En Malta y la búsqueda de ‘El halcón maltés’


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Publicado el 27 de noviembre de 2017.

En Malta y la búsqueda de El halcón maltés

Por Fernando Díaz de Liaño y Argüelles

(Este artículo apareció en la revista Administración Digital en agosto de 2017.)

A modo de presentación

A comienzos del verano el viajero se dirigió a Malta y a sus islas, esto es, al archipiélago maltés. Pues bien: constituye, sin duda, la mediterraneidad del archipiélago lo primero que llama la atención del observador, lo que no es algo que haya de sorprender por cuanto Malta se halla en el centro o, si se prefiere, en el corazón del Mediterráneo reflejando por ello también a lo largo de su historia esa condición que ha poseído el Mar Mediterráneo de lugar de conflictos y de desacuerdos pero también de encuentros y de acuerdos. Y, de esta guisa, una serie de notas confirman unos predominantes aires mediterráneos en Malta: su paisaje; su clima benigno; sus cielos tan azules; la sempiterna presencia del sol, como dijo Vicente Aleixandre ”la luz, la hermosa luz del Sol, siempre, siempre en el cielo, severamente estático”; la manera de ser abierta y hospitalaria de sus gentes; el vivir en la calle; la simbiosis de culturas; su gastronomía; el hedonismo; el tiempo asentado en el sosiego, sin prisas; calurosos y prolongados estíos…

Malta, en otro orden de cosas, a lo largo de su historia ha sido objeto de “visita” por distintos invasores que han ido dejando sus huellas en este enclave. ¿Y cuál ha sido la principal motivación de que Malta haya sido tan codiciado objeto de deseo por parte de gentes foráneas?: seguramente ello ha sido debido a su estratégica ubicación en el “Mare Nostrum”, en el Mediterráneo. Y, en ese contexto, hay que aludir a “visitantes” o invasores tales, entre otros, como los pueblos sicilianos en la prehistoria; los griegos; los fenicios; los romanos; los bizantinos; los árabes; los normandos; los franceses de la Casa de Anjou; los catalano-aragoneses; la Monarquía Hispánica; los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén-hoy Soberana Orden Hospitalaria y Militar de San Juan de Jerusalén de Rodas y Malta y que, para abreviar denominaremos en adelante Orden de los Caballeros y que, en la actualidad, estando presente en 60 países, es una Entidad Benéfica volcada en actividades hospitalarias -a los que cedió las islas maltesas el emperador Carlos V; los franceses con las tropas napoleónicas y los británicos(sin olvidar el denominado Gran Sitio Turco, en 1565, que supuso un considerable fiasco para Solimán el Magnífico- lo que hizo exclamar siglos después a Voltaire: “Nada más famoso que el asedio de Malta”-y los persistentes y destructivos bombardeos infligidos por alemanes e italianos durante la Segunda Guerra Mundial que no lograron la rendición de los malteses).

Y todo lo anteriormente descrito sirviendo de prolegómenos, si bien ciertamente dilatados en el tiempo, hasta la obtención de la independencia de Malta en 1964, acompañada de la proclamación de la República en 1974 y de su posterior ingreso en la Unión Europea en 2004, accediendo finalmente a la zona euro en 2008. Malta es, pues, un pueblo antiguo y con mucha historia pero, al mismo tiempo, es uno de los Estados más jóvenes de Europa, aparente contradicción que le confiere un especial atractivo.

Malta es un país integrado por tres islas (Malta, Gozo y Comino) y por algunos islotes sin habitar (Filfla, islas de San Pablo y Cominotto) erigiéndose Malta en la isla principal y de mayor tamaño del archipiélago, siendo, a su vez, Gozo una suerte de hermana menor, con la mitad de extensión de aquella perfilándose, finalmente, Comino como la más pequeña de las tres islas encontrándose escasamente habitada.

 

Cambiando de tema, y en lo que a aspectos geomorfológicos respecta, el archipiélago dispone de tierras, en general, secas, áridas, agrestes, no proliferando, desde luego, las superficies boscosas- con escasa presencia del pino mediterráneo, lo que sorprende al viajero-aunque sí abunden los sotobosques, si bien Gozo puede estimarse una excepción en ese sentido al ser más fértiles sus tierras y tener una vegetación más frondosa, al extremo de ser conceptuada, en términos comparativos, como la Isla Verde. Son tierras, por lo demás, las maltesas planas y con algunos altozanos que han servido para el emplazamiento de puntos de defensa ciertamente vitales al haber sido objeto esas tierras, como antes se expuso, de invasión o de amenaza de invasión con tanta frecuencia a lo largo de su historia. Precisamente la comentada aridez de los terrenos, con escasas precipitaciones de lluvia, ha suscitado, en orden a paliar tal problemática, la construcción de pozos para extraer aguas subterráneas, de depósitos para el almacenamiento de aguas pluviales, así como de estaciones desalinizadoras para la potabilización de aguas marinas.

