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'Así es ¿o así parece?', por Fernando Díaz de Liaño




Meses atrás el viajero giró una visita, otra más, aunque corta- ya se sabe: los tiempos de las prisas mandan- a Italia y, más concretamente al Norte de Italia. A esa Italia capaz de satisfacer toda suerte de curiosidades al proyectarse como un universo que alberga una gran diversidad y de la que se ha dicho que qué sería de Europa sin la misma. Italia, lugar por al que han desfilado las más variadas y potentes civilizaciones foráneas y, sin embargo, ello no ha impedido que haya forjado su propia cultura.


Los enclaves elegidos por el viajero a recorrer en esta ocasión fueron los de Milán, Turín y Bolonia, ciudades que son ciertamente emblemáticas de las Regiones de la Lombardía, del Piamonte y de la Emilia-Romaña respectivamente.


Es la ciudad, se ha afirmado, una conquista de progreso y racionalidad sobre territorios anteriormente inciviles y eje sobre el que se han levantado culturas y civilizaciones. Es el arte, se ha señalado, una actividad propiamente urbana. El arte, sí, ese arte sobre el que hay voces que presagian su fin pero que, malparado, según esas mismas voces, o mejorado según otras, y experimentando, en todo caso, acusadas transformaciones, sigue vivo permitiéndonos disfrutar con su presencia.


En ese contexto a partir del hecho de que Italia posee más cien mil monumentos no resulta difícil imaginar que lo primero que llame la atención del viajero sea la riqueza monumental de esas latitudes, riqueza que se observa también en las tres ciudades antes citadas-muy diferentes entre sí y no siendo las más frecuentadas turísticamente -se da la interesante circunstancia de que en ellas se fragua una razonable convivencia, una transición sin estridencias de la riqueza monumental antigua a la urbanización moderna, contemporánea.




Detalle escultórico de la Basílica de Sant´Ambrogio de Milán



Tres ciudades de la Italia del norte

Milán, primera de las ciudades visitadas, es la capital económica y financiera de Italia, portadora, asimismo, de un gran empuje en lo cultural. Milán es una urbe moderna pero cuyo corazón es antiguo. Esa doble faceta, ancestral y moderna, que presenta Milán lleva a que haya que referirse a una variada arquitectura.

En una sumaria descripción a este respecto es necesario referirse, en primer término, a un icono de la ciudad, el Duomo, Catedral construida en mármol blanco siguiendo las pautas del gótico flamígero, estilo arquitectónico que, por lo demás, no ha proliferado en tierras italianas. Su colosal fachada con innumerables agujas y estatuas, es, sin embargo, ligera y acoge un interior de sencillas líneas que incorpora vidrieras y rosetones espléndidos.

Continuando con las referencias a la riqueza monumental milanesa han de mencionarse la Basílica de Sant´Ambrogio, magnífico ejemplo del estilo románico-lombardo, con destacados púlpito románico-bizantino y altar revestido de oro; el convento de Santa María delle Grazie, renacentista, terminado por Bramante, con impresionante cúpula y acogiendo en su refectorio el fresco mural de Leonardo da Vinci sobre la Última Cena, fresco en el que la naturalidad gestual de las figuras en el mismo representadas transparentan su estado psicológico; la iglesia de San Satiro, edificio para el que Bramante concibió una original planta en forma de T; el Castello Sforcesco, del siglo XV, complejo de fortalezas, torres y castillos; la Pinacoteca Brera, ubicada en espléndido Palacio, que guarda obras de Bellini, Canaletto, Caravaggio, Tintoretto, Rafael, Piero de la Francesca… o la Pinacoteca Ambrosiana, sede de magnifica Biblioteca con obras de Leonardo da Vinci, Tiépolo, Tiziano, Caravaggio, Giorgione…; el Teatro de la Scala, edificio decimonónico de extrema sencillez exterior pero que encierra un suntuoso interior con seis plantas de palcos, constituyéndose en legendario templo de la lírica a nivel mundial y sobre el que su Museo anejo da testimonio de los grandes triunfos, por ejemplo, de Toscanini; la Galleria Vittorio-Emmanuelle II, estructura en la que por primera vez se empleó metal y cristal con función arquitectónica y que dispone de espectacular bóveda central de cristal; los rascacielos Torre Pirelli, innovador edificio, de 1959, de forma elíptica y que ha ejemplificado la arquitectura italiana moderna; la Torre Verlasca, de la década de los cincuenta del pasado siglo, que, se ha apuntado, parece estar influida por la arquitectura de los castillos medievales; el Palazzo Lombardia; la Torre Unicredit, de 2011, con 231 metros de altura…

