‘En ruta hacia la plena amistad’, por Fernando Díaz de Liaño


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EN RUTA HACIA LA PLENA AMISTAD

Fernando Díaz de Liaño, Octubre 2014

DE LOS VIAJES CULTURALES

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Este año, en el mes de junio, el viaje organizado por la Asociación Cultural TROTEA (www.trotea.com) con gran asistencia ha conducido a socios y simpatizantes de la misma a Palencia y, especialmente, a Tierra de Campos: a la búsqueda, aunque no exclusivamente, por cuanto la zona está repleta de variadas manifestaciones artísticas, de las huellas del arte románico.

Ya existe experiencia en TROTEA acerca de la organización de viajes culturales. En efecto, en años anteriores se han visitado, entre otros lugares, Medina del Campo, Urueña, Alarcón, Belmonte, Uclés, Parque Arqueológico de Segóbriga, Almagro, Toro, Zamora, Silos, San Pedro de Arlanza, Covarrubias, el desfiladero de la Yecla, Lerma, Cáceres, Zafra, Feria, el Parque Nacional de Monfragüe, Úbeda, Baeza, las Lagunas de Ruidera… intentando compaginar el disfrute de lo monumental, estrictamente hablando y de la naturaleza.

Ello ha supuesto que una actividad, la viajera, desarrollada por TROTEA acaso de una manera inicialmente tangencial haya acabado perfilándose –en coherencia con el éxito alcanzado-en una seña de identidad de aquella. Y es que TROTEA es una Asociación que no se ha focalizado solamente-como pudiera deducirse de su denominación y estatutos-en el hecho teatral, escénico sino que ha desplegado también actividades en otros campos de la Cultura como si casi nada, y perdón por la inmodestia, de lo humano le resultara ajeno, entendiendo acertadamente que resultaba vano compartimentar los fenómenos culturales, tan interrelacionados, y siendo, en este sentido, los viajes una actividad del máximo interés cultural.

DEL ROMÁNICO PALENTINO

Sería misión imposible, sin duda, separar Palencia del arte románico desde el momento en que aquella alberga probablemente la mayor concentración de monumentos románicos de Europa. Se puede hablar, por lo tanto, rotundamente de un arte románico palentino, con perfil propio, en el que cabe encontrar además variedades que responden a distintos contextos geográficos del ámbito provincial de Palencia y se puede afirmar, y esto es importante reseñarlo, que el románico palentino se ha articulado en gran parte en torno al Camino de Santiago, al Camino francés. Camino de Santiago que ha experimentado un” revival” y tomado un gran auge en nuestros días habiendo recibido del Consejo de Europa el título de” Itinerario Cultural Europeo”.

El arte románico, principal manifestación del arte medieval,-que se puede situar en Europa entre finales del siglo X y principios del siglo XIII, posterior al período carolingio y anterior al arte gótico y cuya acepción, románico, parece derivar del vocablo “roman” que dio lugar a nominar como lenguas románicas a las derivadas del latín y evocaba también a una Roma cuya influencia aún perduraba- se difundió con rapidez por todo el Occidente europeo. Y en ese contexto el Camino de Santiago devino en factor decisivo para que en nuestro suelo se recibieran las influencias de las nuevas corrientes europeas culturales y de pensamiento de la época.

DEL VIAJERO TROTEANO Y DE SU ANDADURA

En ese, ciertamente, único escenario palentino el troteano viajero comenzó su andadura dirigiéndose desde Palencia capital a Saldaña, típica ciudad castellana, con mansiones blasonadas, calles con soportales, balcones de artística rejería y una señorial plaza Vieja, corazón de la villa y de indispensable visita. Desde ese enclave el viajero encaminó después sus pasos hacia “La Olmeda”, villa romana, impresionante, en la que son estrellas destacadas los mosaicos, acaso entre los más valiosos de nuestra arqueología.

El viajero a continuación se adentró en la comarca de Tierra de Campos –por cierto más verde de paisaje en el mes de junio de lo que pudiera imaginarse en su condición primigenia de secarral, condición que parecía presagiar un pardo colorido -y llegó a Carrión de los Condes, localidad destacada del Camino de Santiago, Camino que la atraviesa de este a oeste y “ patria chica” del Marqués de Santillana, guerrero y poeta, que son actividades, como es sabido, de difícil encaje aunque haya habido otros notables supuestos que pudieran desmentirlo: Garcilaso, por ejemplo. Ya en Carrión de los Condes resultaba obligada la visita al Monasterio-Iglesia de San Zoilo, monasterio benedictino con portada románica y espléndido claustro gótico-renacentista, cuyos motivos esculturales responden al estilo plateresco y detenerse más tarde en la iglesia de Santiago, de sencillo aspecto pero cuyo pórtico incorpora un cuadro escultórico de los más logrados del románico castellano y hacerlo, asimismo, en la iglesia, románica, de Santa María del Camino, con portal cubierto para cobijar sobresaliente friso.