Presenta, además, el archipiélago maltés una sucesión de cabos rocosos, abruptos, acompañados, en ocasiones, de imponentes acantilados que han servido de fortaleza natural de defensa-debiéndose añadir a ello los enclaves de defensa expresamente construidos para ello -así como de innumerables calas. No abundan, de otra parte, los arenales de playa, si bien son de considerable belleza los existentes-por ejemplo, Ramla Bay en la isla de Gozo- y son múltiples los puertos naturales y las espectaculares bahías.

Es Malta el país más pequeño y, sin embargo, el que tiene mayor densidad de población de la Unión Europea ya que cuenta con más de 460.000 habitantes para solo 320 km2, habitantes a los que hay que añadir los muchos miles de extranjeros no censados. En Malta hay dos idiomas oficiales: el maltés (que, lengua semítica, es utilizado habitualmente en la vida cotidiana y en distintos medios de comunicación con acusada presencia en el mismo del árabe, del latín y del italiano y adoptando muchos términos del inglés y del francés) y el inglés. Alberga, por lo demás, el archipiélago una importante riqueza monumental, como luego se comentará, concentrada en torno al estilo renacentista y, muy especialmente, en torno al barroco- en el que se viste, y no es una exageración, de gala-desplegándose dicho elenco monumental en palacios, plazas, iglesias, baluartes…, siendo muy elevado el número de iglesias católicas al punto de que hasta en aldeas el viajero puede advertir la presencia de dos o tres templos.

Un rápido recorrido por el archipiélago maltés

El viajero comenzó un rápido cuando no acelerado-ya se sabe: las prisas de nuestros días- y, por ello, selectivo itinerario por la isla de Malta empezando por la capital del Estado maltés, La Valeta (Valetta) emplazada en una península y con un casco histórico declarado por la UNESCO patrimonio de la Humanidad no en vano al contar con más de 300 monumentos catalogados de especial interés cultural. Abundan así iglesias, palacios, edificios que reflejan un aire señorial y aristocrático, plazas, baluartes, torres de vigía… Es ciudad en alzada, lo que ha sido fundamental para su defensa, y, conviene advertir al visitante, con numerosísimas escaleras, tantas que hicieron exclamar a Lord Byron aquello de “las malditas escaleras de La Valetta”.

Al irrumpir en La Valeta por la City Gate, o Puerta de Entrada a la Ciudad, el viajero aprecia la reciente elevación de dos construcciones a modo de pilares de baluartes que componen una suerte de arco de entrada, o nueva City Gate, con dos majestuosas escaleras a derecha e izquierda de los mismos y la construcción de un nuevo edificio del Parlamento y de un espacio para las representaciones al aire libre ubicado sobre las ruinas de la Ópera de Malta (severamente bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial) todo ello obra del prestigioso arquitecto Renzo Piano, deparando empaque a la plaza en que se hallan situadas esas nuevas edificaciones y presentando una ligereza de volumen que no resta protagonismo al resto de los edificios/monumentos allí situados y propicia, en fin, la sensación en el observador de hallarse en una plaza con amplios espacios abiertos, con desahogada perspectiva.

El viajero se topará en seguida con la céntrica calle de La República ( Republic Street) arteria principal y bulliciosa que atraviesa la ciudad y que alberga iglesias (Santa Bárbara), edificios y plazas (la Biblioteca Nacional, el Palacio de los Grandes Maestres, la Casa Rocca Piccola, ventana a la vida cotidiana durante la historia maltesa, el Banco de Malta, la Corte de Justicia, el Café Cordina, modernista, la Queen´s Square) tiendas, restaurantes…A destacar la Biblioteca Nacional, con impresionante Sala Principal conteniendo cientos de miles de libros y de manuscritos antiguos, así como el renacentista, con espectacular balcón-galería en la fachada, Palacio de los Grandes Maestres, que en 1954 fue escenario de una reunión entre Roosevelt y Churchill antes de la Cumbre de Yalta en la que se trató, entre otras cuestiones, sobre el futuro de Europa en la posguerra y que es hoy la sede de la Presidencia de la República, obligada visita que no se pudo llevar a cabo- lástima a juzgar por los tapices, pinturas, frescos, mobiliario, distintas Salas, lámparas…que contiene- al ostentar Malta durante el primer semestre del año en curso la presidencia de la Unión Europea, pero sí se pudo acceder al adyacente patio denominado del Príncipe Alfredo, ciertamente armónico, con una torre del reloj del siglo XVIII por el que se llega a la Armería, en la que se exponen armas y armaduras de distintas épocas; la St. George´s Square, de grandes dimensiones; la plaza de la República, lugar de encuentro social que acoge un lateral del Palacio de los Grandes Maestres y la fachada de la Biblioteca Nacional…