Pórticos de Turín



Turín, un conjunto armonioso

Habiendo finalizado la visita a Milán continuó el viajero su camino que le llevó a Turín, núcleo urbano que llama la atención por su simetría, por su trazado geométrico. Ciudad cuadriculada en su despliegue urbanístico y con amplias plazas, de gran protagonismo éstas en el acontecer ciudadano. En Turín se puede comprobar cómo la “piazza”, la plaza, ha venido a sustituir al antiguo foro romano. En efecto, en la plaza se toman decisiones de alcance para la comunidad, se transan negocios y se conmemoran acontecimientos significativos.

Turín exhibe pulcritud en las fachadas de los edificios y es como si dispusiese de una cornisa general que sirviese de alineamiento de los bloques configurados por las construcciones. Y si bien el estilo arquitectónico que predomina claramente es el barroco, conviven con el mismo otros estilos arquitectónicos: renacentista; neoclásico; art nouveau… formando un conjunto armonioso.

Acaso por su discreción o, por, valga la expresión, su timidez, de Turín se sabe poco. Es ciudad de perfil elegante, señorial, culto, de puertas hacia adentro, de interiores, a lo que contribuyen los dieciocho kilómetros de pórticos (“portici”) que sirven de refugio a los paseantes en días, frecuentes, de niebla y de lluvia. Pero ese estilo de vida ciudadana, de paisaje urbanístico, no exhala frialdad sino una suerte de aire romántico, profundo y autocontrolado, comportando un indudable atractivo. Es, además, ciudad con historia: fue primera capital del Reino de Italia (1861-1864) Por ello se ha dicho que es la cuna de Italia.

Precisamente en torno a las plazas se concentra la riqueza monumental turinesa. Así en la Piazza de San Carlo se ubican las iglesias barrocas de San Carlo y de Santa Cristina, coronada la fachada de esta última por estatuas; en la Piazza Castello se encuentra el Palazzo Madama, de fachada barroca y que encierra el Museo Cívico d´Arte Antica; el Palazzo Reale, de austero aspecto exterior y que fue residencia de los Saboya, está ubicado en la “piazzetta” Reale y en esa misma “piazzetta” está la iglesia barroca de San Lorenzo, de Guarini, con extraordinaria cúpula. Son asimismo reseñables el Museo Egipcio, el segundo más importante en la materia después del de El Cairo; el Palazzo Carignano, obra maestra de Guarini, con fachada de ladrillo ondulado y que acoge el Museo Nacional del Risorgimento; el Duomo, que alberga en una capilla el Santo Sudario; la Molle Antonelliana, de 167 metros, edificio decimonónico, concebida inicialmente como sinagoga que tuvo en su momento un carácter precursor, anunciador de la moderna era industrial; el edificio Lingotto, edificio racionalista, de 1918, pionero de tiempos modernos construido como fábrica de FIAT y estructurado en rampas que llevan al techo.

¿Y cómo no aludir a los cafés turineses? En competencia con los cafés de Viena constituyen museos en vivo del paisaje urbano. Los cafés Al Bicerin; Del Cambio; Fiorio; Platti; San Carlo; Stratta; Torino…han sido pieza clave del entramado del tejido ciudadano y decisivos, sin exageración, en el quehacer exitoso del Risorgimento del siglo XIX.

Y para culminar el recorrido previsto por la Italia del Norte el viajero se dirigió después a Bolonia. Ciudad que dependió durante siglos de los Estados Pontificios, siendo una de las ciudades más relevante de los mismos y que ha sido sede de la Universidad más antigua de Europa. En Bolonia fue coronado Carlos I de España como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el Papa Clemente VII.

Fuente de Neptuno, Bolonia



Bolonia y su gran casco antiguo

Bolonia dispone de uno de los cascos antiguos más grandes de Europa. En Bolonia el casco antiguo está integrado por un conjunto de iglesias -que son muchas probablemente por su pertenencia secular a los Estados Pontificios- palacios, edificios históricos, torres de defensa (hubo más de cien y quedan veintitrés) y hasta cuarenta kilómetros de soportales, de “portici”, lo que permite pasear a cubierto prácticamente por la totalidad del casco antiguo.