Pero al viajero le esperaba, y allí acudió presuroso, Villalcázar de Sirga, que perteneció a la Orden de los Templarios, etapa relevante del Camino de Santiago gracias a la venerada imagen de la Virgen Blanca de la iglesia de Santa María la Blanca, templo que preside desde un altillo la localidad. Dicha iglesia ha sido denominada la ”Capilla Sixtina” del arte románico-ojival y cuenta con portada labrada con bellas escenas en relieve y con magníficos retablos en su interior. Y prosiguiendo la ruta con alguna pausa pero -en una suerte de “deprisa, deprisa” propia de nuestros tiempos, lejos de la parsimonia viajera del “Grand Tour” de otras épocas y en lucha desigual con el triunfo del tiempo-el viajero arribaba a Frómista y a una de las obras maestras del arte románico palentino: la iglesia de San Martín de Tours, con la huella indeleble del románico francés. Sobrios exteriores sin adornos, puntales sin excesivo realce, proporcionando cierta sensación de peculiar ingravidez y una decoración interior prácticamente inexistente, aún con valiosas esculturas: sin ornamentos, sin altares, sin retablos, lo que invita a la meditación. Una arquitectura humilde y, a la vez, sublime que sobrecoge, muy propia del primer arte románico, sencillo, y acaso por ello, grandioso.

De Frómista se encaminaron los pasos de las gentes troteanas al Canal de Castilla, obra faraónica y no terminada, proyecto de ingeniería hidráulica (“un sueño imposible”, como se ha dicho) que pretendía convertir en vergel secarrales y unir a través del Canal de Navegación y Riego la Meseta con el Puerto de Santander. Ahí, cerca de Frómista, se pueden observar las esclusas del Canal de Castilla, hasta cuatro, en forma de balsas que sirven para salvar la desigual altura del terreno. Y desde el Canal, con sus esclusas, el viajero troteano se dirigió hasta Santoyo, con visita a la iglesia de San Juan Bautista, de transición entre el románico y el gótico, con singular bóveda estrellada e indudable porte catedralicio y en donde se tuvo ocasión de escuchar el órgano, que, en lugar de buena acústica, sonó admirablemente bien.

DEL FIN DEL TRAYECTO

Finalmente las andaduras palentinas condujeron al viajero de vuelta a Palencia capital-y bueno será recordar que allí se fundaba en 1208 un Estudio general que sería pionero y antecesor de los centros universitarios españoles posteriores- con especial protagonismo de la Catedral (“La Bella Desconocida”) construcción gótica con transformaciones posteriores, con austera e imponente torre campanario, contrastando con tres brillantes portadas, magníficos retablos, hermosas Capillas, rejería plateresca y la Cripta de San Antolín, visigótica, con posteriores elementos románicos que forjaron el primitivo edificio catedralicio erigido a principios del siglo XI. Y en la misma ciudad hubo posterior paseo, preferentemente de exteriores, recorriendo distintos lugares: la iglesia de Santa Clara, panteón de los Almirantes de Castilla; el decimonónico Teatro Principal; el Palacio de la Diputación, neorrenacentista; la calle Mayor, con tramos con soportales y singulares edificios; la plaza Mayor; la iglesia de San Miguel, templo gótico y fortificado con campanario que servía de vigía…y comprobando a cada paso el rico legado dejado en la ciudad por Victorio Macho, escultor, y Jerónimo Arroyo, arquitecto.

Y la andadura troteana terminó en Tordesillas -urbe de amplia historia, ”muy ilustre, antigua, coronada, leal y nobilísima villa”- con recorrido por exteriores: la porticada Plaza Mayor, con fachadas de casas de amplios ventanales y, ergo, con habitaciones con vistas y, ambos a orillas del Duero, por cierto con singular puente de diez ojos, los palacios de las Casas del Tratado, firmado entre España y Portugal en 1494 para la división de las tierras descubiertas y el Monasterio de Santa Clara, en donde estuvo recluída Juana I de Castilla, conocida por Juana la Loca..

DE LA EXCELENCIA DE LA AMISTAD

Pero el viajero no solo se dedicó a actividades de orden cultural en el sentido estricto del término sino que también practicó, afortunado de él, otras no menos interesantes, cuando no imprescindibles, y asimismo de potente carga cultural tales como las relacionadas con el yantar, el callejeo y la interminable conversación.

Ya dijo el clásico (de los clásicos) Aristóteles, en su “Ética a Nicómaco”, que la amistad, que consiste en querer al amigo y también querer el bien del amigo, es “una de las virtudes o en todo caso implica la virtud. Además es una de las primeras necesidades de la vida” y, enfatiza,” lo más importante para la vida es la amistad”. Distinguía Aristóteles tres tipos de amistad: la amistad basada en la utilidad, la amistad basada en el placer y la amistad basada en el bien, esto es, la fundamentada en la virtud o en la excelencia de la persona a la cual se quiere-se quiere al amigo por él mismo- constituyendo este último tipo el supremo estadio de la amistad.

En tiempos como los actuales en los que las tecnologías pueden hacernos- con su exagerado uso y recurriendo casi habitualmente a lo virtual para las relaciones humanas- estimar como no imprescindible el contacto personal, simplificando en exceso la comunicación, hay que ser conscientes del relevante papel encomendado a la cultura como vehículo de comunicación que reclama la existencia de relaciones personales, ”face to face”, para la recepción de mensajes culturales en grupo, en orden a su comentario, discusión y crítica. En ese contexto el asociacionismo, cultural en este supuesto, extrae, refiere Ítalo Calvino, “las mejores dotes de las personas aisladas y da una alegría que raramente se alcanza actuando por cuenta propia” y, en ese propósito, la semilla sembrada por TROTEA-once años nos contemplan, plenos de actividades-parece ir fructificando, cohesionando a sus gentes y prosiguiendo la ruta(en línea con la máxima machadiana de hacer camino caminando) hacia la consecución de la amistad, en su grado máximo, entre sus asociados y simpatizantes, siendo los viajes culturales medio más que idóneo a estos efectos. Que así sea.

   

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