Saliendo de la calle de La República para el viajero llegó el ansiado momento de conocer la Concatedral de San Juan, que cuenta con un exterior sencillo, sobrio, con dos torres- campanarios gemelas, sobriedad que no anticipa de ninguna manera un interior que encierra un abrumador y riquísimo barroco (muestra de los momentos álgidos de la Orden de los Caballeros en el archipiélago) en el que cuyos posibles excesos quedan limitados por una suma elegancia que se detecta en complejos escultóricos espléndidos, cuantiosos magníficos frescos en techos abovedados del maestro Mattia Preti, dorados por doquier, altares conformados en diversos mármoles y lapislázuli, espectaculares capillas, candelabros de plata, lápidas con incrustaciones de mármol donde están enterrados miembros de familias nobles y muchos de los Grandes Maestres de la Orden de los Caballeros, destacando sobremanera tapices flamencos en el Museo Catedralicio y en el Oratorio dos pinturas extraordinarias de Caravaggio-artista con perfecto dominio del claroscuro y que tanto influyó en Velázquez-como son “La Decapitación de San Juan Bautista” y “San Jerónimo escribiendo”. Y después, e intentando recuperarse de la visión de tanta belleza, el viajero circulará por la Merchants Street y se detendrá en su, mercado al aire libre y admirará, más adelante, otro edificio emblemático en La Valeta: el Albergue de Castilla, León y Portugal, con su extraordinaria fachada barroca y sede en la actualidad de la Presidencia del Gobierno maltés , y, “last but not least”, se sorprenderá con la proliferación de estatuas “open air” en el casco histórico de Malta.

Continuando el recorrido resulta aconsejable visitar el Fort St. Elmo, los jardines de Lower Barracca, en el bastión de San Cristóbal, con dos templetes conmemorativos de gestas históricas y los jardines de Upper Barracca, en el bastión de San Pedro y San Pablo- con espectaculares vistas sobre el Gran Puerto y sobre las Tres Ciudades- y lugar en el que se ha construido un ascensor solapado y estratégicamente destinado para proporcionar una fácil comunicación entre la partes alta y baja de la ciudad, que es algo de evidente utilidad en La Valeta al estar cimentada en alzada-y que no rompe el entorno. Asimismo hay que mencionar el Teatro Manoel, del siglo XVIII, con palcos decorados, techo dorado y gran lámpara de araña y en el que se hacen representaciones teatrales y de ópera; el Museo Nacional de Arqueología, con importante colección de piezas prehistóricas, de piedra o bisutería y conteniendo piezas originales y estatuas de los templos megalíticos Hagar Qim y Mnjadra; la iglesia del Carmen, de impresionante cúpula; el Museo Nacional de Bellas Artes, que, desgraciadamente, estaba cerrado por reformas y cuenta con obras de Mattia Preti, Tintoretto, Palma el Joven, Turner, Ducros…; el impresionante Gran Puerto, que es una de las estampas más representativas de Malta-en el que es muy recomendable realizar un agradable paseo marítimo en “dghajsa”, la multicolor góndola veneciana, paseo que, por cierto, incluye comentarios interesantes por parte de los gondoleros- y que ha sido lugar especialmente ambicionado por otros pueblos por servir, por la centralidad geográfica del mismo, de control para las rutas comerciales en el Mediterráneo.

Son, en fin, todas estas referencias para la visita una pequeña muestra de la extraordinaria riqueza monumental del casco histórico de La Valeta -lo que comporta la existencia en la capital de Estado más pequeña de la Unión Europea de la máxima concentración de arte-riqueza y en la que destacan las innumerables casas, más bien mansiones, que se distribuyen en el casco histórico en las que se observa la presencia en sus fachadas, concediéndoles indudable prestancia, de elegantes y multicolores balcones (gallariji) de hierro forjado predominando los de color verde que vienen a contrastar con el color de la piedra caliza habitual en Malta, lo que sin duda llevó a Walter Scott a referir que “ La Valeta es una ciudad construida por caballeros para caballeros”.