Destacan en el contexto del casco antiguo la Piazza Maggiore, en la que se localizan el Palazzo del Podestá (del Alcalde), del siglo XII, modificado en el siglo XV, con frontal renacentista; el Palazzo Comunale o d´Accursio (del Ayuntamiento) en ladrillo rojo, restaurado en los siglos XV y XVI; el Palazzo dei Notai ( de los Notarios); el Palazzo dei Banchi (de los Bancos); el Palazzo Re Enzo, del siglo XII; la Piazza Nettuno, con la fuente en bronce de Neptuno que es uno de los símbolos de la ciudad; la Basílica de San Petronio, de grandes dimensiones, en estilo gótico y con un interior en colores rosa y blanco que le confieren luminosidad; las Torres Asinelli ( 97 metros) y Garisenda (48 metros), ésta inclinada y emblemas ambas de la ciudad; el Palazzo dell´Archiginnasio, que fue sede de la Universidad y acoge una de las más importantes Bibliotecas Públicas de Italia; el Real Colegio de España; el Palazzo de la Mercanzia, elegante edificio gótico del siglo XIII; las Puertas Galliera; Saragozza; Maggiore; Castiglione…; las ruinas de la ciudad medieval del Papa Julio II…

De las miradas del viajero y de sus limitaciones

El caso es que el viajero no solo tuvo la posibilidad de admirar la riqueza monumental de la tríada de ciudades, antes sumariamente comentada, sino que llamó poderosamente su atención el hecho de que había una muchedumbre de personas, en ejercicio de impresionante densidad humana, deambulando por calles y plazas cuando no mercadeando por las mismas. Se percibía así una sociedad civil pujante, con ímpetu, como si hubiese sido capaz de sobrevivir a negativos e interesados clichés, clichés que, aprovechando la crisis económica, habían recaído sobre la misma, perteneciente, en definitiva, a la Europa del Sur.

Dibujo de Nunzio Paci (fragmento)



Se tenía por el viajero la sensación de como si un creciente ritmo de actividad económica y comercial en esta zona del país trasalpino hubiese inyectado dosis de autoestima en la población construyendo un relato de recuperación económica y psicológica en la Italia septentrional, lo que vendría a refrendar, !ay!, que existen dos velocidades en la Economía italiana: mayor, y traducible al PIB, en la Italia del Norte y menor en el caso de la Italia del Sur, lo que tendría su reflejo asimismo en el PIB.

En esas elucubraciones se hallaba el viajero cuando informaciones que han circulado a través de los “mass media” han venido a poner de manifiesto que alguna de las más importantes entidades bancarias italianas presenta serias dificultades en relación a su actividad financiera y que el sistema bancario italiano no parece encontrarse en sus mejores momentos. Y el viajero, simple peatón de la historia, profano en conocimientos sobre la materia de ingeniería financiera, se ha interrogado acerca de cómo ha sido posible hacer convivir una aparente perceptible recuperación económica en la Italia septentrional con importantes turbulencias bancarias, sin duda largamente gestadas, constituyendo el sistema crediticio cuestión determinante del funcionamiento del orden económico capitalista.

El viajero, en fin, al detectar que parecían agrietarse reglas o principios básicos del sistema capitalista, sin producir su derrumbe, se ha cuestionado a través de qué derroteros va a conducirnos una globalización económica que, discurriendo al margen de una dirección institucional, se aparta de planteamientos suscitados incluso desde el primigenio liberalismo económico (Adam Smith) en el sentido de que el bienestar individual obtenido origine un bienestar general operando una “mano invisible” para el autogobierno y corrección del mercado. Una globalización económica que parece optar por el beneficio individual a cualquier precio, lo que no coadyuva a la reducción de la desigualdad y sabido es que las sociedades desiguales no son las más eficientes ni aventuran que sus economías sean sostenibles a largo plazo,

Ante ese panorama el viajero, en fin, confundido y con un deje de decepción, ha reflexionado sobre el ancestral tema de la realidad y de su apariencia. ¿No será que lo que se ve y se presenta como realidad no deja de ser, Allan Poe dixit, “un sueño dentro de un sueño”?. ¿O solo cabe un, cínico, así es o así parece que resulte revelador de la insoportable levedad de nuestro ser? Claro que también puede suceder que haya tantas miradas como clases de viajeros. Será eso, será eso…

Fernando Díaz de Liaño y Argüelles, julio 2016

Excerpt: Un viaje por Italia suscita al autor reflexiones en torno al tema de la realidad y su apariencia.
Post date: 2017-01-04 13:45:04
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