeta. En un constante peligro de muerte, padre e hijo se ven obligados a recorrer este mundo desolado, a través de una carretera en una lucha obsesiva por alcanzar el sur.

El primer reto técnico al que se enfrenta el escritor es describir un mundo despoblado, negro y gris. Un lugar donde no crece una brizna de hierba. Y donde no hay nadie, o casi.

Con esta premisa, el escritor se ve obligado a recortar de forma radical su paleta de adjetivos y de personajes. Y respetará está norma autoimpuesta sin otra excepción que algunos sueños, que el escritor introduce en medio de un mundo sin color.

El escritor Cormac McCarthy.

Sin embargo, McCarthy logra sortear los peligros de esta aplastante monotonía con varios recursos. El primero, una descripción minuciosa de las técnicas de supervivencia que el padre deberá ingeniar para tareas de ordinario tan sencillas como abrir una lata de comida, proveerse de gasolina o apañar un infiernillo.

Pero el principal recurso, con el que McCarthy consigue la implicación de los lectores a lo largo de sus 200 páginas, se basa en cartografiar el impulso apasionado que guía al hombre en su empeño por salvarse con su hijo.

Esta honda convicción, en la que el protagonista deposita su alma entera,  y la curiosa relación con su hijo, en medio de una continua amenaza de muerte, logran imantar la atención del lector, y emociona hasta el final de la obra.

Una intensa emoción que ni siquiera se estropea con la muy mejorable traducción de la edición de 2006 de Mondadori.

Un clásico moderno, en suma. Y una excelente oportunidad de compadecerse con las penurias de este moderno Robinson, en su lucha por habitar un mundo vacío.

Gozosa.

 

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