Y al otro lado del Gran Puerto-en los alrededores de La Valeta el viajero se encontrará con las Tres Ciudades, asentadas en otras tantas penínsulas. Son Vittoriosa (antes Birgu), Cospicua (antes Bormla) y Senglea (antes L-Isla). Puede decirse que por las Tres Ciudades ha transcurrido la historia de Malta y han sido enclaves determinantes de actividades comerciales e industriales. Birgu fue la capital de Malta, después de Mdina, decisión tomada por la Orden de los Caballeros con anterioridad a la fundación de La Valeta por la referida Orden, ciudad que, como es sabido, se convirtió finalmente en la capital del archipiélago. Más específicamente hablando Vittoriosa es de las Tres Ciudades la que conserva más edificios con valor arquitectónico significándose en ese sentido la iglesia de San Lorenzo, barroca, con impresionante fachada con dos torres gemelas, bellísima cúpula e interior decorado en mármol rojo con frescos en muros y bóveda y pintura de Mattia Preti. Es igualmente reseñable el Fort de St. Angelo, que fue sede del Gran Maestre de la Orden de los Caballeros, así como el Palacio de los Inquisidores, espléndido edificio renacentista y los Albergues, que constituyeron residencias de los integrantes de la Orden de los Caballeros, conservándose con más o menos fidelidad, los de Aragón, Inglaterra, Italia, Francia, Provenza, Auvernia, Castilla, León y Portugal y Alemania. Todo ello sin olvidar mencionar como interesantes el Museo Marítimo, con enorme alargado exterior en el que destaca la Torre del Reloj de la Panadería Naval, ya que el edificio fue panadería naval, mostrando en su interior diferentes modelos de naves y de instrumentos náuticos y la Victory Square, con el monumento a la reina Victoria y edificios de Albergues.

Cospicua fue muy bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, conserva menos obras de valor arquitectónico que Vittoriosa pero han de mencionarse, en todo caso, la Puerta Principal, la imponente Zabbar Gate, con busto de bronce del Gran Maestre de la Orden de los Caballeros, el mallorquín Nicolás Cotoner, así como la iglesia colegiata de la Inmaculada Concepción, construida en el siglo XVI y ampliada en los siglos XVII y XVIII, con importantes obras de arte en su interior y el Fort Ricasoli. En lo que se refiere a Senglea, también bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial por la aviación italo-germana que destruyó casi tres cuartas partes de sus edificios, ha de aludirse a la torre vigía il Gardjola, a la entrada del puerto y los ojos y orejas esculpidos en su parte superior que representan, precisamente, su función de vigilancia. Desde esta torre de vigilancia se dispone de unas magníficas vistas del Gran Puerto y de La Valeta.

En un rápido repaso al resto de la isla de Malta el viajero encaminó sus pasos con posterioridad a Mdina, en el interior de la isla, que fue capital del archipiélago antes de la llegada de los integrantes de la Orden de los Caballeros. Denominada “Ciudad Noble” y “Ciudad Silenciosa” es Mdina ciudad amurallada medieval-el mejor ejemplo al respecto en el archipiélago- bien conservada, con puente levadizo de piedra para posibilitar su entrada adornado con la incorporación de dos escudos sujetos por dos leones, puente levadizo que conduce a una puerta principal, barroca, en la que en su parte superior se encuentra, tallado en piedra, el escudo de Mdina. Traspasada esta puerta Mdina se sumirá en un laberinto de calles estrechas repletas de palacios, plazas, monasterios, iglesias y mansiones (especial atención a los artísticos tiradores de las puertas.)

El viajero recalará, pues, en Bastion Square, y se deleitará con las magníficas panorámicas de la isla desde el Bastión, divisando al fondo La Valeta, y después pasará por delante del Palazzo Falson, de arquitectura gótico-normanda y del Palazzo Santa Sophia, también de arquitectura gótico-normanda siendo el más antiguo de los que se conservan. Más tarde entrará en la iglesia Carmelita, barroca y finalmente se introducirá en una joya arquitectónica de Mdina: la Catedral de San Pablo, obra maestra de Lorenzo Gafá-que rivaliza en status con la Concatedral de San Juan al compartir sede episcopal con La Valeta, constituyéndose ambas en apoteosis barroca maltesa-con exterior sobrio y proporcionado-pero no exento de majestuosidad-que presenta dos campanarios gemelos, elegante cúpula e interior exhibiendo mosaicos multicolores, profusa decoración en rojo y dorados, valiosos frescos en la bóveda de Mattia Preti y monumental óleo del mismo autor ilustrativo de la conversión de San Pablo,suelo cubierto por lápidas de significados políticos y prelados y alusivas a la fugacidad de la vida y tallas medievales y pinturas sobre tabla. Y adyacente a la Catedral el visitante quedará muy agradablemente sorprendido con el Museo Catedralicio al encontrarse en su interior con su importante colección de arte religioso y con las obras que alberga de Durero, Goya, Rembrandt, Van Dyck…Un poco más tarde el viajero pasará por el Palazzo Vilhena, en el que está situado el interesante Museo Nacional de Historia Natural.

Ha de afirmarse, en fin, que Mdina, si bien perdió la condición de capitalidad maltesa no perdió ni su aire aristocrático ni su condición de centro religioso de la isla y, por ello, muchos de sus palacios y mansiones pertenecen a distintas órdenes religiosas.

En los arrabales exteriores a Mdina, extramuros, se fue configurando, en su momento, el asentamiento de Rabat que se acabó separando. Y si al día de hoy Mdina no supera los 500 habitantes Rabat cuenta con cerca de 15.000 habitantes. En Rabat el viajero se topará con la iglesia de San Pablo, obra de Lorenzo Gafá, barroca, con fachada curiosa al tener tres portales y con toques neoclásicos peno no especialmente sugestiva e interior con trabajados techos con muchos motivos artísticos que tienen como referencia la figura de San Pablo, sobresaliendo un refinado retablo y pintura y fresco sobre San Pablo del maestro Mattia Preti. Precisamente desde esta iglesia se accede a las Catacumbas de San Pablo que incorporan la Cueva o Gruta de San Pablo, necrópolis de la época romana donde se supone que se refugió el santo durante su estancia en Malta de camino hacia Roma y que alberga una estatua conmemorativa de aquél. El lugar comprende, por lo demás, un laberinto de innumerables corredores que conducen a cámaras abovedadas en las que se excavaron tumbas conservándose murales de estilo bizantino. El visitante, por otra parte, se detendrá en una Villa Romana, hoy Museo, con suelos de mosaico excelentemente elaborados y de variados colores.

Pasó el viajero en su recorrido asimismo por Mosta, ciudad que se halla en el centro de la isla y que es población que si hay algo que la caracteriza es, sin duda, la iglesia de Santa María, también conocida por Mosta Rotunda, construida a mediados del siglo XIX, neoclásica, con fachada con seis estatuas de santos, dos campanarios gemelos y cúpula sin andamiaje- o, si se prefiere, bóveda exenta- de enormes proporciones, con 37 metros de diámetro y una altura de 67 metros inspirada en el Panteón de Agripa en Roma y perfilándose como una las mayores de Europa con cúpula sin andamiaje. Ello, sin negar el incuestionable valor arquitectónico de esta iglesia, llevará al viajero a plantearse si no hubiese sido más acorde con los tiempos del siglo XIX en que se construyó el haber proyectado un edificio más acorde con la modernidad de esa época, portando a la isla ese tipo de arquitectura, y no construir uno como el actual que no deja de ser, en fin, trasunto de tiempos pasados. Por lo demás la iglesia, en su interior, de diseño circular, dispone de seis capillas laterales, murales de Giuseppe Cali y de un bello suelo de mármol.

El viajero se dirigió después al sur y recaló en Marsalxlokk, que es el segundo puerto natural más grande de la isla, siendo su posición estratégica lugar preferido por los invasores en sus asaltos a la isla de Malta y constituyendo hoy el puerto pesquero más importante de la misma, con relevante mercado de pescado. Está allí amarrada la flotilla de los barcos pesqueros malteses, los “luzzu”, de variados colores: verdes, azules, blancos, amarillos y rojos y abundan las tiendas o puestos de artesanía local. Y prosiguiendo en su andadura sureña por la isla el viajero arribó a la zona en que se encuentra la Gruta Azul (Blue Grotto) ubicada en frente de la isla de Filfla y a la que se accede desde un embarcadero cobijado en una alargada y estrecha bahía. El paisaje, espectacular, se conforma por acantilados que obedecen a las más variadas formas, por cuevas con fondos marinos plenos de coral y por aguas de azul turquesa y transparentes ciertamente idóneas para el buceo. Entre las cuevas que se visitan, a las que se llega en pequeñas embarcaciones-cuevas que son la del Gato, la Reflection Cave, la Rotunda y la Gruta Azul- sobresale claramente la Gruta Azul. La Gruta Azul está protegida por retorcidos acantilados de caprichosa morfología y su formación se debe a la erosión del viento y al golpeo de las olas, a veces bronco, que han creado, de consuno, una suerte de arco apoyado en columna rocosa. El espectáculo observando desde la embarcación las aguas de intenso azul turquesa-color originado por el reflejo de los rayos solares en la arena blanca de los fondos-saliendo, emergiendo, de la Gruta es ciertamente impactante, de gran belleza.

Y, hallándose cerca de la Gruta Azul, se arribó a continuación a los valiosísimos templos megalíticos de Hagar Qim y Mnajdra frente al Mar Mediterráneo que constituyen uno de los varios complejos megalíticos existentes en el archipiélago. El primer complejo es un templo, en un promontorio del terreno y azotado por el viento, con una antigüedad que se remonta a más de 3000 años a C., con altares decorativos y varias cámaras con impresionantes, por su tamaño, monolitos. El segundo complejo, Mnjadra, que asimismo se remonta a más de tres mil años de antigüedad, lo integran tres templos y se encuentra a los pies del promontorio sobre el que se alza Hagar Qim habiendo sido levantado el tercero de ellos con avanzadas técnicas de construcción mostrando una fachada de caliza coralina espléndidamente tallada. Uno de los templos de este complejo tiene tal orientación que en los equinoccios de marzo y de septiembre los rayos solares pasan a través de elegidas zonas del templo.

La ruta diseñada previamente condujo más adelante hacia el norte de la isla y se pasó por localidades de “movida” tales como St.Julian´s, Paceville y Bugibba, enclave costero plenamente turístico con un paseo marítimo poblado de bares, terrazas y restaurantes y gran embarcadero y después por Mellieha, que alberga el Santuario de Nuestra Señora de las Victorias, del siglo XVI con ampliaciones realizadas hasta el siglo XIX, disponiendo de potente fachada con dos campanarios gemelos y lugar de peregrinación de fieles, deteniéndose más tarde en la magnífica playa de Gahdira, arenosa, que de tal condición no abundan en Malta, de más de 2 km de longitud, la más larga del archipiélago, que se encuentra a la vera de una Reserva Natural de aves y en donde pudo asistir en el crepúsculo a una espectacular e inolvidable puesta de sol.

Siguiendo el itinerario previsto el viajero arribó a Cirkewwa, en el extremo noroeste de la isla, y desde allí, al día siguiente, tomó un ferry-en la travesía se emplea en torno a media hora- para llegar a Gozo. El ferry, en su travesía, bordea la isla de Comino que se encuentra situada entre las islas de Malta y de Gozo. Y desde la embarcación el viajero pudo divisar un lugar paradisíaco, un, sin exagerar, único enclave natural de que dispone Comino: la Laguna Azul (Blue Lagoon), cala de arena blanca con aguas cristalinas de intenso color turquesa producido por el reflejo del sol sobre la arena-fenómeno que acontece al igual que en la Gruta Azul de la isla de Malta- y especialmente protegida por islotes rocosos y frecuentada por pequeñas embarcaciones y bañistas.

La isla de Gozo -sí esa en donde, según el mito clásico, en una cueva próxima a Ramla Bay, la ninfa Calipso mantuvo años cautivo a Ulises, ya que en “La Odisea” se alude a un lugar denominado Ogygia, que es como Homero conocía a la isla de Gozo- es otro mundo que la isla de Malta: más pequeña, menos poblada, más tranquila, con menos ajetreo cotidiano, más fértil, menos árida, con más vegetación, plagada de caminos que invitan al senderismo y hasta acaso más pintoresca. Se asiste allí, en Gozo, a un desfile, a modo de composición sinfónica, de puertos naturales, puertos pesqueros, salinas, bahías, calas…

Empezando por Victoria hay que decir que es la ciudad que ha sido históricamente la capital de Gozo y que se halla en el centro de la isla. El casco antiguo de Victoria se ubica en la Ciudadela-fortaleza, levantada a finales del Medievo, sita en un altozano, a la que se dirigió el viajero, y con murallas-construidas entre los siglos XVI y XVIII desde las que se divisan los hermosos paisajes que brinda la isla. Se accede a la Ciudadela por una puerta de más reciente construcción y resaltan en el recinto de aquella la Catedral, barroca, de Lorenzo Gafá, de exterior, como es habitual en este maestro, austero pero irradiando majestuosidad y llamando la atención la ausencia de cúpula lo que se soluciona por un “trampantojo” consistente en una pintura sobre superficie plana. Hay que referirse, asimismo, y a ambos lados de la Catedral, al Palacio del Obispo y al Registro Público, que fue residencia del Gobernador, así como al edificio de las antiguas prisiones.

Extramuros de la Ciudadela está la Plaza del Mercado, o it-Tokk en maltés, arbolada, un hervidero de gentes por las mañanas y con edificios señoriales. Recorriendo la infinidad de callejas existentes se llega a la plaza de San Jorge en donde se encuentra la Basílica de San Jorge. Su fachada, del siglo XIX, encierra un gran interior barroco de impactante elegancia con pinturas en la bóveda y techo de varios artistas, entre otros, de Conti, Cali y retablo atribuido a Mattia Preti y con un baldaquino inspirado en el que forjó Bernini para San Pedro en Roma. Puede destacarse, asimismo, la señorial Casa Bernard.

Saliendo de Victoria, perseverando en el recorrido monumental se llegó a la Basílica de Ta´pinu, construcción ciertamente monumental y no exenta de belleza, un Santuario para los malteses, erigida el siglo pasado y de estilo neogótico con influencia italiana sorprendiendo su estilo, neogótico, teniendo en cuenta las fechas entre las que se construyó, 1920 y 1931 que parecían requerir, opinión del viajero, otro estilo de arquitectura más contemporánea, más representativa del siglo XX, si bien se conserva al fondo del templo la capilla original del siglo XVI. Precedida por catorce esculturas sobre el Vía Crucis, cuenta con campanario separado de cierto aire acaso veneciano y de un interior con bellas vidrieras y con abundantes referencias al paso de Juan Pablo II por el lugar en 1990.

Posteriormente el viajero encaminó sus pasos hacia el oeste de la isla, hacia el litoral de Dwejra en concreto para observar un fenómeno resultado de la erosión del mar que suponía la conformación de dos rocas en las que se apoyaba otra piedra componiendo un gigantesco arco, una ventana, la Ventana Azul (Azure Window) una ventana natural en la roca-que se había constituido en emblema del paisaje de Gozo- con el telón de fondo a través de la misma del muy intenso color azul de las aguas marinas y con el protagonismo, a veces furioso, del Mar Mediterráneo ( el caso es que un reciente temporal ha desmoronado la configuración del arco, con lo que el panorama, aun siendo interesante, no presenta la espectacularidad que exhibía, sin duda, antes). Muy recomendable es acercarse en pequeña embarcación a la Ventana Azul para poder observar de cerca esa conformación geológica pareciendo lugar ideal para practicar el buceo. A reseñar que en la superficie rocosa del mirador de la Ventana Azul existen fósiles, milenarias formaciones sedimentarias depositadas en ese lugar y muy próximos respetables acantilados. Y desde allí la ruta seguida por el viajero le condujo a Xlendi, en el sur de Gozo, enclave pintoresco, puerto pesquero, bahía protegida y localidad turística con espectaculares vistas a la bahía desde el Mirador Qala. Y fin del trayecto, del recorrido por tierras maltesa.

Unas reflexiones sobre Malta

El viajero reflexionará, en fin, acerca de las observaciones y múltiples sensaciones experimentadas en su recorrido por el archipiélago maltés. Ahí van algunas de ellas: a) los malteses, a pesar de las invasiones habidas por distintos pueblos y civilizaciones, con la consiguiente influencia de sus legados, han sabido conservar su propia y singular cultura en tiempos de mal entendida globalización como los actuales en los que se pretende implantar una cultura universal uniformizada y acrítica ; b) se comprueba que los malteses han conservado su peculiar cultura, como se manifestó anteriormente, pero sin significar ello el negar las huellas dejadas en el archipiélago por otras civilizaciones, algunas de cuyas prácticas han asimilado con naturalidad: es el caso, por ejemplo, de la asunción por los malteses de los británicos de su horario y de la circulación por la izquierda; c) se observa en Malta la existencia de un abultadísimo parque automovilístico y de atascos con frecuencia pareciendo que debería fortalecerse el transporte público; d) se percibe una casi constante y por doquier presencia-a veces sutil-de lo italiano en Malta, lo que no es sorprendente por la proximidad del archipiélago con Sicilia, que se halla tan solo a 90 km de distancia y por los estrechos lazos históricos habidos con Italia; e) se barrunta una importante influencia de la Iglesia Católica, religión claramente mayoritaria en Malta y se vislumbra que el cristianismo, en cierta forma, ha venido a vertebrar a la sociedad maltesa; f) se señala que en época reciente, en 2011, hubo de celebrarse un referéndum sobre el divorcio-el divorcio no contaba con el placet de la jerarquía católica-que salió adelante pero no por amplio margen de votos, lo que permitió aprobar en ese mismo año una Ley del divorcio y no precisamente tampoco por abrumadora mayoría de votos favorables en el Parlamento; g) se comprueba que Malta es el único Estado de la Unión Europea que prohíbe la interrupción del embarazo en todos los supuestos; h) se deduce la influencia, ciertamente, decisiva que ha tenido en Malta su pertenencia durante centurias a la Orden de los Caballeros, que marcó la pauta en el amplio sentido de la expresión e invirtió sus considerables riquezas en, sobre todo, una impresionante arquitectura religiosa y civil que se despliegan por doquier por el archipiélago y, más en concreto, en la isla de Malta y se adivina el peso que, aun siendo hoy una Entidad Benéfica, sigue teniendo la Orden de los Caballeros en la sociedad maltesa; i) se asiste en territorio maltés a una sucesión inacabable de fortalezas, baluartes y torres de vigía como sistemas de defensa para contrarrestar en las islas las invasiones consecuencia de lo codiciadas que fueron aquellas tierras por otros pueblos; i) llama la atención una escasa huella del paso de los árabes por Malta a nivel arquitectónico (acaso con la excepción de Mdina y de Rabat) pero sí se detecta la manifestación de lo árabe en la composición de la lengua maltesa y en cuestiones gastronómicas; j) se aprecian continuas referencias en monumentos, pinturas, esculturas y objetos de arte religioso en general a la figura de San Pablo conmemorando su estancia en Malta; k) se reconoce la capacidad de aguante del pueblo maltés a determinadas agresiones en coyunturas históricas que requerían mostrar una pertinaz y cerrada resistencia, caso del Gran Asedio Turco, en 1565, y de los bombardeos italo-germanos durante la Segunda Guerra Mundial.

Otras observaciones y sensaciones extraídas del recorrido por Malta por el viajero pueden ser las que a seguir se exponen: a) se aprecia, sobre todo en la capital, que la misma está sumida por doquier en una vorágine de reconstrucciones o de construcciones, tanto en lo que se refiere a su riqueza monumental como en lo que a edificios e infraestructuras se refiere, al haber sido designada La Valeta por la UNESCO Capital Europea de la Cultura en 2018; b) se detecta una relevante participación de Fondos Europeos en la rehabilitación del patrimonio cultural maltés así como una potente, pujante, inversión de capital extranjero en el archipiélago seguramente por las fundadas posibilidades de negocio en un país joven, dinámico y en crecimiento y quizás, asimismo, por atractivos de orden fiscal a la hora de realizar inversiones; c) se adivina una sociedad maltesa con una razonable redistribución de la renta y un plausible generalizado acceso de los ciudadanos a los servicios públicos fundamentales, no advirtiéndose, en ese contexto, la presencia de personas pidiendo por las calles ni de “homeless”, siendo además reducida la tasa de desempleo, que se halla en torno al 4%; d) se observa que son componentes considerables, fundamentales, de la economía maltesa los ingresos derivados de la industria del turismo y los derivados de la organización de cursos de inglés; e) según datos suministrados por la Unión Europea parece que el Estado de Malta cumple con los compromisos adquiridos con el cupo de refugiados que le ha atribuido la Unión Europea (recuérdese que Malta está situada a 300 km de Libia);f) se admira la gran riqueza monumental, concentrada y atesorada, sobre todo, en La Valeta y alrededores, conjugada con una abundancia de parajes naturales, principalmente costeros, que hacen de Malta un lugar de especiales atractivos no solo para el turismo sino también para la residencia; g) se observa de la experiencia del trato con los malteses muestra que son gentes de carácter abierto, flexible y acostumbrados a la transacciones comerciales en el contexto de la radical mediterraneidad que impera en Malta, mediterraneidad que se presenta como auténtica seña de identidad maltesa.

Y un sueño

El caso es que el viajero había leído hace tiempo con fruición la emblemática novela negra, de Dashiell Hammett, El Halcón Maltés, de 1930, concebida a partir del dato histórico consistente en el hecho de que el emperador Carlos V había cedido Malta, en 1530, a la Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén y que había pedido como tributo la entrega, anualmente, por los Caballeros de la Orden de un halcón. Y sobre ese dato, se había pergeñado, como genial idea de Hammett en su relato-convertido realmente en hilo conductor de la novela-que los Caballeros Hospitalarios decidieron pagar el tributo correspondiente al primer año de la cesión de Malta “no con un ruin pájaro de plumas y carne sino con un maravilloso halcón de oro, embellecido de la cabeza a las patas con las más finas joyas que hallaron en sus arcas” (1). En definitiva, con una estatuilla de incalculable valor.

Y lo que aconteció, según el relato de Hammet, es que la preciada estatuilla no arribó a la Corte española sino que apoderándose de ella inicialmente el bucanero Barbarroja fue pasando de tenedores y hasta de países-incluso por España en la época de Carlos III- hasta que se perdió su rastro.

El tema es que el principal protagonista de la novela de Hammett, Sam Spade-un detective cínico, escéptico, solitario, a la postre honrado y, en cualquier caso, extremadamente agudo y sagaz, no había conseguido-intentando satisfacer el encargo recibido por un inefable sujeto que le aseguraba en posesión de quién estaba la estatuilla del halcón maltés en esos momentos- recuperar para su cliente la fabulosa estatuilla sino una falsa.

Pero hétenos aquí que el interés del viajero sobre la estatuilla del halcón maltés se había acrecentado con la visión de la película, con el mismo título, dirigida por John Huston (que, por cierto, fue la primera película por él dirigida) que es un clásico del cine negro, cimentado en una ambigüedad moral de la sociedad americana, y que protagonizó, de manera inolvidable en el papel de Sam Spade, Humphrey Bogart, prototipo, en sus interpretaciones, del “bad-good-boy”.

Así pues inculcado en el viajero el veneno del hallazgo de la auténtica estatuilla- y aún siendo sabedor que todo un detective como Sam Spade, tan perspicaz y experimentado, no había tenido éxito en tal cometido-y acaso por aquello que de ilusión también se vive, indagó durante su estancia en Malta( ¡qué mejor sitio que en el mismo Malta!) sobre la suerte de la codiciada estatuilla y ya que lo de su adquisición, qué quieren que diga, no se veía nada claro, al menos poder contemplarla, sin duda, eso sí, extasiado. El caso es que ni en la mismísima Malta supieron informar al viajero sobre la suerte corrida por la codiciada estatuilla. Pues bien: sin noticias, !ay!, en Malta de la estatuilla del halcón maltés. ¿No será que los sueños, sueños son, se pregunta el viajero?

(1) El Halcón Maltés”. Diario EL PAÍS. 2002.

Fernando Díaz de Liaño y Argüelles    — Agosto de 2017

   

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